«Si Dios es bueno, ipor qué no interviene recompensando los justos y castigando los pecadores cada vez que pecan?» Los ateos parten de allí para intentar demostrar que no existe Dios, o si existe, no es un Dios bueno.
El problema es que al hacerlo, aún sin quererlo, niega objetivamente la providencia divina y reduce a Dios al nivel de un mero espectador que espera sólo a la vida futura para dar a cada quien lo que corresponde. No es sino una forma sutil de negar la providencia divina, porque es de fe católica que el Dios en que en que creemos los católicos no es un mero espectador, sino un Dios creador del universo espiritual y material, absoluto Señor de todas las cosas, a las que gobierna con su providencia. No es en ningún modo un Dios que actúa como un relojero que pone en marcha el mecanismo y se olvida de él, sino un Dios que gobierna e interviene activamente en la historia de la humanidad.
Si se pierde de vista esto, las consecuencias son nefastas, pues si Dios no interviene tanto para rescatar al justo que pide su auxilio, como para castigar al malhechor por sus pecados, ¿para qué oramos? Para qué los mártires frente al Trono divino le ruegan para que se apresure a hacer justicia por su sangre derramada? (Apocalipsis 6,10) ¿Cómo podemos exclamar con el Salmista: «No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela, ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía. Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte. Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impios» (Salmo 91,5- 8)? :Cómo podremos creer en el Dios que «derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y despide a los ricos sin nada» (Lucas 1,5 1-
53)?
