Consejos para realizar una oración de intimidad


Es muy útil, al momento de tener una “oración de intimidad con el Señor” valerse de un método que facilite el desarrollo de la misma. Sin embargo, es importante entender que el método está al servicio de la oración y no la oración al servicio del método. Así pues, si en algún punto de la oración se experimenta una moción que lleve al alma a quedarse allí más tiempo, o quedarse allí definitivamente se debe acoger la moción.

Hay un método que es extremadamente sencillo y sirve tanto para los que están iniciando en su vida de oración como para aquellos que llevan tiempo caminando. Consiste en dedicar cinco minutos de diálogo espontáneo a diferentes tipos de oración, de la siguiente manera:

Después de haberse puesto en clima de oración, se invoca al Espíritu Santo para que nos llene con su presencia; luego se empieza de la siguiente manera:

Acción de gracias: se contempla atentamente todas las bendiciones espirituales y materiales que hemos recibido de Dios y se da gracias por ellas.

Petición de perdón y reparación: se le suplica al Señor que nos perdone por los pecados de acción u omisión que hemos cometido. Además se hacen actos de amor y reparación por ellos.

Alabanza y adoración: se eleva el espíritu a la alabanza y adoración del Señor con salmos, palabras espontáneas, cánticos, etc.

Petición por los demás: Muchas personas nos piden oración. Este es el momento para orar por ellas, ojalá con nombre propio.

Petición por las propias necesidades (espirituales y materiales): En primer lugar se piden con fe las gracias espirituales que más necesitamos para ser santos, pues esto es lo que más nos conviene para nuestra alma. Después se pide por nuestras necesidades materiales sometiéndonos amorosamente a la Voluntad de Dios y sabiendo que sólo se nos concederán si nos convienen para la Salvación Eterna.

Escucha de la Voz de Dios y propósitos: La oración no es un monólogo donde yo hablo y Dios escucha; no, la oración es un diálogo donde ambos hablamos y escuchamos. Por esto, al final de nuestra oración debemos escuchar en silencio la voz de Dios, dejar que esas mociones hablen a nuestra alma, leer en los acontecimientos que hemos vivido recientemente qué nos quiere decir el Señor, pero sobre todo, qué nos quiere decir el Señor con la Palabra de Dios proclamada ese día en la Eucaristía.

Se termina con una oración de Consagración a la Santísima Virgen para que sea Ella la que custodie los frutos espirituales de esta oración de intimidad.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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