La mediofondista sudafricana Caster Semenya deja atrás a todas sus rivales. Pero eso se debe principalmente a que no es una mujer, sino un hombre. Semenya no tiene ni ovarios ni útero, pero sí testículos ocultos y altos niveles de testosterona. Una sentencia del Tribunal Internacional de Arbitraje Deportivo (TAS) de Lausana obligó a Semenya a reducir artificialmente sus niveles de testosterona para poder seguir compitiendo como mujer. Al parecer, entretanto se ha descartado la decisión de excluir definitivamente a los atletas de origen masculino de las competiciones deportivas femeninas, por ser po lítica m ente incorrecto.
Se casó en el 2015 con una mujer, considerado como una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time
Las raíces ocultas de la agenda de gènęrø: El plan maestro para una sociedad asêxû@da. Alejandro Kaiser
