San Francisco de Asís, el santo que tenía a la Dama Pobreza como su amada

Tenía un cuidado enorme por la belleza y el decoro de los templos, como leemos en sus Florecillas: En cierta ocasión, cuando vivía en Santa María de la Porciúncula, siendo todavía pocos los hermanos, iba el bienaventurado Francisco por los pueblos y las iglesias de los alrededores de Asís predicando y exhortando a los hombresSigue leyendo «San Francisco de Asís, el santo que tenía a la Dama Pobreza como su amada»

El que me confesare (Delante de los hombres)

Evangelio según san Mateo, 10: 32- 33 «A todo el que me confesare, pues, delante de los hombres, también le confesaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos; y al que me negare delante de los hombres, también le negaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos». (vv. 32-Sigue leyendo «El que me confesare (Delante de los hombres)»

En esta vida, ¿se puede o no se puede conocer a Dios por la razón natural?

En esta vida, ¿se puede o no se puede conocer a Dios por la razón natural?q:32 a.1; q:84 a.7 ad 3; q:86 a.2 ad 1; In Sent. 1 d.l1; d.3 q1 a.1; a.3; d.35 q:1 a.1 c; 3 d.27 q:3 a.1; In Boet.De Trin. q.1 a.2; In De Div. Nom. c.7 lect.4; Cont. Gentes 4,1;Sigue leyendo «En esta vida, ¿se puede o no se puede conocer a Dios por la razón natural?»

La libertad de predicar la verdad

La libertad de predicar la verdad Evangelio según san Mateo, 10: 32- 33 «A todo el que me confesare, pues, delante de los hombres, también le confesaré Yo delante de mi Padre, que está en los cielos; y al que me negare delante de los hombres, también le negaré Yo delante de mi Padre, queSigue leyendo «La libertad de predicar la verdad»

Caridad

Evangelio según san Mateo, 10: 29- 31 «¿ Por ventura no se venden dos pájaros en un cuarto, y sin embargo, no cae ninguno de ellos sobre la tierra sin el consentimiento de vuestro Padre? También todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, porque vosotros sois mejores que muchos pájaros». (vv. 29-Sigue leyendo «Caridad»

Sobre la riqueza en los templos

Sobre la riqueza en los templos Dios mismo ordenó los adornos y la magnificencia del Tabernáculom (Ex 25,3): <He aquí, dice el Señor, lo que los israelitas deben ofrecerme: el oro, la plata, el bronce (..)>; Jesucristo bajado a la tierra para enseñarnos a adorar a Dios en espíritu y en verdad, no ha vituperadoSigue leyendo «Sobre la riqueza en los templos»