Seguir a arrogantes



Por tanto, es recto y apropiado, hermanos, que seamos obedientes a Dios, en vez de seguir a los que, arrogantes y díscolos, se han puesto a sí mismos como caudillos en una contienda de celos abominables. Porque nos acarrearemos, no un daño corriente, sino más bien un gran peligro si nos entregamos de modo temerario a los propósitos de los hombres que se lanzan a contiendas y divisiones, apartándonos de lo que es recto. Seamos, pues, buenos los unos hacia los otros, según la compasión y dulzura de Aquel que nos ha hecho, Porque está escrito: Los rectos habitarán la tierra, y los inocentes permanecerán en ella; mas los transgresores serán cortados y desarraigados de ella. (Pr. 2, 21-22; Sal. 37, 9) Y de nuevo dice: Si al impio elevado y exaltado como los cedros del Líbano. Y pasé, y he aquí ya no estaba; y busqué su lugar, y no lo encontré. Guarda la inocencia, y mira la justicia; porque hay un remanente para el pacífico. (Sal. 36, 35-37)

Clemente de Roma, Epistola a los Corintios
Padres Apostólicos Siglo I

La apreciación auténtica



La verdad es que toda apreciación auténtica se basa en cierto misterio, en cierta oscuridad, en cierta humildad. Quien dijo: <Bienaventurado el que no espera nada, pues no se verá decepcionado>, pronunció una máxima equivocada. La verdadera es <Bienaventurado el que no espera nada, pues se verá gloriosamente sorprendido>. El que no espera nada ve las rosas más rojas que los demás hombres, la hierba más verde, un sol más deslumbrante. Bienaventurado el que nada espera, pues poseerá ciudades y montes; bienaventurado el manso, pues heredará la tierra. Hasta que no nos demos cuenta de que las cosas pueden no ser, no podremos darnos cuenta de lo que las cosas son. Hasta que no veamos el fondo de oscuridad no podremos admirar la luz como cosa única y creada. En cuanto vemos la oscuridad, toda la luz se ilumina, repentina cegadora divina. Hasta que no imaginamos la no entidad, subestimamos la victoria de Dios, y no podemos darnos cuenta de las victorias de Su guerra antigua. Que nada sepamos hasta que no conocemos la nada es uno de los millones de bromas de la verdad

HEREJES. G.K. Chesterton

Trinidad



Además, cuando dice el mismo Apóstol: Para nosotros sólo hay un Dios, el Padre de quien todo procede, nosotros en Él; y un Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas y nosotros por Él (1Co. 8, 6), ¿quién duda que habla de todas las cosas creadas, como lo entiende San Juan cuando escribe: Todo fue hecho por Él?

Pregunto, además, de quien se habla en este pasaje: Porque de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas, a Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Si se refiere al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, es decir, de Él al Padre; por Él al Hijo, al en Él, al Espíritu Santo entonces es evidente que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios, pues añade en singular: A Él la gloria por los siglos de los siglos. Donde tomé esta sentencia, no dice: ¡Oh profundidad de la riqueza, sabiduria y ciencia del Padre, o del Hijo, o del Espiritu Santo, sino sencillamente de la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios y cuán inescrutables sus caminos! ¿Quién conoció el pensamiento del Señor? O ¿quién fue su consejero? 0 ¿quién le dio primero para tener derecho a la retribución? Porque de Él, por Él y en Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén (Rm. 11, 33-36)

De Trinitate.  Agustín de Hipona

Oración

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias

Evangelio

San Mateo 11:25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Oración

Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos

Evangelio

San Mateo 13:44-52
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas.»

Palabra del Señor

Oración

Bendito sea San José, castísimo Esposo

Evangelio

San Mateo 25:1-13
«Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: `¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: `Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ Pero las prudentes replicaron: `No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: `¡Señor, señor, ábrenos!’ Pero él respondió: `En verdad os digo que no os conozco.’ Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Palabra del Señor

Despedida



Perdóneme, en el nombre de Dios. He hablado mucho y los Padres declaran que una conversación, incluso espiritual, no es más que vanidad, si dura mucho tiempo. Ahora ya es tiempo de que vaya a reencontrar a aquél que me debe acompañar a Jerusalén. Por favor, ore por mí, pobre pecador, para que el Señor en su misericordia transforme en algo bueno este, mi camino hacia a El

Te lo auguro de todo corazón, mi hermano querido en el Señor -respondió él-. Que la Gracia infinita de Dios ilumine tus pasos, y se encargue de caminar contigo en el camino, como el ángel Rafael con Tobías

RELATOS DE UN PEREGRINO RUSO. Anónimo