«La igualdad de gènęrø»



es uno de los 17 «Objetivos de desarrollo sostenible» de la Agenda 2030 de la ONU.

En el verano de 2002, el Ministerio Federal de Familia de Alemania publicó un folleto titulado «Gėndęr Mainstreaming – What is it?», en el que se explicaba el término, entonces todavía muy desconocido, de la siguiente manera: «’ Gēndėr’ proviene del inglés y se refiere a los roles de gènęrø de mujeres y hombres conformados social y culturalmente. Estos son—a diferencia del gènęrø biológico— aprendidos y, por tanto, también susceptibles de cambiarse. La transversalización significa que una determinada especificación de contenidos, que antes no determinaba las acciones, pasa a ser un componente central en todas las decisiones y procesos. La transversalización de gènęrø es, por tanto, una ORDEN [Nota: mayúsculas del Ministerio de Familia] al responsable de un organismo, de una organización, de una empresa y a todos los empleados para que tengan en cuenta los diferentes intereses y situaciones vitales de las mujeres y los hombres […] para poder realizar eficazmente el objetivo de la igualdad entre mujeres y hombres»

Aunque a primera vista esta explicación da a entender que la transversalización de gènęrø es solo un nuevo término para llevar a cabo la igualdad de gènęrø en la vida pública, las ambiciones igualitarias de este concepto van en realidad mucho más allá. En realidad, la transversalización de gènęrø no consiste en la igualdad de derechos, sino en la abolición fundamental de la distribución tradicional de los roles entre los gènęrøs en la convivencia humana y en la completa eliminación de las diferencias en el comportamiento social de hombres y mujeres, lo que no significa otra cosa que revolucionar también la vida privada y la toma de decisiones personales de los ciudadanos para que sean de género neutro.

Por ejemplo, el folleto del Ministerio de Familia denuncia que existe una desigualdad entre los gènęrøs en cuanto a la elección individual de la ocupación, el uso preferente del transporte y las actividades deportivas de ocio. Y si uno se pregunta ahora qué le importa al Estado qué profesión elige un hombre o una mujer, qué medio de transporte prefieren los dos gènęrøs o qué deporte practican en su tiempo libre, entonces se llega inevitablemente a la conclusión de que el gobierno, con su «orden» impuesta por el Estado de integrar la
transversalización de gènęrø, no se preocupa evidentemente de cumplir la voluntad de sus ciudadanos—lo que debería ser algo natural en una democracia—, sino de reeducar a los ciudadanos.

Llegados a este punto, habría que preguntarse de dónde procede este concepto y en interés de quién se impone ahora políticamente en todo el mundo.


Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asexuada. Alejandro Kaiser

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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