Categoría: Militante

Aborto

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral «No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido» (Didajé, 2, 2; cf. Epistula Pseudo Barnabae, 19, 5; Epistula ad Diognetum 5, 5; Tertuliano, Apologeticum, 9, 8)

«Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).

Aborto por dilatación

El aborto

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1)

«Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado» (Jr 1, 5) «Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra» (Sal 139, 15).

El homicidio voluntario

El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10). El infanticidio (cf GS 51), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades

El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro. La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave.

Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf Am 8, 4-10). El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de causarla

Letanías de la humildad

Jesús manso y humilde de Corazón,

-Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús).

Del deseo de ser lisonjeado,

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser honrado,

Del deseo de ser aplaudido,

Del deseo de ser preferido a otros,

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

Del temor de ser humillado,

Del temor de ser despreciado,

Del temor de ser reprendido,

Del temor de ser calumniado,

Del temor de ser olvidado,

Del temor de ser puesto en ridículo,

Del temor de ser injuriado,

Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)

Que otros sean más estimados que yo,

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,

Que otros sean preferidos a mí en todo,

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.

Emblema de la Muerte,
STEENWIJCK, PIETER

Oración

La legítima defensa

La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario “La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q 64, a 7) “Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q 64, a 7)

El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal: «Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q 64, a 7).

No matarás

La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: “No quites la vida del inocente y justo” (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes

En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: “No matarás” (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52)

El respeto de la vida humana

El testimonio de la historia sagrada 2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano” (Gn 4, 10-11)

La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre: «Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre [] Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre» (Gn 9, 5-6). El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos

La homofobia no existe

En la actualidad los defensores de la vida y la familia que se oponen a la ideología de género suelen ser tildados de “homofóbicos”. Sin embargo, ¿existe verdaderamente esta “fobia” a quienes se autodenominan LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales)?

El lobby LGTBI y militantes del feminismo radical suelen utilizar el término “homofobia” contra toda persona que se oponga a la ideología de género, la cual afirma que la diferencia entre hombre y mujer es una construcción social y no una realidad biológica.

Así lo explicó a ACI Prensa, Nicolás Márquez, coautor junto a Agustín Laje del bestseller de Amazon “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”, que afirma que la ideología de género es una nueva careta del movimiento político de izquierda.

“El problema es que a todos aquellos que nos oponemos a esta ideología autoritaria (ideología de género) se nos acusa de ser homofóbicos. Es el insulto impuesto más exitoso porque ha sido instalado en la opinión pública y en el lenguaje”, indicó Márquez.

El abogado y analista político argentino sostiene que oponerse a la ideología de género “no implica, en lo absoluto, que en el marco de la libertad e intimidad, estas personas puedan hacer lo que deseen”.

“Se nos acusa de tener una fobia, y la fobia es una enfermedad. No obstante, no existe la homofobia dentro del terreno médico o psiquiátrico. Las fobias están clasificadas en los manuales DSM de psiquiatría y en ninguno existe el concepto de homofobia”, afirmó Márquez.

Como sostiene el autor, en el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales (DiagnosticandStatistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría no se encuentra clasificada la “homofobia” como un trastorno o enfermedad.  

Origen de la palabra “homofobia”

Según la Real Academia Española la homofobia significa “aversión a la homosexualidad o las personas homosexuales”.

Sin embargo, Márquez recuerda que la homofobia es únicamente “un invento ideológico, político, de carácter peyorativo que tiene una función insultante para atacar a todos aquellos que se oponen a la ideología de género”.

El término “homofobia” fue introducido por George Weinberg, un psicólogo estadounidense que acuñó el término en 1965 y luego lo inmortalizó en su libro de 1972 “SocietyandtheHealthy Homosexual” (La sociedad y el homosexual saludable).

El cofundador de Gay Activists Alliance (Alianza de Activistas Homosexuales), Arthur Evans, admitió en un artículo titulado TheLogicofHomophobia (La Lógica de la Homofobia) que la palabra fue inventada por Weinberg porque era un “amigo” de la comunidad que “asistía regularmente”.

“La invención de la palabra ‘homofobia’ es un ejemplo de cómo una teoría puede echar raíces en la práctica. La palabra no provenía de un académico que observara el movimiento a distancia, como un biólogo entrecerrando los ojos al microscopio en un tobogán”, dijo Evans en su artículo.

Márquez sostiene que la utilización de la palabra homofobia tiene una particularidad: “No solamente se acusa de padecer una enfermedad, sino que tiene la función de patologizar el pensamiento disidente. Es decir, que todo aquel que piensa distinto a la ideología de género padece una enfermedad”.

“La homofobia no tiene ningún tipo de rigor científico, sino una simple función estigmatizante y política”, concluyó el analista político.

Intentos de silenciar a la Iglesia

La etiqueta de “homofobia” también ha sido usada frecuentemente para silenciar la enseñanza de la Iglesia sobre la homosexualidad y amenazar con juicios a obispos.

En 2016, el Consejo para la Diversidad Sexual del Estado de México (CODISEM) acusó de homofobia a la Iglesia Católica y al Obispo de Toluca, Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos, luego de que el Prelado denunciara ataques contra “el núcleo de la familia”, a manos de “ideologías que van en contra de la familia, generando una confusión tremenda”.

Similares acusaciones enfrentó el Obispo de Aguascalientes, Mons. José María de la Torre, en 2014, por expresar su oposición al mal llamado “matrimonio” homosexual.

En España, prelados como el Cardenal Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia; y Mons. Xavier Novell, Obispo de Solsona, han sufrido los ataques del lobby gay por defender la familia.

En junio de 2017, un grupo de izquierda retrató a ambos obispos en un dibujo pornográfico gay, acusándolos de dar “discursos LGBTI-fóbicos y misóginos”.

A pesar de los ataques, el Obispo de Toluca alentó a los fieles a “no tener miedo de ninguna forma”. “El mundo quiere aplastarnos, pero tenemos nosotros la victoria en Cristo, Él nos ha defendido”, aseguró

No matarás

(Ex 20, 13) «Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal» (Mt 5, 21-22)

“La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, intr 5).

Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger

en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben. Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas

El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política “Dad [] al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21) “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5, 29):

«Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica» (GS 74, 5).