¿El evangelio de San Juan no es histórico?



El Evangelio de Juan simple y llanamente no puede ser considerado como un documento histórico pues se trata de un escrito claramente apologético (cfr. Juan 20: 31) que, además, presenta varios énfasis y agregados teológicos que no constan en los tres primeros Evangelios. Luego, no se prueba la conclusión de la primera vía. Respuesta: Este tipo de objeción, si bien no es universal, es bastante común en el contexto académico actual. Básicamente se afirma que, dado que el Evangelio de Juan tiene un marcado y explícito carácter teológico, debe ser descartado de plano como fuente histórica por cualquier investigador serio. Así, citando el texto de Juan 20: 31 (“ Pero estas cosas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios…”), se aduce que la intención apologética del libro invalida desde ya su carácter histórico.

Pues bien, a esta primera parte de la objeción se puede responder lo siguiente: Primero, que constituye una falacia de falso dilema el plantear que lo teológico y lo histórico son necesariamente incompatibles a menos que uno parta desde ya del presupuesto de que lo teológico nunca puede ser histórico, con lo cual estaría cayendo en una falacia de petición de principio pues se estaría descartando el Evangelio no por criterios históricos sino por prejuicios filosóficos. Segundo, que existen muy atendibles razones históricas que pueden explicar coherentemente por qué el Evangelio de Juan es “más teológico”. Al ser el último de los Evangelios y constando ya en los anteriores los principales hechos en torno a la actividad pública de Jesús era perfectamente razonable que el autor, en lugar de repetir lo mismo, se centrara en la identidad misma de Jesús, sus discursos privados a los discípulos y los significados teológicos implicados en ello. Esto no es para nada una hipótesis ad hoc inventada a último momento para “salvar” al Evangelio de Juan sino que se trata de una interpretación plenamente validada por una fuente externa temprana como es el testimonio de Clemente de Alejandría, padre de la Iglesia que vivió entre finales del siglo II e inicios del siglo III, quien escribe: “Juan, el último de todos, viendo que los hechos externos ya habían sido expuesto con claridad en los Evangelios y a solicitud de sus discípulos compuso un Evangelio espiritual bajo la inspiración divina del Espíritu”).

De este modo, el énfasis teológico del Evangelio de Juan, más que contradecir, parece ser plenamente consistente con nuestro caso general de fiabilidad histórica del Nuevo Testamento. Tercero, que dado lo anterior se explican gran parte de las “discrepancias” entre Juan y los sinópticos que han pretendido capitalizar los críticos para restarle credibilidad. Y es que, como dijimos, al parecer el autor no está primariamente interesado en llevar un registro cronológico de la actividad pública de Jesús sino que se centra en aquellos eventos o palabras que puedan llevarnos a dilucidar mejor la cuestión de su identidad y el significado trascedente de su ministerio. De este modo, relata eventos que no constan en los sinópticos como el milagro en las bodas de Caná (cfr. Juan 2: 1- 11) o la resurrección de Lázaro (cfr. Juan 11: 1- 44) y desarrolla mucho más detalladamente los discursos privados de Jesús a sus apóstoles (cfr. Juan 14- 17). Esto de ningún modo niega o contradice la historicidad de lo relatado en los otros Evangelios por cuanto este claramente termina diciendo que: “Jesús hizo muchas otras cosas; tantas que, si se escribieran una por una, no cabrían en el mundo los libros que podrían escribirse” (Juan 21: 25). Cuarto, que, contradiciendo el prejuicio de varios académicos, el Evangelio de Juan cumple consistentemente con las características de un buen método historiográfico conforme a los estándares aplicados al antiguo mundo greco- romano. En efecto, como bien ha señalado Bauckham (37), el autor del Evangelio no solo ha sido testigo directo de los eventos narrados (cfr. Juan 19: 35) y está a la par con los sinópticos respecto de la cantidad de lugares explícitamente consignados (Mateo = 35, Marcos = 30, Lucas = 30, Juan = 31) sino que incluso menciona con nombre una mayor cantidad de lugares que aparecen solo en su Evangelio (Mateo = 8, Marcos = 2, Lucas = 5, Juan = 17) y es mucho más detallado en referir el contexto cronológico de los eventos (cfr. Juan 2: 13, 6: 4, 7: 2, 10: 22, 13: 1). Asimismo, el Evangelio de Juan consigna más extensamente los discursos de Jesús siendo natural que se centre en aquellos aspectos con más significancia teológica desde que incluso en el extraordinario caso de que se contara con una transcripción completa de los mismos, solo debería presentar los dichos más relevantes a ese respecto para no hacer innecesariamente largo el documento

Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, Lib. VI, cap. 14

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: