Cargar la cruz

Cargar la cruz

«Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón a quien le obligaron a llevar la cruz» (Mt 27, 32). Cirene fue una ciudad de Libia que desde el siglo IV antes de Cristo, era sede de una de las más importantes comunidades judías del Norte de África. Los Hechos de los Apóstoles nos informan que los de Cirene tenían una sinagoga en Jerusalén (Hch. 6, 9); más adelante nos narran la conversión de los cireneos al cristianismo siendo pioneros en la predicación del Evangelio a los no judíos (Hch. 11, 20). Probablemente Simón fuese una persona de rango, un propietario de tierras puesto que según Marcos y Lucas volvía de su granja cuando fue interceptado. Estos propietarios de tierras aparecen de forma destacada en la comunidad cristiana de Jerusalén: «Cuantos poseían campos o casas las vendían, traían el producto de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles» (Hch. 4, 34- 35). El encuentro con el Cireneo debió tener lugar al mediodía, en pleno mes de abril, cuando el ardor del sol todavía no resultaba insoportable y todos debían emprender el regreso a sus casas por ser ese viernes muy solemne, en vísperas de la Pascua (los rabinos aconsejaban finalizar los trabajos justamente a mediodía, unas horas antes del inicio del descanso sabático, para ocuparse en familia de los complejos preparativos de las ceremonias pascuales). Detrás del condenado, como era habitual, se formaba un cortejo compuesto por un piquete de soldados que desfilaban por la ciudad delante de los curiosos, cumpliéndose así lo que decía Quintiliano[ 81]: Se infligía esta pena (la crucifixión), «más que para castigo del reo, para ejemplo y escarmiento de todos»[ 82]

Ahora bien, la intervención de Simón fue parte del procedimiento judicial romano. Los exactores morties (soldados encargados de ejecutar la sentencia) tenían la facultad de obligar, en caso de necesidad, a quien ellos quisieran para secundarles en su tarea respecto de semejante trabajo forzoso[ 83]. Resulta, por tanto, adecuada la expresión técnica, o el término jurídico concreto empleado por Marcos angareuousin (Mc 15,21), que refiere a una requisa legal romana. El investigador israelí, Salomón Sofrai, dice que «entre las prácticas más difundidas por las fuerzas de ocupación romana estaba la de exigir de los viandantes servicios humillantes en los días de las grandes fiestas judías». Flusser añade además que «para que esta humillación fuese todavía más sangrante, esos servicios se imponían, cuando era posible, a las personas de rango en Israel más que a los judíos corrientes»[ 84]. Por tanto, nada debería extrañar la figura de Simón de Cirene cargando la cruz a la par de Cristo

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: