Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que «quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9): «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos (Plegaria eucarística I o Canon Romano, 88: Misal Romano)
Solo Dios
Publicado porpaquetecuetePublicado en Amor, Antiguo Testamento, Biblia, Catecismo de la Iglesia Católica, Nuevo Testamento, Una Santa Católica y Apostólica, Vida
Publicado por paquetecuete
Cristiano Católico Apostólico y Romano Ver más entradas