Placeres y diversiones ilícitos

Asistimos a una sociedad hedonista, caracterizada por una obsesiva búsqueda del placer e incapaz de sufrir; por lo tanto, cada vez más incapaz de amar. Una sociedad que enseña a los hombres a “vivir para sí”, ignorando que la desesperanza más absoluta del hombre es no tener para quién vivir, por quién dar la vida, y vivir para sí, simplemente para procurarse placeres. Se trata de placeres momentáneos y desordenados, que esclavizan y hacen dependiente a la persona éalcohol, drogas, sexo desordenado- que rápidamente pasan y no brindan alegría profunda al corazón; son momentos de disfrute, mas no de alegría duradera.
Teatros, cines, discotecas, bares, bailes inmorales, centros de perversión, playas y piscinas con inmoral promiscuidad de sexos, revistas, periódicos, novelas, vitrinas, conversaciones torpes, que lo único que hacen es erotizar cada vez más al hombre robándole su capacidad reflexiva. En el mundo no se piensa ni se vive más que para la diversión, a la que se le sacrifica muchas veces el descanso, el compartir familiar y hasta lo materialmente necesario para vivir

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