La sensación de un Dios inmanente

La sensación de un Dios inmanente

Dios encontrado en lo profundo del hombre y de la naturaleza. Inmerso en esta atmósfera comunitaria
idílica, el hombre experimentaba una profunda sensación de comunión y de fraternidad: comunión consigo mismo, comunión con sus hermanos, comunión con la naturaleza. Esta sensación envolvente le sugería, por una especie de experiencia directa, la existencia de un «impulso divino» que animaba el cosmos entero. El identificaba tal impulso indefinible, que consolidaba el amor y la reconciliación entre los seres, con Dios. Dios era por tanto «un misterio inherente a la naturaleza, en las profundidades del hombre y en la comunidad». El hombre primitivo concebía, o mejor sentía, a Dios como «el supremo misterio operante dentro de él como fuente de su vida», De otro lado lo percibía también en la naturaleza, como «una luz común que brillaba en la vida humana y en el cosmos».
La experiencia de un Dios inmanente da lugar a una «religión buena». De esta experiencia de un Dios inmanente, continúa Baum, resultaba una «religión buena», o sea una religión que no producía «alienación», una religión por la cual «lo divino está presente en la naturaleza, presente en las mismas profundidades y en la comunidad en general», «una religión que no ve a Dios como » objeto de la
mente» sino más bien como una suerte de energía que se siente «en el amor y en la acción».

Perspectiva de la teología de la liberación

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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