Categoría: San Lucas

Evangelio

San Lucas 5:12-16

Estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra. Le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.» Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.

Palabra de Dios

Evangelio

San Lucas 4:14-22
Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu y su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazará, donde se había criado, entró, según su costumbre, en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías, desenrolló el volumen y halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al ministro y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy.» Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿Acaso no es éste el hijo de José?»
Palabra del Señor

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
En muchas ocasiones habló Dios
antiguamente a los padres por los profetas.
En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 2,16-21.

Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

EN aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.n aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a Maria y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor.

Los consejos evangélicos

manifiestan la plenitud viva de una caridad que nunca se ve contenta por no poder darse más. Atestiguan su fuerza y estimulan nuestra prontitud espiritual. La perfección de la Ley nueva consiste esencialmente en los preceptos del amor de Dios y del prójimo.

Los consejos indican vías más directas, medios más apropiados, y han de practicarse según la vocación de cada uno: «Dios no quiere que cada uno observe todos los consejos, sino solamente los que son convenientes según la diversidad de las personas, los tiempos, las ocasiones, y las fuerzas, como la caridad lo requiera. Porque es ésta la que, como reina de todas las virtudes, de todos los mandamientos, de todos los consejos, y en suma de todas las leyes y de todas las acciones cristianas, da a todos y a todas rango, orden, tiempo y valor» (San Francisco de Sales, Traité de l’amour de Dieu, 8, 6).

La ley nueva

Más allá de sus preceptos, la Ley nueva contiene los consejos evangélicos. La distinción tradicional entre mandamientos de Dios y consejos evangélicos se establece por relación a la caridad, perfección de la vida cristiana. Los preceptos están destinados a apartar lo que es incompatible con la caridad. Los consejos tienen por fin apartar lo que, incluso sin serle contrario, puede constituir un impedimento al desarrollo de la caridad (cf Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q 184, a 3).

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya. 

Un día sagrado nos ha iluminado;
venid, naciones, y adorad al Señor,
porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra. 
Aleluya, aleluya, aleluya.  

EVANGELIO
Lc 2, 36-40.

Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.


Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 

EN aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia,
ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.  
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 1, 67-79.

Nos visitará el Sol que nace de lo alto.


Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

EN aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:
    «“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”,
        porque ha visitado y “redimido a su pueblo”,
        suscitándonos una fuerza de salvación
        en la casa de David, su siervo,
        según lo había predicho desde antiguo
        por boca de sus santos profetas.
    Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
        y de la mano de todos los que nos odian;
        realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres,
        recordando su santa alianza”
        y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos
        que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,
        le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
    Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
        porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”,
        anunciando a su pueblo la salvación
        por el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
        nos visitará el sol que nace de lo alto,
        para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,
        para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

Palabra del Señor