En la explicación del argumento de la contingencia Kant comete una tremenda falacia de blanco móvil.



¿Dónde? Pues en la parte en que sostiene que el argumento de la contingencia (que él llama “cosmológico”) implica el ontológico porque presupone que “el Ser Realísimo es el Ser Necesario”. En ninguna parte de la enunciación de nuestro argumento, ni tampoco en la enunciación tomista, existe una premisa que diga eso. Es más, como habíamos señalado en la explicación de la cuarta premisa, la gran ventaja de nuestro argumento, tal como lo hemos formulado, es que nos permite llegar directamente a la existencia del Ser Subsistente (Dios) sin tener la necesidad de seguir pasos adicionales (o de presuponer argumento ontológico alguno). No obstante, para darle gusto a Kant, explicaremos cómo es que se puede identificar al Ser Necesario con el Ser Realísimo (Dios) sin necesidad de asumirlo a priori.

El razonamiento que nos permite identificar el Ser Necesario con el Ser Realísimo dice así: 1. El Ser Necesario es Incausado: Efectivamente, como vimos en la segunda vía, todo lo contingente es causado y también todo lo causado es contingente, ya que recibe el ser de otro y, por ende, no subsiste de por sí. Luego, el ser Necesario, por no ser contingente, debe ser Incausado. 2. El Ser Incausado es el Ser Subsistente: El Ser Incausado, por el mismo hecho de serlo, no puede recibir el ser de otro y, por consiguiente, debe existir pura y plenamente por Sí mismo. Luego, el Ser Incausado debe ser Subsistente. 3. El Ser Subsistente es el Ser Realísimo: Si, como es evidente, el Ser Subsistente es la plenitud originaria del ser, debe ser también absolutamente real ya que todo lo que es real lo es por el ser. Luego, el Ser Subsistente es el Ser Realísimo. Aun así, como ya hemos dicho, esta demostración no resulta en modo alguno necesaria para nuestro argumento. Solo es necesaria para dejar más en evidencia la insubsistencia de la artificiosa estratagema crítica kantiana: introducir como sea el argumento ontológico, ya previamente descalificado, dentro del argumento de la contingencia a fin de poder descalificar también a este. Por tanto, ello nos muestra claramente la verdadera intencionalidad de la crítica kantiana: constituirse como un arma de guerra contra las pruebas de la existencia de Dios a las que hay que destruir sea como sea para (supuestamente) “dar espacio a la fe”. Pero incluso si concediéramos a Kant su caprichosa deformación del argumento de la contingencia, este no cae, como cree él, en el vicio del argumento ontológico. Es cierto que si deducimos, incluso válidamente, de la noción de Ente Realísimo la noción de Ente Necesario no por ello podemos afirmar su existencia real. Pero en el argumento, incluso en la forma en que Kant lo presenta, la existencia real del Ente Necesario ya está asegurada por los pasos anteriores.

Luego, si es válida la inferencia que vincula al Ser Necesario con el Ser Realísimo, la existencia real ya asegurada del primero implica del segundo sin argumento ontológico alguno. Todavía más, dicha deducción, como hemos visto, no va del Ser Realísimo al Ser Necesario sino más bien al revés. Pero esto cambia totalmente la cuestión porque entonces, en vez de estar partiendo de un concepto de un ente posible para llegar a una existencia real (argumento ontológico), estamos partiendo de una existencia real (no experimentada, cierto, pero sí demostrada en forma apodíctica como condición sine qua non de la existencia de los seres contingentes). De ahí que el filósofo tomista Jacques Maritain diga: “Si he comenzado por establecer que un ser absolutamente necesario existe, evidentemente tengo el derecho de concluir que este ser, de cuya existencia estoy enterado, posee una perfección suprema que también existe. De este modo procede Santo Tomás. Comenzando no por un concepto sino con la experiencia, ha demostrado ante todo que la causa primera o la necesidad primera o el ser primero o la inteligencia primera existe; y es al estar asegurado de esa existencia que concluye que tal ser es un acto puro y una perfección infinita; de este modo pasa de lo real a lo real, de ningún modo de lo ideal a lo real. Declarar que eso es suponiendo el argumento ontológico y concluyendo en virtud de él, es completamente sofístico”

¿DIOS EXISTE?: El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. Dante A. Urbina

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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