Categoría: Evangelistas

Las 3 Comidas

El tema del Reino caracteriza a estas tres comidas:

Las cinco mil personas quedan “satisfechas” y se recogen doce cestos con el pan sobrante; lo cual indica la plenitud de las doce tribus de Israel bajo el Hijo de David (1 Reyes 4, 20; 8, 65-66)

La Última Cena está estrechamente asociada con la inminente llegada del Reino (Lucas 22, 16 18 y 29-30)

y la secuencia de Emaús se inicia con el comentario de los discípulos: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel”; es decir, quien restauraría el Reino de David (Lucas 1, 68-69)

Al compartir aquellas comidas, Jesús actuaba como su antepasado real. David prolongó fielmente la alianza a través de la participación en su mesa real (2 Samuel 9 7, 10, 13; 1 Reyes 2, 7). Los salmos de David emplean imágenes de comidas y bebidas para celebrar la provisión de los dones de Dios; y los profetas describen la restauración de la ciudad de David (Isaías 25, 6-8) Jeremías 31, 12-14) y de la alianza con David (Isaías 55, 1-5) con imágenes de banquetes. En Ezequiel el papel primario del “pastor” es “alimentar” a Israel (Ezequiel 34, 23)

La fe es razonable (Scott Hahn)

Evangelios



Aunque cada uno de ellos parece haber seguido su plan narrativo peculiar, no se ve, sin embargo, que hayan querido escribir como ignorando lo que el otro había ya dicho, o que hayan pasado por alto algo que ignoraban y después se haya descubierto que otro lo había escrito. Cada uno ha colaborado según la inspiración de Dios

San Agustín, de consensu Evangelistarum, 1,2

La humilde vigilancia de la oración



Frente a las dificultades de la oración

La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de estas. La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a Aquél al que oramos, tanto en la oración vocal (litúrgica o personal), como en la meditación y en la oración contemplativa. Dedicarse a perseguir las distracciones es caer en sus redes; basta con volver a nuestro corazón: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (cf Mt 6,21-24)

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna —dice el Señor—;
y yo lo resucitaré en el último día.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 6, 35-40.

Ésta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor.

Un Manjar digno de reyes

El relato de Lucas sobre la Última Cena constituye un texto clave para relacionar la identidad de Jesús como “hijo de David” y la Iglesia como el davídico “Reino de Dios”. En la mesa, Jesús constituyó a los apóstoles como vice-regentes suyos. A partir de ese momento, ejercerán la autoridad en su nombre. En los Hechos de los Apóstoles -el libro que Lucas escribió como secuela de su Evangelio- observamos a los apóstoles ejerciendo la autoridad que Jesús les había conferido para el gobierno de la iglesia

Lucas, más que ninguna otro evangelista, asocia las imágenes del Reino con el compartir la mesa. Los exégetas identifican diez comidas distintas en el Evangelio de Lucas. Todas pueden interpretarse como anticipo del banquete del Mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento (Isaías 25, 6-8; Zacarías 8, 7-8; 19-23). Lo cual resulta todavía más evidente en las comidas que preside el propio Mesías: la que alimenta a cinco mil personas (9, 10-17), La Última Cena (Lucas 22, 7-38), y la comida en Emaús (24, 13-35). En las tres comidas que refiere Lucas -y sólo en ellas- se habla de un pan que es partido. Se utilizará la misma expresión en Hechos 2, 42 y 46; 20, 7 y 11; 27, 35

La fe es razonable (Scott Hahn)

Sufrir con paciencia


Grande y saludable purgatorio tiene ya en este mundo la persona que sabe sufrir con paciencia, y que al recibir un mal trato le entristece más el pecado que comete el otro que la ofensa que ha recibido; que reza cariñosamente por quienes le ofenden, y perdona de todo corazón sus ofensas, que si le sucede ofender a otros se apresura a pedirles perdón y a presentarles excusas; que se inclina más fácilmente a compadecerse que a disgustarse.


Prefiero la misericordia al sacrificio (Mateo 9,13), y que frecuentemente se hace violencia para lograr que el cuerpo y lo sensible sean dirigidos por la voluntad y el espíritu

Es mejor purificarse ahora de los pecados y luchar por dominar los propios vicios que esperar a purificarse de ellos en la otra vida, “porque entonces no saldrás de la cárcel hasta haber pagado el último céntimo de tu deuda (Mateo 5,25)


Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

La concordancia de los evangelios



Bastaba que un solo Evangelista lo hubiera dicho todo. Sin embargo, hablando todos por una misma boca, aunque no en los mismos tiempos ni en los mismos lugares, y sin haberse antes puesto de acuerdo, su testimonio adquiere la fuerza máxima de la verdad. Aun aquello mismo en lo que parecen discrepar sobre puntos insustanciales es la mejor prueba de su veracidad, ya que si en todo estuviesen acordes, pensarían los adversarios que se habían entendido para escribir lo que escribieron, como obedeciendo a una consigna. En todo lo principal, esto es, en todo lo concerniente a la moral o a la fe, ni en lo más leve discrepan. Si sobre los milagros el uno ha mencionado éstos y el otro aquéllos, no hay razón para desconcertarse, pues si uno solo lo hubiera dicho todo ¿cual sería el objeto de la narración de los demás? Y si todos hubieran narrado hechos diversos, mal podría manifestarse su conformidad. En cuanto a las variantes del tiempo y del modo de realizarse los sucesos, no destruye esto la verdad de los mismos, como se demostrará más adelante

Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 1,2

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan de vida —dice el Señor—;
el que viene a mí no tendrá hambre.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 6, 30-35.

No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

EN aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Palabra del Señor.

Los ángeles



Hoy en día es muy común escuchar hablar de los ángeles, lo lamentable es que esto se haga de una manera incorrecta y que se les tribute un culto que se sale de la ortodoxia de la fe católica; y es que la Nueva Era se ha convertido en la mayor promotora de esta desviación hablando de “¿Cuál es el nombre de tu ángel?”, “acoge la visita de tu ángel; deja la puerta abierta…” y un sin número de prácticas raras que nada tienen que ver con las enseñanzas de nuestra fe.

La doctrina católica nos enseña, respecto de los ángeles, que:

Son de naturaleza espiritual: «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad» (Catecismo, 330).

Son criaturas personales (cf. Pío XII, encíclica. Humani Generis: DS 3891).

Inmortales (cf. Lc 20, 36).

Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Son mensajeros y servidores de Dios: «Desde la creación (cf. Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf. Gén 3, 24), protegen a Lot (cf. Gén 19), salvan a Agar y a su hijo (cf. Gén 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf. Gén 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf. Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf. Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf. Jc 13) y vocaciones (cf. Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf. 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos» (Catecismo, 322).

Es importante aclarar que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (Catecismo, 328), es decir, su existencia no puede ser puesta en duda.

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra! (Salmo 103,20).

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Jn 6, 22-29.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan.

DESPUÉS de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios».
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
«La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado».

Palabra del Señor