San Mateo 11:2-10 Juan, que en la cárcel había oído ha- blar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nue- va; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti.
Te pedimos humildemente que derrames tu Espíritu Divino sobre nosotros por amor de tu Sagrado Corazón. Vuelvan a ti las almas que llevadas del pecado han perdido la vida de la gracia. Que acudan frecuentemente a tu sagrado Altar todos los que se hallan en gracia, para que, participando en tu Sagrado Banquete, reciban la fortaleza que les haga victoriosos en la batalla de cada día contra el pecado y así crezcan siempre ante tus ojos en pureza y santidad hasta alcanzar la vida eterna en tu compañía. Amén.
San Mateo 5:13-19 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.
Amable Jesús mío, viniste al mundo para dar tu vida divina a todas las almas. Quisiste hacerte nuestro alimento diario para conservar y fortalecer esta vida sobrenatural, frente a las debilidades y faltas de cada día
San Mateo 25:14-23 «Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: `Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’ Llegándose también el de los dos talentos dijo: `Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.’ Su señor le dijo: `¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.’
La creación del término «Leyenda Negra» corresponde a Julián Juderias historiador y miembro de la Real Academia de Historia. Desde su premiado ensayo de principios del siglo xx la describe como:
«el ambiente creado por los relatos fantásticos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en todos los paises, las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y colectividad, la negación o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado sobre España»
El Américan Council of Education de 1944, dice: «La <leyenda negra> es un término empleado por los escritores españoles para denominar al antiguo cuerpo de propaganda contra las gentes de la Península Ibérica que comenzó en la Inglaterra en el siglo XVI y ha sido desde entonces una conveniente arma para los enemigos de España y Portugal en las guerras religiosas, marítimas y coloniales de esos cuatro siglos», El Diccionario de la Real Academia Española la define del siguiente modo: «Opinión contra lo español difundida a partir del siglo XVI (..) opinión desfavorable y generalizada sobre alguien o algo generalmente infundada».
Como Leyenda Negra se entiende generalmente a los mitos concebidos de la literatura libelesca engendrada en tabernáculos protestantes -principalmente en Francia, Alemania e Inglaterra- en tiempos de guerra contra España y el pontificado. Libelesca hemos dicho, pues como el mismo vocablo lo indica, su característica principal reside en la carencia de documentación fehaciente y probatoria sobre aquello que se afirma. Propia de ésta táctica es también la narración de relatos fantásticos e inverosímiles cargados de emociones, apelando insistentemente al sentimentalismo (o sensiblería, que no es lo mismo que sensibilidad) procurando de esta forma desviar la atención del lector del objeto del estudio. Se encuentra este artero recurso entre los predilectos de escritores anticatólicos particularmente al tratar la cuestión del Santo Oficio. Así lo descubre el insospechado historiador judío Cecil Roth:
«la afición a la narrativa histórica muy picante, entremezclada con la mayor abundancia posible de anécdotas eróticas campo en que los franceses han ocupado el primer lugar; estas tendencias reforzaron el prejuicio tradicional y el resultado fue que, a medida que avanzó el siglo XIx, a los ataques protestantes estereotipados se les añadieron diversas obras con títulos tales como Los Secretos de la Inquisición. Estas obras deleitaban a los lectores lujuriosos con historias románticas y muy exageradas (que generalmente acababan mal), cuya acción transcurría sobre un fondo de torturas inhumanas, y se hallaba salpicada de batallas a favor de la virtud femenina, con resultados diversos, contra los libidinosos familiares y sus superiores. De un batiburrillo de historias de esta clase nacen las impresiones del actual lector medio inglés y norteamericano. La joven generación musita <sadismo> y <complejo de inferioridad> ante el brebaje infernal, e imagina que se ha resuelto un problema psicológico. Pero esto es un error y una injusticia»‘.
Sobre este desleal método opina el gran erudito del siglo XIX Jaime Balmes: «Los escritores que así han procedido no se han acreditado por cierto de muy concienzudos; porque es regla que no deben perder nunca de vista ni el orador ni el escritor, que no es legítimo el movimiento que excita al ánimo, si antes no le convencen o no le suponen convencido; y además es una especie de mala fe el tratar únicamente con argumentos de sentimiento, materias que por su misma naturaleza sólo pueden examinarse cual conviene, mirándolas a la luz de la fría razón. En tales casos no debe empezarse moviendo sino convenciendo; lo contrario es engañar al lector»
*Julián Juderías, La Leyenda Negra, Casa Editorial Araluce, Barcelona, 1917. Miembro de la Real Academia de Historia, en este excelente trabajo realiza un certero bosquejo de la labor política, científica, literaria y artística de España en el mundo. Según Juderías, que ofrece una amplísima Bibliografia, de los aproximadamente 1000 libros escritos por extranjeros sobre «viajes por España en el siglo XIX, sólo 100 son mínimamente serios Algunos autores, como Santiago Aragó, ni siquiera había pisado Espana para escribir su obra (Julián Juderías, Leyenda Negra, p.355). Hace notar el historiador español que existen más de 400 títulos del siglo XIX sobre el tema de España asociados a la Leyenda Negra. comenta Dominguez Ortiz que el colmo de lo macabro y de la efectividad de los libelos negros se descubre en Llerena, en una torre de la parroquia que había sido convertida en osario, y se piensa que son restos de las victimas de la Inquisición. En Belmez de la Moraleda aparecen unos rostros extraños en el pavimento y se cree que ese fenómeno paranormal debe tener alguna relación con la Inquisición. «Todavía Hoy -se lamenta Ortiz- después de algunos decenios de investigación solvente, después de la publicación de obras, algunas de ellas destinadas al gran público, hay bastante desconocimiento de la materia». Domínguez Ortiz, Los judeoconversos en la España moderna Madrid, Mapfre, 1992, pp.26-27. El académico norteamericano Philip W. Powell dice al respecto de la leyenda negra: «La propaganda que tan efectivamente se empleó para estimular ataques contra España, y a la vez para levantar las naciones que le sucederían en la cumbre del poderío europeo, contribuyó en gran manera a la debilitación y declive de aquel país y de su imperio». Consultar su obra Arbol de Odio, Madrid: Eds. José Porrua, 1972. No obstante cae Roth en la misma trampa que denuncia. Roth y su ensayo resultan por momentos desconcertantes y ambiguos, no sólo por algunas evidentes contradicciones, sino por la pretendida objetividad con que se jacta de haber escrito. No hay más que observar la portada de su libro, donde se exhibe un elemento de tortura (que jamás fue utilizado por el tribunal español), como si aquella pudiera resumir la actuación en conjunto de la Inquisición. Nos referimos también a los comentarios que acompaña junto a cada grabado (de mediados del siglo XIX) que reproduce en su obra; presentándolos como verdades inconcusas, cuando en realidad no son más que producto de una apreciación o imaginación personal. En la página 41, por ejemplo, reproduce una litografía sacada de un óleo de Robert Fleury de 1841, donde se muestra a un reo en la sala de tortura, con el siguiente comentario: «Dominicos en funciones de inquisidores; si el hereje no abjura, perderá los pies y le quemaran las manos». Sabido es que el Tribunal medieval Y español no empleaban este tipo de torturas; esto reconocido hasta Por los mismos detractores, y visible no sólo en las normativas referentes al tormento, sino en las mismas actas de los procesos. Aunque lo más grave del asunto es que lleva a creer, intencionadamente, sin dudas, que eran los mismos inquisidores quienes aplicaban la tortura, lo cual es absolutamente falso. Procederes como estos hacen suponer a Roth mejor publicista que historiador, pues ciertamente esa tapa debe de haberle logrado numerosas reediciones. (Véase C. Roth, La Inquisición Española, Barcelona, ed. Martínez Roca, 1989). Es importante aclarar a este respecto que casi todos los oleos e imágenes existentes sobre la Inquisicion son falsos e injuriosos, pues sabido es que casi todos ellos fueron hechos en Holanda, cuna y bastion de la propaganda anticatólica de la Edad Moderna. Ademas, casi ninguno de sus autores había siquiera pisado España ni, ciertamente, presenciado ninguno de los acontecimientos que con tanto detalle mostraban en sus trabajos, sino que los hacian, imaginaban, «inspirados» en los panfletos que llegaban a sus manos. No obstante hay que reconocerle a Cecil Roth algunos asertos (aunque en realidad no hace más que transcribir de Charles Lea). Refiriéndose al ambiente de la polémica suscitado entre historiadores frente al gran Tribunal, dice con justa razón Palacio Atard: «La Historia -ya lo sabemos- puede proporcionar, para todos los gustos, medias verdades que constituyen las más solemnes mentiras, las más peligrosas mentiras, porque se dan falsificadas entre la verdad». V. Palacio Atard, Razón de la Inquisición, Publicaciones Españolas, Madrid, 1954, p.4.
Jaime Balmes, El protestantismo comparado con el Católicismo, Editorial Difusión, Buenos Aires, 1944, Cap.XXXVI
Un corazón valiente como el suyo debía también ser moldeado por el Buen Dios, de allí que uno de sus primeros cuidados después ser coronada reina fuese buscar un santo confesor que le ayudase a salvar el alma. ¿A quién elegir? Quién querria ser el confidente de esta alma de quien, al parecer, Dios había predestinado para hacer grandes cosas? «Quién se animaria a dirigir a una mujer que se había hecho coronar, incluso en ausencia de su esposo, para mostrar que era verdadera reina de Castilla, llevando delante de sí la espada de la justicia como símbolo de su intransigencia ante el delito? Tras detenidas averiguaciones dio con un fraile jerónimo: Fray Hernando de Talavera, hombre con fama de prudencia y santidad a quien mandó llamar enseguida; luego de una prolongada conversación y viendo que era el hombre que le habían indicado, pidió ser oída en confesión
Por aquellos tiempos era costumbre que cuando los príncipes y los reyes acudían al sacramento de la penitencia, tanto confesor como penitente se arrodillasen, uno en símbolo de su sumisión a Dios representado por el sacerdote y el otro en símbolo de sumisión al monarca a quien confesaba; fue grande el asombro de la reina cuando vio que el humilde fraile acercaba una silla para sentarse frente a la reina que aguardaba de hinojos;
– Fray Hernando – le dijo— entrambos hemos de estar de rodillas. No, señora sino que yo he de estar sentado y Vuestra Alteza de rodillas porque es el tribunal de Dios y hago yo sus veces
Isabel reconocerá entonces en ese hombre a quien Dios le había enviado, por lo que comentará tiempo después: <este es el confesor que yo buscaba>, Fue ante él entonces, ante quien, durante 29 años, confiará su alma, sus preocupaciones y sus consuelos
Como bien señala Walsh, se ha dicho de Isabel que era una mística que se las ingenió para llevar la vida de una contemplativa en medio de sus absorbentes ocupaciones familiares y de una carrera pública asombrosamente activa. En ella, como ya hemos dicho, no había nada de quietismo ni de descuido por lo que sucede en el mundo. Era una mística a la manera de todos los grandes místicos occidentales de su época: como Santa Teresa, Santa Catalina de Siena ○ San Ignacio de Loyola. <Nada podía estimular más a Isabel que una labor que los demás consideraban imposible. Las palabras «fatalidad» e «imposible» no formaban parte de su vocabulario habitual. Para ella el fracaso no significaba más que el castigo de Dios a la estupidez humana, No parecia sino de aquellos varones fuertes> que la carmelita de Ávilal deseaba para sus conventos Una pía rima castellana recuerda el modo de orar de la reina:
Tengo miedo, Señor, de tener miedo a no saber luchar. Tengo miedo, Señor, de tener miedo y poderte negar. Yo te pido, Señor, que en Tu grandeza no te olvides de mí, y me des con Tu amor la fortaleza para morir por Ti
* Como bien señala Zavala, «Fray Hernando de Talavera era un director espiritual de armas tomar. Antes de nada, abatia el concepto de humana grandeza en el espíritu de sus nuevos penitentes. El grado altísimo de perfección que exigia a los nobles que reclamaban Su tutela se distingue con meridiana claridad en el opúsculo que él mismo escribió para toda la nobleza sobre la Manera de ordenar y emplear santamente el tiempo» (José MARÍA ZAVALA, op. cit., 189)
WILLIAM T. WaLSH, op. cit., 163. SANTA TERESA DE ÁvILA, Camino de Perfección, C. VII, n. 8
No hemos de creer que Cristo se priva del reino al consignarlo al Padre Esto creyeron algunos charlatanes. Cuando se dice: Entregaro el reino a Dios Padre, no se excluye a sí mismo, pues es un Dios con el Padre. Lo que engaña a los lectores superficiales amantes de las disputas en la Escritura es la palabra hasta Sigue el texto: Es preciso que Él reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies (1Co. 15, 24-25), como si una vez puestos bajo sus plantas dejase de reinar. No entienden pueda tener el mismo sentido que aquel versillo del Salmo: Constante será su corazón, no temerá hasta que vea la suerte de sus enemigos (Sal. 112, 8). No se sigue de aquí que al ver postrados a sus enemigos tiemble.
¿si pues: Cuando entregue el reino a Dios Padre? ¿ventura Dios Padre no reina ahora? Mas porque Jesucristo hombre, mediador entre Dios y los hombres, ha de conducir a todos los justos, en los cuales reina ahora por fe, a la contemplación denominada por el Apóstol (1Co. 13, 12), se dice: Cuando entregue el reino a Dios, que es decir: cuando conduzca a los creyentes a la contemplación de Dios Padre. Dice: Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel e quien el Hijo quiera revelárselo (Mt. 11, 27). El Padre será revelado por el Hijo cuando destruya todo principado, toda dominación y todo poder; es decir, cuando sean innecesarias las semejanzas distribuidas per angélicos principados, potestades y virtudes. Entonces se les podrá aplicar con razón las palabras del esposo a la esposa en el Cantar de los Cantares: Te haremos zarcillos de oro con engarces de plata mientras reposa el rey en su lecho (Ct. 1, 11); esto es, mientras permanece Cristo en su secreto, pues vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, vuestra vida, entonces también os manifestaréis con Él en la gloria (Col.3, 3-4). Antes que esto se realice, vemos en un espejo y obscuramente, es decir, por semejanzas; pero entonces veremos cara a cara (1Co. 13, 12).
Esta contemplación se nos promete como término de nuestros trabajos y plenitud eterna de nuestro gozo. Somos hijos de Dios, aunque aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es (1Jn. 3,2). Contemplaremos, cuando vivamos en la eternidad, a aquel que dijo a su servidor Moisés: Yo soy el que soy; esto dirás a los hijos de Israel: El que es me envía a vosotros (Ex. 3, 14). Y así dice Cristo: Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo (Jn. 17, 3). Tendrá esto su cumplimiento cuando venga el Señor e ilumine los escondrijos de las tinieblas (1Co. 4, 5), una vez desvanecidos los velos de esta mortalidad y corrupción. Entonces acaecerá nuestro amanecer, en expresión del salmista: A la alborada me presento a ti y te contemplaré (Sal. 5, 5). De esta contemplación ha de entenderse aquella sentencia: Cuando entregare el reino a Dios Padre; es decir, cuando nuestro Señor Jesucristo, mediador entre Dios y los hombres, conduzca a los justos, en los que reina ahora por fe, a la contemplación de Dios Padre
Si en esto ando errado, corríjame el que vaya más acertado: yo no veo otra solución. Cuando lleguemos a dicha contemplación, no anhelaremos otra cosa. Ahora, privados de esa vista, vivimos del gozo esperanzado. La esperanza que se ve, ya no es esperanza. Cómo esperar lo que uno ve? Pero si esperamos lo que no vemos, en paciencia esperamos (Rm. 8, 24), hasta que el rey descanse en su lecho. Entonces tendrá cumplimiento la Escritura: Hartura de alegrías en tu presencia (Sal. 16, 11). Este gozo apagará nuestros deseos. Se nos mostrará el Padre, y esto basta. Bien lo entendía Felipe cuando dijo al Señor: Muéstranos al Padre con eso Nos basta. Entonces aún no comprendía que podía decir también: Señor, muéstratenos a ti mismo y nos basta. Con el fin de abrir a la verdad su entendimiento respondió el Señor: Tanto tiempo que estoy con vosotros y no me habéis conocido? Felipe, el que me ha visto a mi, vio al Padre. Mas como deseaba el Señor que Felipe le viese por fe antes de contemplarle por visión, prosiguió diciendo: ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? (Jn. 14, 8-10) «Mientras vivimos en el cuerpo, peregrinamos ausentes en eI Señor, pues caminamos por fe y no por visión» (2Co. 5, 6-7)
Premio es de la fe la visión, y es la fe la que purifica los corazones y hace alcanzar esta recompensa, conforme está escrito: Purificando en la fe sus corazones (Hch. 15, 9). Otra prueba la tenemos en aquella sentencia: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios (Mt. 5, 8). Y pues ésta es la vida eterna, dice Dios en el Salmo: Le saciaré de días y le daré a ver mi salvación (Sal. 90, 16). Ya se diga: Muéstranos al Hijo; ora: Muéstranos al Padre, es la misma afirmación, pues no es dable ver a uno sin el otro. Ambos son uno, según Él asevera: Yo y el Padre somos uno (Jn. 10, 30). A causa de esta inseparable unidad, basta, a veces, nombrar al Padre solo, o al Hijo solo, para significar que su rostro nos abastecerá de alegrías.
El libro ‘La Comisión de la inmortalidad» de John Gray hace referencia al nombre de la comisión encargada por el politburó soviético para embalsamar a Lenin, comisión que fue dirigida por el director de seguridad interna de la Unión Soviética, Felix Dzerzhinsky y que contó con la activa participación de Leonid Krasin, comisario de política exterior de Stalin, Nikolai Bukharin, editor-en-jefe del panfleto comunista Pravda, y el propio Trotsky. Todos ellos fueron promotores de la ‘Construcción de dios, estuvieron fuertemente influenciados por las ideas de Fedorov y Tsiolkovsky y creyeron firmemente que el embalsamiento de su líder – proyecto inicialmente rechazado por Stalin – permitiría revivirlo en el futuro
Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny
Señor, por medio de la Comunión diaria reciban cada día el antídoto de sus pecados veniales cotidianos, y, alimentando en ellas cada día la vida de la gracia y hermoseándolas con ella, lleguen por fin a poseer con Vos la vida bienaventurada. Amén