Roger Scruton. Su actitud política frente al liberalismo consiste en encontrar precisamente equivalencias, pero no con cualquier liberalismo, sino con el de derechas: En concreto, liberales y conservadores coinciden en la necesidad del gobierno limitado, las instituciones representativas, la separación de poderes y los derechos básicos de los ciudadanos, cuestiones que deben defenderse siempre frente a la administración vertical de los estados colectivistas modernos. A partir de esta coincidencia, Scruton llega a articular estas dos corrientes en los términos siguientes:
«Entre liberalismo y conservadurismo se daría por tanto una relación más de simbiosis que de antagonismo absoluto, porque el liberalismo tiene sentido exclusivamente en el contexto social que defiende el conservadurismo».
Además, reconoce en la Escuela Austríaca de Economía un pensamiento económico compatible con el temperamento conservador, y elogia recurrentemente a Hayek: «a él se debe la defensa más importante en el terreno conservador de la justicia consuetudinaria». Viceversa: en su último libro, Hayek se mostrará ya sin ningún tapujo como partidario de la tradición, y denunciará al progresismo cultural, las políticas antinatalistas y al conglomerado globalista en general. Volviendo a Scruton, no solo planteará este tipo de articulaciones con el liberalismo, sino también con el nacionalismo o lo que acá prefiero llamar, para evitar confusiones por la izquierda, «patriotismo». El contexto globalista así lo requiere. Por ejemplo, respecto de Pierre Manent, Scruton escribe:
Una comunidad política depende de una lealtad que es prepolítica, y estoy de acuerdo con Manent en que esa lealtad debe definirse en términos nacionales. La lealtad nacional, que supone vincularse con el territorio compartido con nuestros vecinos, es la base de las libertades que disfrutamos
Roger Scruton, Conservadurismo (Madrid: El buey
mudo, 2019), p. 28.
Friedrich Hayek, La fatal arrogancia (Madrid: Unión Editorial, 1
