DOMINGO DE LA INFRAOCTAVA DEL SAGRADO CORAZON


(Tercer Domingo después de Pentecostés)
XXVI · Junio · A.D. MMXXII
Seq. S. Evangélii sec. Lucam 15, 1–10
(Léct. Epístolae B. Pauli Apóstoli ad Corínthios Prima 5, 6-11)
Ornamentos Blancos

En estos primeros Domingos del tiempo después de Pentecostés nos sigue como un eco el pensamiento fundamental de la Pascua: Cristo, Salvador, Redentor, Resucitador, Dador de la vida.

En estas emocionantes parábolas, que nos traen las lecturas de hoy, la de la oveja perdida y la de la dracma extraviada, está escrita la historia de lo que Cristo ha hecho con nosotros. Éramos la oveja descarriada, que Él llevó al redil, por medio del Bautismo. Pero esta primera salvación no basta. Mientras estamos en este mundo, siempre tenemos peligro de perder de vista al Pastor. Conocemos nuestra debilidad. Sabemos (como pedimos en la oración) que “sin Dios no hay nada fuerte ni santo”, y por eso “arrojamos en Él todos nuestros cuidados y nuestros pensamientos” (gradual).

En el Introito clamamos: “Mírame, Señor, y compadécete de mí porque estoy desamparado y soy pobre”. Si el Evangelio nos describe alegóricamente la misericordia de Dios, que se compara con el pastor que busca a la oveja descarriada, y hallándola la pone sobre sus hombros y se congratula con sus amigos; en la Epístola nos señala las cualidades que deben tener las ovejas: ante todo, la docilidad, y, tras ella, la vigilancia.

Aunque muy anterior a la fiesta del Sagrado Corazón, esta misa del Domingo infraoctava tiene con aquélla una íntima conexión.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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