Fanatismo



El verdadero sentido de esta palabra se entiende por fanatismo tomado en su acepción más lata una viva exaltación del ánimo fuertemente señoreado por alguna opinión o falsa o exagerada. Si la opinión es verdadera encerrada en sus justos limites entonces no cabe el fanatismo; y si alguna vez lo hubiere será con respecto a los medios que se emplean en defenderla; pero entonces ya existirá también un juicio errado en cuanto se cree que la opinión verdadera autoriza para aquellos medios; es decir que habrá error a exageración.

Pero si la opinión fuere verdadera los medios de defenderla legitimos y la ocasión oportuna entonces no hay fanatismo por grande que sea la exaltación del ánimo por viva que sea su efervescencia por vigorosos que sean los esfuerzos que se hagan por costosos que sean los sacrificios que se arrostren, entonces habrá entusiasmo en el ánimo y heroismo en la acción pero fanatismo no; de otra manera los héroes de todos tiempos y paises quedarían afeados con la mancha de fanáticos.

Tomado el fanatismo con toda esta generalidad se extiende a cuantos objetos ocupan al espíritu humano; y así hay fanáticos en religión en política y hasta en ciencias y literatura; no obstante el significado más propio de la palabra fanatismo no sólo atendiendo a su valor etimológico sino también usual es cuando se aplica a materias religiosas; y por esta causa el solo nombre de fanático sin ninguna anadidura expresa un fanático en religión; cuando al contrario Si se le aplica con respecto a otras materias debe andar acompanado con el apuesto que las califiquen así se dice: fanáticos políticos fanáticos en literatura y otras expresiones por este tenor

Protestantismo comparado con el Catolicismo y sus realizaciones europeas, Jaime Balmes. 1842

Oración

Este amor es para nosotros una invitación apremiante, para que Vos nos digáis: ¡Mirad cuánto os amo! Dando mi Carne como alimento y mi Sangre como bebida, quiero con este contacto excitar vuestra caridad y uniros a mi; quiero llevar a cabo la transformación de vuestras almas en mí, que soy el crucificado, en mí, que soy el pan de la vida eterna; dadme, pues, vuestros corazones, vivid de mi vida, y viviréis de Dios

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra del Señor

Oración

Nosotros creemos firmemente; ¡oh Señor Jesús!, en este amor sumo que instituyó la Santísima Eucaristía, y aquí delante de esta Hostia es justo que adoremos este amor, que lo confesemos y lo ensalcemos como el gran centro de la vida de vuestra Iglesia

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra del Señor

Evangelio

San Mateo 11:2-10
Juan, que en la cárcel había oído ha- blar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nue- va; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti.

Palabra del Señor

El despotismo



se piensa así como toda forma de gobierno que no constituya una democracia representativa. Hete aquí la novedad de un concepto radicalmente modificado, que surge de una nueva concepción de la ley, según la cual esta no es más que el arreglo circunstancial de las voluntades de los hombres. Ya sea porque la representación directamente no existe, o porque la representación está viciada por el dominio que sobre ella ejercen sectores privilegiados, en la opinión de los revolucionarios franceses el despotismo se corona como la más inadmisible forma de gobierno: aquella en la que el pueblo no gobierna en ningún sentido. La incuestionable hegemonía del sistema democrático moderno que, desde entonces y hasta nuestros días, opera en Occidente encuentra en esta definición del despotismo un fundamento crucial: o gobierna el pueblo o gobierna el despotismo

«todo para el pueblo pero sin el pueblo*

Oración

¡Oh Corazón eucarístico, oh amor soberano del Señor Jesús, que habéis instituido del augusto Sacramento para permanecer acá abajo en medio de nosotros, para dar a nuestras almas vuestra Carne como alimento y vuestra Sangre como celestial bebida!

Evangelio

San Mateo 11:2-10
Juan, que en la cárcel había oído ha- blar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nue- va; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti.

Palabra del Señor

Evangelio

San Mateo 11:2-10
Juan, que en la cárcel había oído ha- blar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nue- va; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti.

Palabra del Señor