Dios podría deciros como dijo en otro tiempo a Moisés: quitar los zapatos de vuestros pies porque el lugar que pisáis es una tierra Santa. ¡Cuanto más santas son nuestras Iglesias, consagradas con tanta pompa, funciones y oraciones, y santificadas diariamente por la evaluación del santo sacrificio! David, El elegido de Dios, se acercaba temblando al arca de la alianza; nosotros debemos también sobrecogernos de terror a la entrada en la iglesia, donde se celebra el santo sacrificio. Dios ha dicho: templada al aparecer en mi santuario y en mi lugar Santo. Recordar también el grito de Jacobo: ¡Cuán terrible es este lugar, es en verdad la casa de Dios y la puerta del cielo¡
Explicación de la Santa Misa. R Padre Martín de Cochem O.F.M. Cap (Año 1712)
Ilumina mis ojos para que puedan contemplar y apreciar debidamente este misterio tan sublime. Aumenta y fortalece mi fe, oh señor, para que yo crea siempre firmemente en lo sagrado eucaristía. Ella es obra tuya y no invención humana
El Papa (Francisco) afirma que, con el Documento Final, devuelve a la Iglesia lo que ha desarrollado durante estos años (2021-2024) a través de la “escucha” (del Pueblo de Dios) y del “discernimiento” (¿del Episcopado?).
¿Los obispos elegidos por el Episcopado han sabido realizar un trabajo de discernimiento, que seguramente debe consistir en “disputa” y “juicio”?
Estudios recientes, como los de Juan Gil y Consuelo Varela, nos van dando un conocimiento cada vez mas exacto de Colon y de su mundo interior y familiar, aunque siempre su personalidad quede un tanto enigmática. De todos modos, cuando Colón dice, por ejemplo, que el Paraiso Terrenal está en tal lugar, o que los Reyes Magos partieron a Belén desde donde él sabe, o que tiene vistos y localizados el Tarsis, el Ofir y los montes áureos de Salomón, o que descendientes de las Amazonas de la antigüedad se refugiaron en una isla que él conoce, no hemos de pensar que estaba loco o que era un alucinado.
Basta con estimar que los renacentistas, ignorantes aún de muchas de las realidades de este mundo, eran todavía en estas cuestiones hombres medievales. Mucho mas notable es en Colón su profundo sentido providencial de elegido para una misión altísima. A pesar de reconocerse <pecador gravisimo, Colón sabe con toda certeza que en él se ha obrado un <milagro evidentísimo, como era que Dios <me puso en memoria, y después llegó a perfecta inteligencia, que podría navegar e ir a las Indias desde España, pasando el mar Océano al Poniente‣ (Fernández de Navarrete, Colección I,437).
Esta conciencia de elegido la tenia ya antes del Descubrimiento, y se ve contirmada cuando este se produce. Al terminar su Tercer Viaje, comienza su relación a los Reyes diciendo:
<La santa Trinidad movió a Vuestras Altezas a esta empresa de las Indias y por su infinita bondad hizo a mí mensajero de ello>.
Y en 1500 le escribe a Juana de la Torre:
<del nuevo cielo y tierra que decía Nuestro Señor por San Juan en el Apocalipsis…, me hizo a mí mensajero y mostró aquella parte.
En efecto, él, Cristóbal, está elegido por Dios como apóstol para llevar a Cristo (Cristoferens Cristóforo) a un Mundo Nuevo. No se puede negar que Cristóba Colón era un cristiano muy sincero, profundamente religioso. El padre Bartolomé de las Casas dice de él que <en las cosas de la religión cristiana sin duda era católico y de mucha devoción>, Y la curiosa firma que usaba, de discutida significación, era en todo caso expresión indudable de su religiosidad:
Esta religiosidad tiene constantes expresiones en el Diario de a bordo de sus cuatro viajes. Y es el padre Las Casas el que nos ha conservado en transcripciones los relatos del Primer y Tercer viaje de Colón, cuyos originales se perdieron. Del Segundo viaje sólo tenemos el Informe que, unos meses después de realizarlo, envió el Almirante a los Reyes. Se conserva en cambio el relato del Cuarto viaje. Por eso, al leer las citas siguientes, convendrá recordar estos datos, para entender quién habla en cada texto, si Colóno Las Casas.
Hechos de los Apóstoles en América, José María Iraburu
«Estas almas no sufren con desesperación, sino con una esperanza activa. Son como quienes ven a lo lejos la luz del hogar y caminan con lágrimas hacia ella, sabiendo que pronto serán abrazados»
Eugenia von der Leyen, Visiones del Más Allá, selección de diarios personales (ed. privada).
La razón abstracta se ha apoderado de la política para servir a las pulsiones prometeicas de la voluntad. La política del recibir, conservar y reformar es desplazada por la política del destruir para crear. Nada puede controlar debidamente el tipo de poder que a la postre ha sido liberado. La política como arte de construir desde cero una sociedad se encuentra, por definición, más allá de cualquier tipo de límite. Todo resulta justificable por la envergadura de su obra. Todo se puede intentar cuando los límites de lo real se deshacen frente a las exigencias de las ideas. Además, cualquier tipo de limitación que hubiera funcionado antes del nuevo proyecto ingenieril es tan poco legitimo para el ideólogo de turno como poco útiles son para el arquitecto las anticuadas estructuras de un edificio que hay que volar en pedazos para construir algo radicalmente nuevo en su lugar. La diferencia entre uno y otro es, sin embargo, la diferencia que existe entre tratar con seres humanos y tratar con escombros.
Robespierre tuvo el coraje de reconocer esta verdad en su teoría de la dictadura revolucionaria, a saber, que los costos humanos nunca son suficientes cuando se trata de bajar el paraíso a la tierra. La consecuencia, por cierto, fue el Terror.
La política moderna requiere inmensas cuotas de poder, siempre crecientes, No hay destrucción/ creación sin poder. El nuevo despotismo ignora los verdaderos fundamentos de la sociedad, que descansan en aquello que el tiempo y la experiencia acumulada van formando y reformando a su propio ritmo: la forma de vida de un pueblo. El Estado y sus leyes se basan en esta, y no al revés, Los constructores de naciones violentan esta realidad. Ellos quieren crear la nación a través de la ley, cuando, en rigor, esta es un producto de los caracteres preexistentes de aquella. Sus creaciones se hacen en nombre de la «libertad», Por el contrario, para el pensamiento conservador que se forma como respuesta a la revolución, la verdadera libertad peligra cuando las leyes, en lugar de partir de las circunstancias reales de un pueblo, se emplean para hacer al pueblo según los mapas mentales de los ideólogos. Los únicos que resultan ser libres en estos casos son estos últimos, pues el resto queda sometido a su voluntad. La verdadera libertad es la espontaneidad, y a ella se debe la política.
«Todas las vidas, todas las riquezas, todos los poderes se hallaban en manos del poder revolucionario . . .» (De Maistre, Consideraciones sobre Francia, p. 26)
*Para De Maistre, la Constitución es la solución a un problema enunciado de la siguiente manera: «Dadas la población, las costumbres, la religión, la situación geográfica, las relaciones políticas, las riquezas, las buenas y malas cualidades de determinada nación, hallar las leyes que le convienen» (Consideraciones sobre Francia, p. 75)
Las doctrinas modernistas son deliberadamente confusas y contradictorias. Comenta el teólogo sulpiciano A. Farges: «Para los secuaces de la nueva escuela (…) el absurdo no es más una señal de error. Más bien, a su parecer, la contradicción es la substancia misma de toda realidad en la naturaleza. Todo es, al mismo tiempo, sí mismo y algo distinto de si mismo, porque to do es una contradicción perenne entre el ser y el no ser», ¿Parece exagerado? Oigamos a Edouard LeRoy, el principal filósofo del Modernismo:
«El principio de no contradicción no es ni universal ni necesario. (..) ¿Qué es el devenir del universo, si no una perpetua fuga de contradicciones que se fusionan?»
Edouard LEROY, in «Revue de Metaphysique et de Morale», 1905, pp. 203, 411, cit. in Id. col. 644. A. FARGES, DAFC, vol. III, col. 644, s.v. «Modernisme».
Dado que entre la Iglesia y este tipo de pensamiento (modernismo) hay un divorcio total, su adecuación podía venir sólo mediante la subversión de su doctrina, sus instituciones y su disciplina. «En realidad – escribía Loisy – toda la teologia católica, incluso en sus principios fundamentales, la flosofia general de la religión, la ley divina, y las mismas leyes que regulan nuestro conocimiento de Dios, están sometidas al juicio del supremo tribunal (de la modernidad]»
Alfred LOISY, Lettera a Marcel Hébert, 1900, cit. in Alec R. VIDLER, The Modernist Movement in the Roman Church, p. 78.