La posesión demoníaca

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por ella el demonio actúa realmente en el cuerpo de la persona, en lugar de hacer sentir su acción solamente desde fuera, como en la obsesión. En ella Satanás toma posesión completa del cuerpo, no del alma; impide el libre uso de las facultades del hombre, y habla y actúa él mismo por los órganos y los miembros del poseso, sin que este pueda impedirlo y hasta muchas veces sin que el poseso se de cuenta. Su manifestación exterior es una modificación total de la personalidad, que parece dominada por un agente extraño. A este respecto se pueden citar ejemplos del Evangelio como el del poseso geraseno (Mc 5,1-2) y el del joven epiléptico demoníaco (Mc 9,14-29).

Ante estas situaciones hay que recordar, antes que nada, que el poder del demonio es limitado y que su influencia sólo llega hasta donde el poder de Dios se lo permite, y que así como Jesús en el Evangelio curó a muchas personas oprimidas por el demonio, de igual manera lo sigue haciendo hoy a través de sus ministros.

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