Santo Tomás de Aquino, escritor humano



No pretendemos escribir una semblanza de Santo Tomás y mucho menos dar un salto en el vacío y lanzarnos por el mar sin fondo de una estimación subjetiva de las variadas facetas, siempre sugeridoras, de su personalidad enorme. Sin embargo, queremos señalar con amor una característica de su obra, o mejor, de su actitud como escritor: Santo Tomás es un escritor humano. Nos interesan los móviles psicológicos y las circunstancias históricas para estimar con justeza la razón misma de los escritos del Santo y de la directrices de su vida. Queremos, en lo que cabe, una valoración plena de su obra en su propio ambiente, para que el lector español reciba con las enseñanzas de su doctrina la lección espléndida de su ejemplaridad. Muchas veces se ha dicho y se ha escrito que Santo Tomás es tan impersonal en sus escritos, tan objetivo en el fondo, tan técnico en la forma, que no revela nunca los pliegues de su alma delicada; no es fácil penetrar en las intimidades del Santo a través de las páginas frías del teólogo o del filósofo. Resalta más esta actitud del Angélico si se le compara con otras grandes figuras del pensamiento cristiano, como San Buenaventura, el doctor de la unción franciscana, y sobre todo con San Agustín, el otro gigante de la ciencia cristiana. Quizá la comparación, como en tantas ocasiones, lejos de ayudar al conocimiento, sirve para obnubilarlo. Una simple lectura inteligente de estos autores pone de manifiesto las diferencias temperamentales entre los mismos que han condicionado su manera de escribir. No nos toca hacer un estudio de las notas características de San Buenaventura ni tampoco de San Agustín, con su personalidad tan suya, con su rica variedad de matices, con su cálida emoción humana, que descubre las inquietudes de su adolescencia desgarrada y el trepidar de su alma ardiente abrasada por el fuego inextinguible de su caridad. Así se ha llegado a una idea falsa de Santo Tomás, que al deshumanizarlo le ha quitado ejemplaridad humana. Esta visión inexacta la ha sometido a un análisis certero el señor Obispo de Túy, Fr. José López Ortiz, y la ha sintetizado en estas magistrales palabras: ―Tienen fama los escritos de Santo Tomás de encerrar la más abstracta e impersonal exposición de una doctrina. Cabe la duda—se ha llegado a decir—de si han sido compuestos por un hombre que vivió en algún tiempo y lugar o si la pura objetividad ha cristalizado en ellos sin ser turbada o animada por el aliento de alguien que, a más de pensarlos, los vivía. Y esta impresión de impersonalidad de la obra ha llegado a proyectarse sobre el hombre, del cual corre también un deforme esquema biográfico; el del monje sedentario, apacible, abstraído y abstracto, viviendo solo con sus ideas, sin saber ni importarle nada del mundo que le rodeaba, capaz de turbar la alegría de un convite palaciego, en el que por azar se encuentra, con una extemporánea exclamación, tal vez un golpe en la mesa, porque ha encontrado la clave de una argumentación concluyente contra los maniqueos. Completan la semblanza una celda desnuda de adornos en un monasterio solitario, una mesa cargada de pergaminos y, tras ellos, siempre absorto, Tomás destilando pausadamente por su pluma argumento tras argumento‖3. Y continúa el Excmo. P. López Ortiz: ―Claro está que no es ésta la imagen de Santo Tomás que describen los historiadores preclaros que últimamente le han consagrado hermosos estudios y que el conocimiento que hoy tienen de la vida intelectual del medioevo la hacen absolutamente inverosímil, pero es un poso que queda por debajo de lo que oímos o leemos, aunque no dejemos de aceptarlo, y queda como reserva mental, recinto de recelo personal no disipado‖4. Santo Tomás de Aquino tenía, como la han tenido los demás autores, su manera de escribir, muy personal por cierto, en la que reina con plena soberanía la objetividad, servida por una técnica rigurosa. Pero podemos preguntarnos si esta obra global, aparentemente fría, procede de un alma sin emoción o de un alma de rica afectividad, pero de una excepcional tenacidad ascética. En este último caso, si el extensísimo opus tomista recoge alguna manifestación de la riqueza interior del alma de su autor. En algunos casos, el Angélico Doctor ha dejado conscientemente el tono impersonal que le caracteriza para gritar con toda el alma, y también algunas veces ha manifestado por alguna rendija los sentimientos íntimos de su corazón. Pero creemos mucho más eficaz como medio revelador del verdadero espíritu de Santo Tomás, más que algunos textos excepcionales, el estudio de los fines de su obra. Santo Tomás de Aquino es un escritor vocacional, un escritor animado por una profunda inquietud humana; esta inquietud humana anima su producción científica sin inmutar su objetividad. Tenemos que seguir la línea vocacional si queremos medir el alcance de su obra y estimarla con justeza. 3

JOSÉ LÓPEZ ORTIZ, O. S. A., Santo Tomás de Aquino. Conferencia pronunciada en el paraninfo de la Universidad de Madrid el 7 de marzo de 1943, p. 3.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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