Es posible rastrear el asedio a la familia moderna



por lo menos desde fines del siglo XIX y principios del XX. Christopher Lasch afrontó la monumental tarea de trazar una genealogía de la destrucción de la familia como un agenciamiento deliberado de ingeniería social: <La familia no evolucionó simplemente en respuesta a influencias sociales y
económicas; fue deliberadamente transformada por la intervención de planificadores y políticos> Desde luego, en el mismo desarrollo del Estado moderno ya puede hallarse una transferencia planificada de funciones educativas. El Estado
necesita organizar las lealtades de las nuevas
generaciones, estableciendo sus propias instituciones de socialización en detrimento de una serie de funciones que antes eran exclusivas del entorno familiar. <El Estado no es sino la paternidad coordinada de la infancia>, decía a fines del siglo XIX un importante ministro liberal norteamericano.

Hoy muchos se sorprenden al escuchar que f3minístas e ideólogos del gęnėro reclamen que el Estado adoctrine sexvalm3nte a los niños. contrariando la voluntad de los padres. Pero no hay nada de sorprendente en esto, sencillamente porque en esencia, no hay nada de nuevo. La historia de la relación del Estado y la familia puede verse como una historia de saqueo y destrucción de esta a manos de aquel

En las primeras décadas del siglo xx, una serie de saberes se fueron formando y fueron presionando en favor de un drenaje incesante de funciones y facultades de la familia hacia la sociedad y el Estado. No solo el desarrollo de la pedagogía, sino también de la psiquiatría, el psicoanálisis, la asistencia social, la sociología, la sexología. .. todo el saber vinculado a la reproducción y la socialización, antes formado en el interior de la familia, fue tomado por la sociedad

La reproducción social se socializó. La familia empezó a dibujarse entonces como una estructura vetusta, demasiado espontánea, que no estaba a la altura de los tiempos y del conocimiento organizado y la planificación social. De repente, los padres terminaron tomando cursos para aprender a ser padres, y cursos de matrimonio para aprender a ser esposos, mientras los <expertos> examinaban y se ocupaban de la socialización de sus hijos. En 1922, el sociólogo norteamericano William Fielding Ogburn identificó una serie de funciones propias de la institución familiar. La familia ha cumplido durante mucho tiempo funciones económicas, religiosas educativas, protectoras y recreativas, según Ogburn.

Pero son precisamente estas funciones las que están, desde ese entonces y antes también, desplazándose hacia la sociedad. Los sociólogos describieron estos procesos como <transferencias de funciones>. La educación fue expropiada por el sistema estatal de educación; la economía se desplazó hacia la industria; la protección se convirtió en monopolio de un Estado que, en muchos casos, incluso desarmó activamente a las familias; la recreación salió del hogar rumbo a las industrias culturales y el ocio organizado. En la década de 1950, el sociólogo Talcott Parsons contribuyó a justificar esta transferencia en nombre de la ganancia en eficiencia que resulta de la especialización. La familia perdía así sus funciones educativas, protectoras, religiosas y económicas, pero podía concentrarse en agudizar sus funciones afectivas. Así, la familia pasó a justificarse únicamente por el <afecto>, por sus <servicios emocionales>, constituyéndose en una formación de mero <compañerismo>. La socialización como tal debe entregarse a expertos y al Estado. Aquí se hallan las raíces del padre como amigo- mayor que domina hoy en la sociedad adolescente. Ya en 1950, la antropóloga Margaret Lantis llamaba a estructurar la familia en torno a la noción de <amistad>, mucho más fluida que la de <amor>. Poco después, Nena T George O’Neill difundirán la idea de <compromiso sin ataduras> y <matrimonio abierto>. El cliché de la <democratización de la familia> encuentra sus orígenes en ideas de aquel entonces; el trillado ataque al <amor romántico>, que hoy posa de innovador, tiene lugar desde la década de 1920.
El ejército de psiquiatras, psicólogos, asesores conyugales y expertos en familia y niñez estarán ahí de todas maneras supervisando e interviniendo en estos quehaceres emocionales.

Su mera presencia desarrollo y expansión hace dudar del argumento de Parsons, según el cual la reducción de funciones le permite a la familia cumplir mejor sus funciones afectivas. Lasch da en la tecla cuando sostiene que el problema de Parsons fue dar por sentado que <algunas funciones de la familia pueden abandonarse sin debilitar a las demás>

Las funciones familiares constituían un todo complejo, un sistema sinérgico, en el que sus partes se retroalimentan entre sí y dependen las unas de las otras. Y no solo las funciones, sino también la estructura misma: hay quienes han argumentado que la estructura reducida de la familia nuclear sentó las condiciones necesarias para una progresiva atomización que estropeó cualquier tipo de función familiar. La identificación del niño con sus padres, a partir de la que discurre la socialización familiar, se quiebra cuando estos pierden sus funciones protectoras, educativas, económicas y religiosas. El quiebre entre las generaciones no solo tiene que ver entonces con los cambios sociales basados en la aceleración de la innovación tecnológica, sino con una transferencia de funciones para la que se provee una justificación ideológica y un apuntalamiento corporativo. Dicha transferencia impide que el niño vea a su padre como algo más que <una persona que imparte disciplina con rigor y como proveedor>

Cristopher Lasch, Refugio en un mundo despiadado. Reflexión sobre la familia contemporánea (Barcelona, Gedisa: 1996),р. 36.

Robert M. Mennel, Thorns and Thistles: Juvenile Delinquents in the United States, 1925-1940 (Hanover, N.H.: 1970), p. 130

William Ogburn y Meyer Nimkoff, Sociología (Madrid: Aguilar, 1979), pp. 755-756

Margaret Lantis, <The Symbol of a New Religion>, Psychiatry, 13, 1950, pp. 101-113, citado en Lasch, Refugio en un mundo despiadado, p. 154

*Robert Nisbet subrayaba que la familia extensa <era más que un conjunto de relaciones interpersonales>. Era un <sistema institucional> que, por la índole de su estructura, se ocupaba de <innumerables e indispensables funciones> (The Quest for Community. Delaware: ISI Books, 1981, p. 108). Plinio Correa de Oliveira reparaba en la monotonía de la familia nuclear, reducida a muy pocos miembros, que por su propia índole no puede contenerlos: <Siendo así, se tiende a huir, y se huye yendo hacia la calle o trayendo la calle dentro de la casa, bajo el aspecto de dos o tres televisores en varias salas, para intentar olvidar que se está dentro de casa y tener la sensación de que se está en la calle> (citado en Leo Danielle, O Universo é uma Catedral. Sao Paulo: Edicoes Brasil de Amanha, 1997)

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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