Categoría: Vida

Simón Bar-Jonah


cómo portavoz del grupo, proclamó una verdad muy profunda: el dogma de la encarnación (Juan 6, 68-69). Jesús explicó a simon que a tal doctrina no se podía acceder por un procedimiento natural; Simon había recibido una revelación especial de Dios. y Simon con la ayuda de Dios había hablado infaliblemente

Complacer a Dios

Que nos importan a nosotros tantas noticias raras? La persona a quién habla la Verdad Eterna se libra de la preocupación de muchas noticias inútiles

Porque todo depende es del Hijo Eterno de Dios. Sin El nadie juzga ni entiende nada completamente

Quien descansa tranquilo en Dios tiene firme su corazón, y para el todas las cosas se resumen en una sola: tener contento a Dios

Imitación de Cristo (Tomás de Kempis)

Carníboros = Cristianos


Es curioso que quienes normalemente insisten en la lectura estrictamente literal de la Biblia, luego quieran interpretar estos pasajes como si se tratara de una metáfora. Jesús no emplea Pan, Sangre y Carne como metáforas. El lenguje del discurso del Pan de Vida choca a sus oyentes. Los verbos que utliza son tadavía más gráficos en griego. En realidad, lo que dice a los allí reunidos es que deben “masticar” o “roer” su carne. Y cuanto más sorpresa y rechazo observa en la gente más gráfico y realista se vuelve el lenguaje de Jesús.
Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: Es dura esta enseñanza, Quién puede escucharla? (Juan 6, 60). Y esto se puede decir con verdad no sólo de la gente que se congregó ese día alrededor de Jesús en Cafarnaún, sino también de muchos cristianos a lo largo de la historia. Parece estrafalario e indecoroso que un Dios mande a los creyentes que coman su carne y beban su sangre. Y parece extraño que prescriba comer pan como el princial acto de culto. Pero así lo hizo. Por eso las sucesivas generaciones de cristianos soportaron injustas acusaciones de canibalismo por parte de sus perseguidores romanos. Y a pesar todo, nunca negaron la presencia real de Jesús en la Eucaristía. También hoy los católicos sobrellevaron las burlas de algunos otros cristianos por esta cuestión, pero no queremos alejarnos de las inequívocas palabras del Nuevo Testamento
Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos estaban murmurando de esto, les dijo: Esto os escandaliza? (Juan 6, 61). Y continuó diciendo: “La carne no sirve de nada”; lo cual sugiere un camino nada sencillo que va más allá de su lenguaje realista, porque no hablaba aquí de su porpia carne; que ciertamente nos aprovecha para nuestra salvación!
Jesús no nos pone aquí una trampa. Con san Pedro, la Iglesia debe responder: “Señor, a quien iremos? Tu tienes palabras de vida eterna (Juan 6,68). Nosotros escuchamos esas Palabras de Vida, que vemos encarnadas en el Pan de Vida, en cada Misa a la que asistimos

Un pan Sagrado

(comparación del antiguo y nuevo testamento)
Levítico 24:9 Será para Aarón y sus hijos, y lo comerán en lugar sagrado; porque es cosa sacratísima, tomada de los manjares que se abrasan para Yahvé. Es decreto perpetuo.»
Evangelio según San Juan 6:35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.

La sabiduría



«La sabiduría es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad» (Sb 7, 25-26) «La sabiduría es, en efecto, más bella que el Sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora, porque a la luz sucede la noche, pero contra la sabiduría no prevalece la maldad» (Sb 7, 29-30) «Yo me constituí en el amante de su belleza» (Sb 8, 2).

Quién me sigue no anda en tinieblas


dijo el Señor. Esas palabras son de Cristo y con ellas nos enseña a imitar su vida y sus virtudes si queremos gozar de la luz verdadera y librarnos de la ceguera del alma
Por esto, el más profundo y serio de nuestros estudios tienen que ser la meditación acerca de la vida de Jesucristo
Consejos Útiles para llevar una vida espiritual (Imitación de Cristo y Desprecio de las Vanidades del Mundo) Tomas de Kempis

Guerra Cultural

Pero esto pertenece ya a los artificios con que los modernistas expenden sus mercancías. Pues ¿qué no maquinan a trueque de aumentar el número de sus secuaces? En los seminarios y universídades andan a la caza de las cátedras, que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia. Aunque sea veladamente, inculcan sus doctrinas predicándolas en los púlpitos de las iglesias; con mayor claridad las publican en sus reuniones y las introducen y realzan en las instituciones sociales. Con su nombre o seudónimos publican libros, periódicos, revistas. Un mismo escritor usa varios nombres para así engañar a los incautos con la fingida muchedumbre de autores. En una palabra: en la acción, en las palabras, en la imprenta, no dejan nada por intentar, de suerte que parecen poseídos de frenesí.
Y todo esto, ¿con qué resultado? ¡Lloramos que un gran número de jóvenes, que fueron ciertamente de gran esperanza y hubieran trabajado provechosamente en beneficio de la Iglesia, se hayan apartado del recto camino! Nos son causa de dolor muchos más que, aun cuando no hayan llegado a tal extremo, como inficionados por un aire corrompido, se acostumbraron a pensar, hablar y escribir con mayor laxitud de lo que a católicos conviene. Están entre los seglares; también entre los sacerdotes, y no faltan donde menos eran de esperarse: en las mismas órdenes religiosas. Tratan los estudios bíblicos conforme a las reglas de los modernistas. Escriben historias donde, so pretexto de aclarar la verdad, sacan a luz con suma diligencia y con cierta manifiesta fruición todo cuanto parece arrojar alguna mácula sobre la Iglesia. Movidos por cierto apriorismo, usan todos los medios para destruir las sagradas tradiciones populares; desprecian las sagradas reliquias celebradas por su antigüedad. En resumen, arrástralos el vano deseo de que el mundo hable de ellos, lo cual piensan no lograr si dicen solamente las cosas que siempre y por todos se dijeron. Y entre tanto, tal vez estén convencidos de que prestan un servicio a Dios y a la Iglesia; pero, en realidad, perjudican gravísimamente, no sólo con su labor, sino por la intención que los guía y porque prestan auxilio utilísimo a las empresas de los modernistas.

CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

El martirio



es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 4, 1)

Con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las actas de los Mártires, que constituyen los archivos de la Verdad escritos con letras de sangre: «No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí morir en Cristo Jesús que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca» (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 6, 1-2)

«Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires. Has cumplido tu promesa, Dios, en quien no cabe la mentira y eres veraz. Por esta gracia y por todo te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por Él, que está contigo y con el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén» (Martyrium Polycarpi, 14, 2-3)

Ignacio de Antioquía

Biblia

“Si crees lo que te gusta en los evangelios y rechazas lo que no te gusta, no crees en el evangelio, sino en ti mismo”.

San Agustín de Hipona

Dar testimonio de la verdad



Ante Pilato, Cristo proclama que había “venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). El cristiano no debe “avergonzarse de dar testimonio del Señor” (2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una “conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” (Hch 24, 16)

El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16):

«Todos los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11).