Siempre existirá, además, la voluntad de hacer existir esos factores incluso allí donde no existan o no tengan importancia real (por ejemplo: la creciente politización del peso corporal y la gordura). En esto consiste la politización de las diferencias. Allí donde la derecha busca armonizar estos factores, la izquierda los dota de significación política, los lee como <opresión> y procura convertirlos en el motor de su praxis política. Ernst Gellner maneja el concepto de <clasificación entropífuga> para referirse a estos rasgos diferenciadores, y reconoce algo importante: <los rasgos entropífugos constituyen un problema grave para la sociedad industrial. En la sociedad agraria ocurría casi lo contrario. Lejos de repudiar estos rasgos, ese tipo de sociedad solía inventarlos siempre que la naturaleza no le proveia suficientemente de ellos>. En nuestra sociedad moderna, la izquierda es el fruto ideológico de estos rasgos vueltos materia prima política, y la derecha, su contrapartida: la voluntad de armonizar el conflicto que surge de estas agitaciones, la voluntad de hallar organicidad en las diferencias relativas. De ello resulta que a menudo la derecha sea reactiva y despolitizante, mientras la izquierda es revolucionaria y politizante aunque esto no es una necesidad en absoluto.
Ernest Gellner, Naciones y nacionalismo (Buenos Aires: Alianza Editorial, 1991),
P. 91.
(Al buscar el hilo conductor entre pensadores de derechas en principio tan diferentes como Schmitt, Oakeshott, Strauss y Hayek, Perry Anderson termina concluyendo: <Lo que todos buscaban atemperar eran los riesgos de la democracia, vista y temida a través del prisma de sus teorfas de la ley como el abismo de la ausencia de ley: to misterion tes anomias, el misterio de la anarquía. Estos autores serfan todos de derecha, pues, en virtud de su resistencia a la aplanadora democratizante (Perry Anderson, Spectrum. De la derecha a la izquierda en el mundo de las ideas, Madrid: Akal, 2008, p. 40).