Fausto de Goethe


Destrucción para la construcción

el indiscutido héroe de la modernidad, escrito aproximadamente entre 1770 y 1831, es decir, en pleno auge modernizador. El trabajo de Goethe se inicia en un contexto de condiciones espirituales ya modernas, y concluye , nada menos que en tiempos de la Revolución Industrial, es decir, bajo la emergencia de condiciones materiales decisivamente modernas. Marshall Berman ha analizado la modernidad, entre otras cosas, a través del Fausto, de una forma que resulta interesante recuperar.

Fausto es un intelectual desligado, producto de las condiciones que, a partir del Renacimiento y la Reforma, generaron un grupo social más o menos independiente cuyo lugar en el sistema productivo se daba bajo el dominio de lo intangible: producción de ideas y producción de cultura se volvieron, en suma, formas (laicas) de producción. En otras palabras, Fausto es un producto de la creciente división social del trabajo —corazón de la modernidad— que logra separar con claridad el trabajo sobre la materia del trabajo sobre la cultura.

Así pues, dispuesto a liberar gigantescas energías humanas que, no obstante, producirán al mismo tiempo grandes costes para los hombres mismos, se desarrolla esta historia que configura la tragedia arquetípica del desarrollo moderno: la creación destructiva schumpeteriana.

La paradoja a la que se enfrenta Fausto, presentada por Mefisto, a quien aquel le ha ofrecido su alma a cambio de juventud, amor y conocimiento, es resumida por Berman de la siguiente forma: No podrá crear nada a menos que esté dispuesto a permitirlo todo, a aceptar el hecho de que todo lo que ha creado hasta ahora —y desde luego todo lo que él podría crear en el futuro— debe ser destruido para empedrar el camino de otras creaciones. Esta es la dialéctica que el hombre moderno debe asumir para avanzar y vivir; y es la dialéctica que pronto envolverá y moverá a la economía, el Estado y la sociedad modernos como un todo

Opinions littéraires, philosophiques et industrielles (París: Galérie de Bossange Pére

Berman, Todo lo sólido se disuelve en el aire, p. 40.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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