Los filósofos humanistas, repararon en la centralidad antropológica de la educación para el hombre en tanto que hombre. A través de la educación, el animal humano deviene
hombre-culto. En el siglo XV, León Battista Alberti Diferenciaba de manera drástica la herencia y el linaje respecto del cultivo: el hombre, <por muy gentilhombre que sea de sangre, si no tiene letras, de rústico será reputado>. Un siglo más tarde, Erasmo será aún más radical: no se puede <considerar hombre a quien carezca de letras>.
Además, ofrecerá una explicación de las ventajas y desventajas del hombre respecto del resto de las criaturas que recuerda al mito de Epimeteo y Prometeo contado por Protágoras: La Naturaleza, madre universal, concedió a los animales irracionales mayor auxilio para sus funciones genuinas; sin embargo, como la providencia divina sólo a un ser animado hízole racional, dejó la mayor parte de su formación a la crianza. [..] Esta misma es la razón por la cual la Naturaleza atribuyó a los restantes animales la ligereza, el vuelo, la vista aguda, la corpulencia y robustez físicas, las escamas, el vello, el pelo, los cuernos, las uñas, el veneno con que puedan defender su indemnidad y proveerse de alimento y educar y sacar sus crías. Solamente al hombre lo alumbró fofo, desnudo, sin defensa. En compensación de todas estas deficiencias, le infundió una mente capacitada para toda suerte de disciplinas, pues en este don solo están contenidos todos los otros, si se tiene acierto en formarla con ejercicios convenientes. Erasmo no reduce estas ventajas a los conocimientos técnicos. La educación es, ante todo, una operación sobre el alma. De ahí que merezca la máxima atención y cuidado. Sócrates llamó la atención de Hipócrates precisamente sobre esto Erasmo hará lo mismo, respecto de un interlocutor suyo, con palabras muy similares: Nadie califica de prematuro este cuidado que se pone en la parte inferior del hombre [el cuerpo]. ¿Y por qué razón aquella parte superior por la cual nos cupo en suerte la denominación de hombre queda desatendida tan largo espacio de años? No procedería absurdamente el que se le adornare el sombrero olvidándose de su cabeza sarnosa y despeinada? Pues digo yo que muy mayor absurdo es poner el cuidado que es razonable que se ponga en el cuerpo mortal, sin tener en cuenta alguna la inmortalidad del alma.
Erasmo de Rotterdam, De pueris statim ac liberalitar instituendis, citado en Abbagnano y Visalberghi, Historia de la pedagogia, p. 228
370. Erasmo de Rotterdam, De cómo los niños precozmente y desde su mismo nacimiento deben ser iniciados en la virtud y en las buenas letras de manera liberal, incluido en Erasmo (Madrid, Gredos: 2011), p. 332.
Erasmo, De cómo los ninos, p. 331.
