Hoy, en nuestro tiempo, la filosofía o la religión, es decir, nuestra teoría sobre las cosas más elevadas, ha sido expulsada, más o menos simultáneamente, de dos de los campos que ocupaba. Los ideales generales dominaban la literatura. Y han sido expulsadas de ella al grito de <el arte por el arte>. Las ideas generales también dominaban la política. Y han sido expulsados de ella en aras de la <eficiencia>, al grito de lo que podría traducirse libremente por <la política por la política. Con gran persistencia, a lo largo de los últimos veinte años, los ideales de orden y libertad han menguado en nuestros libros; la ambición de ser ingeniosos y elocuentes ha disminuido en nuestros parlamentos. La literatura se ha vuelto deliberadamente menos política; la política se ha vuelto deliberadamente menos literaria. Y así, las teorías generales sobre la relación que existe entre las cosas han desaparecido de ambas. Y estamos en posición de preguntar: < Qué hemos ganado o perdido con esta desaparición? Es mejor la literatura, es mejor la política, tras haber descartado al moralista y al filósofo?>,
HEREJES. G.K. Chesterton
