Categoría: Regalo de Dios

Comunión de los Santos


María ocupa un lugar único en la Comunión de los Santos. Dios, al encarnarse en las entrañas de María, le concedió un papel central en la historia. Permitió que el curso de la redención dependiera del consentimiento de ella. Dios estableció que en la vida de la Virgen, entretejida con la de Jesús, se cumplieron muchas de las promesas del Antiguo Testamento
Nadie puede negar que María alumbró una bendición de Dios que resultó ser la más singular de todas desde la misma creación. En el Apocalipsis, Dios proclama: “Benditos son los que murieron en el Señor”. Y María es bendecida desde el mismo momento en que nos la encontramos en las páginas de los evangelios (Lucas 1,42)
Ella recibe, en efecto, algo más que una bendición. Aprendemos de su angélico visitante, al comienzo del Evangelio de Lucas, que María es la “llena de gracia” (Lucas 1,28). Los ángeles la saludan como si esa expresión fuese un título: “!Ave, la Llena de Gracia!” . Algunas traducciones interpretan el pasaje así: “Ave, agraciada!”. La traducción ciertamente resulta difícil, porque la palabra griega en cuestión, Kecharitomene, no aparece casi nunca en la literatura antigua. Cuando en algún otro lugar del Nuevo Testamento se quiere describir algo como “lleno de gracia” se emplea una expresión diferente, como por ejemplo plebles charito en el caso de Esteban (Hechos 6,8)
La misma singularidad del término da idea de la singularidad de la condición de Maria. La forma gramatical griega indica que su “gracia” o “favor” es una condición presente y permanente, resultante de una acción llevada a cabo por Dios. Incluso la forma de saludarla de los ángeles resulta única si se analizan las Escrituras. Es la única vez que un ángel se dirige a alguien empleando un título en lugar de un nombre personal.
Isabel, la prima de María, inspirada por Dios, reconoce el carácter único de la joven cuando exclama: “!Bendita seas enre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!” (Lucas 1,41-42). De nuevo, María -a diferencia de los otros santos- es “santificada” en vida, desde el primer momento en que aparece; y no sólo al morir “en el Señor”.
María misma testifica que aquello es solamente el comienzo: “… me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1,48), una afirmación que parecería arrogante en boca de cualquier otro personaje histórico. A muy pocos se les recuerda al dejar de existir; muchos menos, miles de años después. Sin embargo, la Biblia misma ha canonizado la singular proclamación de aquella muchacha de Nazaret.
Y la bendición de María -su santidad- no es algo exclusivo del Evangelio de Lucas. También aparece en el libro del Apocalipsis. En el clima dramático de la visión de Juan, él ve “una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Está encinta” (Ap 12, 1-2). El hijo de la mujer es un “hijo varón… que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro” y desde “su trono” (v 5) El hijo es claramente Jesús; y la mujer radiante, su madre. Luego observamos a María coronada en los cielos y enjoyada con luces cósmicas; un privilegio exclusivo no sólo a las demás mujeres, sino respecto al conjunto de la raza humana. Y al ser un privilegio celestial, también lo es eterno
Cf. Bernard J lefrois SVD, The Woman Clothed with the Sun: Individual or Collective (Roma. Orbis Catholicus, 1954); Hans Urbs von Balthasar y Joseph Ratzinger, Mary: The Church at the Source.

Mérito

El mérito del hombre ante Dios en la vida cristiana proviene de que Dios ha dispuesto libremente asociar al hombre a la obra de su gracia. La acción paternal de Dios es lo primero, en cuanto que Él impulsa, y el libre obrar del hombre es lo segundo, en cuanto que éste colabora, de suerte que los méritos de las obras buenas deben atribuirse a la gracia de Dios en primer lugar, y al fiel, seguidamente. Por otra parte, el mérito del hombre recae también en Dios, pues sus buenas acciones proceden, en Cristo, de las gracias prevenientes y de los auxilios del Espíritu Santo.

Provida

La causa provida cada vez tiene más seguidores. A pesar de las legislaciones y de los escalofriantes datos que existen hay más defensores activos que dan lo mejor que tienen para defender la dignidad humana. Pero, ¿qué es ser provida? No es solamente estar contra el aborto o la eutanasia sino contra cualquier práctica que sea una afrenta a la dignidad humana y que muchas veces se comete en la rutina del día a día.

Estar a favor de la vida significa amar el don de Dios de la vida y actuar con ese amor con todas las personas, las que amamos y las que nos atacan. Por ello, hay 34 puntos que su familia puede realizar para ser una familia provida.

Son pequeñas cosas que puede hacer en el día a día y algunas de las cuales pueden llevar a cabo todos juntos. Estos puntos fueron publicados originalmente en Catholic Digest y han sido adaptados a la realidad española. Nunca olvide una cosa: no se desespere si ve que va siempre a contracorriente, no está solo. Dios nada a su lado. Estos son algunos de los muchas cosas que se pueden hacer:

  1. Dar la vida. Usted puede plantearse la posibilidad de adoptar o acoger un niño. Si no puede siempre existe la posibilidad de contribuir ayudando a los padres adoptivos. Del mismo modo, puede colaborar con su tiempo o dinero con alguna organización que trabaja con madres jóvenes, ofreciendo su experiencia.
  2. Adoptar espiritualmente un bebé en peligro de aborto. Durante nueve meses su familia puede rezar esta oración que escribió el obispo estadounidense Fulton Sheen: “Jesús, María y José, os quiero mucho. Os ruego que perdonéis la vida del bebé no nacido que he adoptado espiritualmente, que está en peligro de aborto”. O bien, también puede rezar esta otra: “Señor Jesús, por mediación de María, Tu Madre, que te dio a luz con amor, y por intercesión de San José, quien contempló extasiado el Misterio de la Encarnación y se ocupó de Ti tras tu nacimiento, te pido por este pequeño no nacido que he adoptado espiritualmente, y que se encuentra en peligro de ser abortado. Te pido que des a los padres de este bebé amor y valor para que le permitan vivir la vida que Tú mismo le has preperado. Amén”.
  3. Dar de manera rutinaria. Cuando haga las compras para su familia, puede adquirir el hábito de coger un producto extra (algo de comida, pañales, calcetines) y donarlo a un banco de alimentos, una organización caritativa o de ayuda a madres sin recursos.
  4. Participar en campañas a favor de la vida como por ejemplo 40 días por la Vida.
  5. Participe en algún grupo. Puede participar en alguno de los grupos próvida y ofrecer su tiempo. También puede ayudar a abrir algún grupo en su parroquia.
  6. Hacer correr la voz. Siempre con el permiso de su párroco puede dejar folletos provida en la entrada de su iglesia.
  7. Amar toda vida humana. Hacer un esfuerzo especial para ser amable con quien le hace sentirse incómodo: los discapacitados físicos o mentales, los ancianos, personas malolientes o personas solitarias, etc. Cinco minutos de conversación amistosa pueden ser un bálsamo para ellas.
  8. Educarse a sí mismos y a otros. Los niños también pueden tener un papel importante educando a sus maestros y compañeros. Cuando tengan que hacer un trabajo, realizarlo sobre la familia, por ejemplo.
  9. Sea un motivador. Muestre una sonrisa alentadora a los padres jóvenes que luchan con su hijo que grita en la parte trasera de la iglesia.
  10. Ponerse en pie y habla. Acuda a las marchas y concentraciones por la vida o participe en alguna demostración pública de su fe. Los católicos deben tener la experiencia de mostrar su fe en público en algún momento de sus vidas.
  11. Rezar más. Alguna vez al mes, rece un Rosario en voz baja frente alguna clínica abortista, tal y como hace por ejemplo la escuela de Rescatadores de Juan Pablo II en Madrid.
  12. Cuide sus palabras. Si acude a alguna protesta o marcha recuerde que está mostrando el rostro de Cristo en el mundo. Nunca sea grosero. Recuerde que la mujer que acude a una clínica abortiva a menudo se siente como si no tuviera otra opción. Ella es una víctima también.
  13. Comparta a su bebé. Si tiene la suerte de tener uno muestre al mundo la belleza de tener un niño, que la gente pueda admirar esta gracia.
  14. Use imágenes hermosas. Siempre que sea posible muestre las hermosas imágenes de los bebé no nacidos vivos.
  15. Echar una mano a las nuevas mamás. Toda ayuda es poca para ellas en ese momento.
  16. Ser bueno con la propia familia. Al recibir el Premio Nobel de la Paz, Madre Teresa de Calcuta tuvo que responder qué se podía hacer para promover la paz en el mundo. Ella dijo: “Vete a casa y ama a tu familia”. La causa provida también empieza en la familia, en su propia casa.
  17. La alegría de la familia en público. Usted no tiene porqué estar todo el día feliz, sonriente e intentando mostrar siempre la perfección en su familia pero no tiene que dar tampoco la impresión de que sus hijos son una carga terrible que querría quitarse de en medio. Especialmente si es una familia numerosa recuerde que los niños son siempre una alegría.
  18. Visite una residencia de ancianos. Muchos de los que allí viven no reciben nunca una visita. Ellos estarían encantados de hablar con alguien o de escuchar a sus hijos recitarles un poema o cantarles una canción.
  19. Sea positivo. No esté todo el día quejándose de todo lo malo que hay en el mundo y procure también resaltar lo positivo. Cuente historias que muestren el heroísmo y la generosidad de las personas. Este mundo necesita esperanza en estos momentos de tanta incertidumbre.
  20. Querer a todas las personas. Les cueste lo que les cueste intente hablar a otras personas mostrando que las reconoce su dignidad como hijos de Dios. Es muy fácil ser respetuoso con los que estamos de acuerdo pero estar a favor de la vida significa defender la dignidad de toda vida, también de la gente que no le gusta.
  21. No olvide a los hombres. Recuerde que los hombres también sufren en el aborto y que no tienen ninguna potestad legal en la decisión de abortar. Rece a San José por todos los hombres que participen en su vida y entienda que ellos también sufren por la vida y los asuntos de la muerte.
  22. Un símbolo externo. Una pegatina en el coche que sea positiva contra el aborto o una camiseta que porte podría ser el mensaje que alguien tuviera que ver un día y que le cambiase para siempre.
  23. Llegar a los políticos. Escriba cartas a sus representantes en las instituciones.
  24. Haga sus deberes en casa. Asegúrese de que tanto los adultos como los adolescentes de su casa estén informados de por qué la Iglesia se opone al aborto, la eutanasia o a la investigación con células madre embrionarias, etc Nunca sabe cuando va a ser interrogado en público por ello y deba defender su punto de vista. Por ello, debe estar preparado.
  25. Dedique tiempo a los moribundos. Puede también ser voluntario en un hospicio o convertirse en un ministro extraordinario de la Eucaristía que lleve la Sagrada Comunión o el Santísimo a los moribundos y a las personas que no pueden salir de sus casas.
  26. Rezar a los santos. Puede empezar por los patrones de los movimientos provida: San Maximiliano Kolbe, Santa Faustina, San José, Santa Isabel, Santa Gianna Molla o Nuestra Señora de Guadalupe.
  27. Orar por los trabajadores del aborto. Los testimonios de aquellos que colaboraron en este sector de la muerte y que lo dejaron son impresionantes.
  28. Sea mejor que los promuerte. Los defensores del aborto o la eutanasia intentan deshumanizar a sus víctimas indefensas con el fin de hacer más aceptable el daño que causarán. Nunca deshumanice a las personas que se opongan a usted, con palabras o con el corazón. En su lugar, rece por ellas.
  29. Manténgase informado. Esté siempre al tanto de las noticias sobre el movimiento provida. Hay muchas en todo el mundo, también en España, como Derecho a Vivir o Profesionales por la Ética.
  30. Votar de manera responsable. Cuando haya elecciones, dé importancia a la causa provida.
  31. Apoye a los médicos provida. Recuerde que muchos de ellos han sacrificado sus carreras y sus afectos en el sector por defender con firmeza sus convicciones.
  32. Siga las enseñanzas de la Iglesia. Rechace los métodos anticonceptivos artificiales y no tenga miedo a lo que dice la Iglesia. Estar abierto a la vida está en el corazón de respetar la vida.
  33. Ser amable y cariñoso. Cuando hable de mujeres que han abortado recuerde que muchas personas tienen un pasado que lamentan y pueden estar escuchando. Las palabras crueles y duras pueden hacerles mucho daño.
  34. Esperanza. Este último punto es muy importante pues ayuda a realizar los 33 anteriores. A pesar de que las leyes y los gobernantes vayan en dirección contraria o que la mayoría de la gente no apoye nuestras reivindicaciones ponga su confianza en Dios. No luchamos solos en esta guerra.

Mérito

El término “mérito” designa en general la retribución debida por parte de una comunidad o una sociedad a la acción de uno de sus miembros, considerada como obra buena u obra mala, digna de recompensa o de sanción. El mérito corresponde a la virtud de la justicia conforme al principio de igualdad que la rige

Frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito por parte del hombre. Entre Él y nosotros, la desigualdad no tiene medida, porque nosotros lo hemos recibido todo de Él, nuestro Creador.

Él mérito

«Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra» (Prefacio de los Santos I, Misal Romano; cf “Doctor de la gracia” San Agustín, Enarratio in Psalmum, 102, 7)

Entonces, el mérito para quien es, si todo viene de Dios?

Eucaristía

Toda la revelación de la obra de la salvación tiene un carácter sorprendente, y la Eucaristía constituye la cumbre del misterio en el que, del modo más sencillo, el cumplimiento del designio divino ha superado con mucho toda posible esperanza
Pablo VI Discurso 1/10/1966 Insegnamenti 4, 449

Castidad

La persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5, 37).