No puede haber un ser Omnisciente y Libre



Argumento: Dios, si existe, debe constituirse como un ser Omnisciente y Libre. Pero ello es imposible ya que un ser Omnisciente debe saber de antemano incluso qué decisiones tomará en el futuro y, en cambio, un ser Libre debe tener siempre abierta la posibilidad de tomar decisiones distintas. Por tanto, no puede haber un ser Omnisciente y Libre. Luego, Dios no existe.

Refutación: Este “argumento” para demostrar la inexistencia de Dios puede encontrarse en el pensador austríaco Ludwig von Mises quien nos dice: “¿ Es acaso compatible la omnipotencia con la omnisciencia? La omnisciencia implica que todos los futuros sucesos han de producirse de modo inexorablemente preestablecido. No es lógicamente concebible que un ser Omnisciente sea, al mismo tiempo, Omnipotente. Su incapacidad para variar ese predeterminado curso de los acontecimientos argüiría en contra de la aludida Omnipotencia”. Para responder a este “argumento” basta con decir que carece totalmente de validez porque
comete una falacia de blanco móvil al definir artificiosamente los dos términos esenciales de la “demostración”, a saber: los atributos divinos de Omnisciencia y Libertad. Comencemos por el primero. Es evidente que el “argumento” comete una falacia de blanco móvil con el concepto de Omnisciencia porque al decir que “un ser Omnisciente debe saber de antemano incluso qué decisiones tomará en el futuro” está claramente asumiendo que en el conocimiento divino hay sucesión lo cual es todo lo contrario de lo que afirma el teísmo. En efecto, ya Santo Tomás de Aquino había dicho con mucha claridad que Dios, en su eternidad, “ve las cosas simultánea y no sucesivamente”; y a su vez, San Agustín había dicho que Dios “no va conociendo las cosas una por una, como si su ciencia fuese pasando de unas a otras, sino que las conoce todas a la vez”. Por tanto, tenemos que Dios, siendo Eterno y Acto Puro, no conoce las cosas que va a hacer antes de hacerlas porque Él simplemente Es y, por tanto, no puede tener un “antes” o un “después” ni en su ser ni en su conocer.

Pasemos ahora a analizar el concepto de Libertad divina. Como el lector perspicaz ya se habrá podido dar cuenta, aquí el gran problema del “argumento” consiste en que se queda únicamente con la definición de libertad en potencia, es decir, como posibilidad de elección entre distintas alternativas, y no toma en cuenta para nada la noción de libertad en acto, es decir, como realización plena de lo determinado por la voluntad de un sujeto. Aclaremos esta distinción por medio de un ejemplo. Supongamos un joven termina con su enamorada y tiene la posibilidad de estar con cualquiera de un grupo de cinco muchachas. He ahí su libertad en potencia. Ahora imaginemos que realmente decide estar con una de ellas.

Ello implica que tiene que renunciar a las otras cuatro. ¿Significa eso que deja de ser libre? No, solo implica que está pasando de su libertad en potencia a su libertad en acto. Tal vez sus amigos le digan que ya no es “libre” porque no puede coquetear con otras chicas pero, hablando en sentido estricto, él sigue siendo tan o más libre que antes pues al realmente decidirse a estar con una de las chicas está realizando aquello que autónomamente había determinado su voluntad, que es justamente lo propio de la libertad. Ahora bien, ¿cuál de estos dos conceptos de libertad corresponde a Dios? Obviamente el de libertad en acto. ¿Por qué? Porque Dios, al constituirse como Acto Puro, no depende de posibilidades externas a Él para ejercer su Libertad sino que más bien ésta surge como consecuencia de la Perfección y Poder de su Voluntad que, en lugar de depender de alternativas, crea ella misma sus alternativas. “La Voluntad de Dios es causa de los seres”, escribe Santo Tomás de Aquino (36). Por tanto, al definir a un ser libre como aquel que “siempre debe tener abierta la posibilidad de tomar decisiones distintas” el “argumento” no solo está cometiendo una falacia de blanco móvil al tomar una definición de la Libertad divina que no es la del teísmo, sino que también comete una falacia de petición de principio ya que su definición de libertad elimina a priori la
posibilidad de que exista un ser cuya libertad se dé en Acto Puro (Dios) y, por tanto, está presuponiendo desde sus premisas la conclusión a alcanzar. Queda, pues, refutado el “argumento”.

*Fotografía Ludwig von Mises Austrian-American economist (1881–1973)

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, 25, art. X rpta

C. S. Lewis, El Problema del Dolor, Magdalen College, Oxford, 1940, pp. 9-10

Ludwig von Mises, La Acción Humana, Unión Editorial, Madrid, 1980, p.119

Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, 14, art. V

San Agustín, De Trinitate, Lib. XV.

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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