Categoría: San Marcos

Evangelios



Aunque cada uno de ellos parece haber seguido su plan narrativo peculiar, no se ve, sin embargo, que hayan querido escribir como ignorando lo que el otro había ya dicho, o que hayan pasado por alto algo que ignoraban y después se haya descubierto que otro lo había escrito. Cada uno ha colaborado según la inspiración de Dios

San Agustín, de consensu Evangelistarum, 1,2

La concordancia de los evangelios



Bastaba que un solo Evangelista lo hubiera dicho todo. Sin embargo, hablando todos por una misma boca, aunque no en los mismos tiempos ni en los mismos lugares, y sin haberse antes puesto de acuerdo, su testimonio adquiere la fuerza máxima de la verdad. Aun aquello mismo en lo que parecen discrepar sobre puntos insustanciales es la mejor prueba de su veracidad, ya que si en todo estuviesen acordes, pensarían los adversarios que se habían entendido para escribir lo que escribieron, como obedeciendo a una consigna. En todo lo principal, esto es, en todo lo concerniente a la moral o a la fe, ni en lo más leve discrepan. Si sobre los milagros el uno ha mencionado éstos y el otro aquéllos, no hay razón para desconcertarse, pues si uno solo lo hubiera dicho todo ¿cual sería el objeto de la narración de los demás? Y si todos hubieran narrado hechos diversos, mal podría manifestarse su conformidad. En cuanto a las variantes del tiempo y del modo de realizarse los sucesos, no destruye esto la verdad de los mismos, como se demostrará más adelante

Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 1,2

Evangelios



Y son cuatro las partes del globo terráqueo por las que se halla extendida la Iglesia de Jesucristo. Pero uno es el orden en que conocieron y predicaron, y otro el orden en que escribieron. Porque en el conocimiento y la predicación estuvieron primero los que siguieron al Señor presente en la tierra, lo escucharon cuando enseñaba, lo vieron obrar sus milagros, y recibieron de su misma boca el mandato de predicar. Pero al poner por escrito el Evangelio, lo cual sabemos que hicieron por disposición divina, tuvieron el primer y último lugar respectivamente dos de los que el Señor eligió antes de su Pasión: el primero es San Mateo; y el último, San Juan. De este modo, los otros dos, que no eran de este primer grupo pero que habían seguido a Cristo que hablaba por boca de los otros dos, como hijos que debían abrazar, y por esto ubicados en el medio, serían defendidos por ambos lados

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1,2

Evangelios



También puede decirse que San Mateo se figura por el león, porque puso de relieve la estirpe real de Jesucristo. San Lucas por el becerro, víctima del Sacerdote. San Marcos, que no se propuso narrar ni la estirpe regia ni la sacerdotal, sino que se ocupa de lo humano de Jesucristo, se designa por la figura del hombre. Estos tres seres, el león, el hombre y el becerro, andan por la tierra, por lo que los otros tres Evangelistas trataron principalmente de lo que obró Jesucristo como hombre. Pero San Juan tiene el vuelo del águila, y contempla con la penetrante mirada de su espíritu la luz del Ser inmutable. De esto se desprende que los tres primeros Evangelistas no se ocuparon sino de la vida activa, y San Juan de la contemplativa

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1,6

Evangelios



De ahí que haya prevalecido llamarse libro de moral el Evangelio según San Mateo, porque las costumbres se dicen propiamente del hombre, y no de otro ser. San Marcos es reconocido bajo la figura de león, porque comienza su relato con la expresión del poder divino en estos términos: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. San Lucas es reconocido bajo la figura de toro, porque empieza su libro hablando del sacerdocio, y el becerro es la víctima inmolada por el sacerdote. A San Juan se le da la figura del águila, porque ha expresado los milagros de la Resurrección divina

San Ambrosio, commentarium in Lucam, pref

Evangelios



En su Ascensión puso de manifiesto su divinidad. San Mateo nos es representado por el hombre, porque se detiene principalmente en la humanidad de Jesucristo; San Marcos por el león, porque trata de su Resurrección; San Lucas por el becerro, porque se ocupa del sacerdocio; San Juan por el águila, porque él escribió sobre los misterios divinos

La glosa, sobre el cap. 1 de Ezequiel

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Este es el día que hizo el Señor,
a nuestra alegría y nuestro gozo.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Mc 16, 9-15.

Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

JESÚS, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando.
Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando al campo.
También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación».

Palabra del Señor.

Cuatro mensajeros


Cuatro cosas nos enseña el Evangelio sobre Jesucristo: la Divinidad que asume la naturaleza humana; la naturaleza humana que es asumida; su Muerte, por la que somos librados de la esclavitud; y su Resurrección, por la que se nos abre la puerta a la vida gloriosa. Esto es lo que profetiza Ezequiel bajo la figura de los cuatro seres ( Ez 1,5-14)
La glosa, sobre el cap. 1 de Ezequiel

La meditación



La meditación es, sobre todo, una búsqueda. El espíritu trata de comprender el porqué y el cómo de la vida cristiana para adherirse y responder a lo que el Señor pide. Hace falta una atención difícil de encauzar. Habitualmente se hace con la ayuda de algún libro, que a los cristianos no les faltan: las sagradas Escrituras, especialmente el Evangelio, las imágenes sagradas, los textos litúrgicos del día o del tiempo, escritos de los Padres espirituales, obras de espiritualidad, el gran libro de la creación y el de la historia, la página del “hoy” de Dios.

La oración vocal


La oración vocal es un elemento indispensable de la vida cristiana. A los discípulos, atraídos por la oración silenciosa de su Maestro, éste les enseña una oración vocal: el “Padre Nuestro”. Jesús no solamente ha rezado las oraciones litúrgicas de la sinagoga; los Evangelios nos lo presentan elevando la voz para expresar su oración personal, desde la bendición exultante del Padre (cf Mt 11, 25-26), hasta la agonía de Getsemaní (cf Mc 14, 36)