Purgatorio



Además, es de lógica el pensar en que todo daño se debe reparar, así mismo pasa con el pecado. Todo pecado causa en el alma dos cosas: culpa y pena (cf. 2 Sam 12,13-14; 24,12). No basta pedir perdón, además hay que resarcir (reparar) el daño hecho, no porque Dios lo necesite sino porque nuestra alma lo necesita. El ejemplo del clavo en la pared: se quita el clavo (perdón de la culpa) pero queda el hueco (pena) que hay que resanar. En la confesión se perdonan nuestras culpas pero nos queda el deber de reparar el mal hecho; sino lo hacemos en vida, a través de la oración, la penitencia y las buenas obras, lo haremos en el purgatorio.

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