Aborrecerlo por la culpa, y ya amarlo por naturaleza


Tregua de navidad


Evangelio según san Mateo, 5: 43- 48 «Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen. Y rogad por los que os persiguen y os calumnian: Para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos. El cual hace nacer su sol sobre buenos y malos: y llueve sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludarais solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sed, pues, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». (vv. 43- 48)

Yo pregunto ahora a los maniqueos el por qué debe considerarse como propio de la ley

de Moisés lo que solamente fue dicho para los antiguos: «Aborrecerás a tu enemigo». ¿Acaso San Pablo no dijo que algunos hombres eran aborrecibles para Dios? Debe también preguntarse cómo se entiende que con el ejemplo de Dios (para quien dijo San Pablo que algunos hombres eran aborrecibles) deben odiarse los enemigos, y que además con el ejemplo de Dios, que hace salir su sol sobre los buenos y sobre los malos y que enseña a amar a los enemigos.

Esta regla debe entenderse en este sentido: que aborrezcamos al enemigo por lo malo que en él pueda encontrarse (esto es, la iniquidad), y que amemos al amigo por lo que en él se encuentra de bueno (esto es, la racionalidad de una criatura racional). Oído, pero no comprendido, lo que se había dicho a los antiguos: «Aborrecerás a tu enemigo», eran conducidos los hombres al aborrecimiento del hombre, cuando no debieron aborrecer sino su vicio.

A éstos, pues, corrige el Señor, cuando añade: «Yo os digo: Amad a vuestros enemigos». Como que ya había dicho (5,17): «No he venido a quebrantar la ley, sino a cumplirla». Mandando también que amemos a los enemigos nos obliga a comprender cómo podemos a un mismo hombre, ya aborrecerlo por la culpa, y ya amarlo por naturaleza.


San Agustín, contra Faustum, 19, 24

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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