Evangelio según san Mateo, 10: 37- 39 «El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí: y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí; el que halla a su alma, la perderá; y el que perdiere su alma por mí, la hallará». (vv. 37- 39)
Aquel que había dicho antes: «No he venido a traer la paz sino la espada y a separar al hombre de su padre, de su madre y de su suegra», añade a fin de que nadie anteponga el sentimiento a la fe, lo siguiente: «El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí». También en el «Cantar de los cantares» se dice: «El ordenó en mí el amor» ( Cant 2,4 ). En todo amor es indispensable este orden: Ama, después de Dios, al padre, a la madre y a los hijos. Y si fuere necesario elegir entre el amor de los padres y de los hijos y el de Dios y no se pudiese amar al mismo tiempo a todos, el abandono de los primeros no es más que una piedad para con Dios. No prohibió, pues, amar al padre, a la madre y a los hijos, pero añade de una manera significativa «más que a Mí»
San Jerónimo
