Agenda inhumana, misantropa y genocida

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La Sociedad de Masas y el Poder de Los Modernos Medios de Comunicación

La sociedad moderna es una sociedad de masas. Por esto entiendo lo que queda después de un proceso de atomización social, que destruye todos los lazos tradicionales y devuelve por resultado individuos- átomos, en conjunción con tecnologías que permiten reunirlos a todos ellos en un mismo tiempo y espacio, en lo que se muestra como una masa humana que espera que exógenamente le otorguen su forma, esto es: que la informen. El carácter masificante de la modernidad ha estado en el centro de numerosas reflexiones filosóficas y sociológicas. Entre ellas, destacan las de José Ortega y Gasset. Sus tesis son de especial interés para mis consideraciones sobre la batalla cultural, especialmente porque sus reflexiones surgen en el momento de apogeo de este tipo de sociedad. ¿Qué está viendo Ortega, pues, cuando publica en 1930 La rebelión de las masas? Fundamentalmente que Europa, entre el siglo IV y el XVIII, nunca ha superado la cantidad de 180 millones de habitantes, pero que entre 1800 y 1914 la población experimentó un ascenso que llegó a los 460 millones. Y, sobre todo, que semejante cambio no es solo cuantitativo, sino también cualitativo.

El hombre-masa es un tipo histórico bien particular, que se caracteriza por acceder a todos los beneficios de la civilización sin reparar en los esfuerzos que fueron necesarios para que esta viera la luz. Sobrepasado por los beneficios materiales que la modernidad le confiere, como frutos que caerían de un árbol por sí mismos, el hombre en cuestión pierde de vista la excepcionalidad de su entorno: su egocentrismo es producto de su incapacidad para mirar hacia el pasado y descubrir los procesos históricos de los cuales él es producto; su vulgaridad es coronada por el igualitarismo reinante que pone en su pequeña mente la idea de que sus gustos y opiniones tienen algún valor, y que nadie hay por encima de él; su total ignorancia es la base a partir de la cual su manipulación, combinada con los medios tecnológicos para manipularlo, jamás ha sido tan sencilla.

El hombre-masa es, en una palabra, el hombre mediocre que, sintiéndose un producto de sí, no es otra cosa que arcilla humana a la que es dable conferirle cualquier forma: como la masa misma, pues

AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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