Giro a la izquierda



Para dar cuerpo y rumbo al renacer católico, Pío XI quiso reorganizar el laicado encuadrándolo en sectores dichos «especializados», esto es, vueltos hacia un campo específico de apostolado. Nace así la moderna Acción Católica que, desde Europa, se difunde por todo el mundo con La intención original del Papa era muy clara:

«La santa batalla, en tantos frentes acometida (..) por la realeza social de Cristo». He aquí la finalidad: «La restauración del Reino de Cristo y el establecimiento de la verdadera paz que a este reino únicamente pertenece»

Pio XI deseaba comprometer a los laicos en esta batalla, confiándoles la tarea de recristianizar la sociedad. Por eso definió la Acción Católica «participación de los laicos en el apostolado jerárquico de la Iglesia».

Los años de expansión de la Acción Católica «señalaron un punto de viraje crucial para la Iglesia»», escribe el célebre historiador Adrien Dansettes, Este viraje se produjo de dos maneras:
Lamentablemente, desde los primeros pasos del proyecto de Pío XI se manifestó en vastos sectores de la Acción Católica una fuerte influencia de la corriente democristiana y neomodernista. Bajo la guía de pensadores como Jacques Maritain y Emmanuel Mounier, y de teólogos como Marie-Dominique Chenu y Henri de Lubac, los progresistas literalmente tomaron por asalto muchos sectores de la Acción Católica, transformándolos en instrumentos para la difusión de sus errores. Estaba creado el caldo de cultivo del cual surgiría en breve la Teología de la liberación.

La Acción Católica absorbió, relegó a un papel marginal o, en algunos casos, simplemente suprimió las asociaciones católicas que representaban un espíritu tradicional.  Favoreció un proceso de transbordo ideológico en los laicos, que desmanteló en ellos la mentalidad tradicional e indujo a los más resueltos a asumir posiciones francamente revolucionarias. El primer aspecto de tal viraje fue facilitado por la prioridad (en muchos casos hasta exclusiva) acordada a la Acción Católica, en perjuicio de los movimientos laicales tradicionales, como las Hermandades, las Congregaciones Marianas y el Apostolado de la Oración. Tergiversando algunas frases de Pio XI, líderes de los sectores más dinámicos de la Acción Católica reivindicaban un «mandato especial» de la Iglesia, que les habria conferido la exclusividad del apostolado laico. Tendían pues a despreciar las realidades católicas tradicionales como expresión de una época ya en ocaso. Alardeando tal «mandato», estos sectores se presentaban como abanderados de un espíritu nuevo que debia sustituir al que predominaba hasta entonces en la Iglesia.

Tal espíritu produjo manifestaciones de igualitarismo y de liberalismo que permitieron la fácil difusión de los errores neomodernistas y demócrata cristianos, acentuando el desvio hacia la izquierda iniciado con el catolicismo social

Jesús ARAGOÑI, La Acción Católica y la Política en el Perú: La Posición de los Prelados Peruanos a Principios de da Década

PIO XI, Encíclica Ubi Arcano, del 23 diciembre 1922, cit. in La parola del Papa su l’Azione Cattolica, Alfredo Maria CAVAGNA, Società Editrice Vita e Pensiero Milano 1936, pp. 3-4

Adrien DANSETTE, Destin du catholicisme français 1926-1956, Flammarion, Paris 1957, p. 5.

JULIO LOREDO DE IZCUE. TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, UN SALVAVIDAS DE PLOMO PARA LOS POBRES

Transhumanismo religión anti humanista



Julián Huxley reafirma su fe en esta frase:

Creo en el transhumanismo: una vez que un número suficiente de personas afirme lo mismo, la especie humana se encontrará ante un nuevo tipo de existencia, tan diferente de la nuestra como la nuestra del Hombre de Pekín

«El hombre normal es un punto evolutivo muerto: el hombre mecánico, que representa aparentemente un quiebre de la evolución biológica es, en realidad una expresión más verdadera de la misma,’

Resulta paradójica la fe militante de Huxley en el transhumanismo. Fueron sus creencias respaldadas por contundente evidencia científica solo se redujeron a mera especulación porque gratificaban sus deseos? Más aún ¿Cómo pudo Huxley seguir promoviendo la eugenesia después de los horrores registrados en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial?

Estos cuestionamientos siguen siendo válidos para los transhumanistas actuales.
John D. Bernal compartió el ateismo militante de los hermanos Huxley. En «El mundo, la carne y el diablo (1929), el científico marxista irlandés plantea la primera gran propuesta poshumanista. En la primera parte, ‘el mundo’, Bernal retoma el anhelo de los cosmistas rusos para colonizar el espacio y habitarlo permanentemente mediante estaciones espaciales conocidas como las ‘esferas Bernal. En la segunda, la carne’, apela abiertamente la transformación a gradual de los humanos en cyborgs incluyendo estados larvarios de seis a 12 décadas de duración para desarrollar capacidades fisicas y sensoriales superiores. Según Bernal:  La manipulación biológica del hombre por el hombre es una etapa inevitable del proceso evolutivo en la que los cyborgs resultantes configurarán un futuro poshumano de inteligencias interconectadas. Cierra Bernal con ‘el diablo donde proyecta un futuro sin la presencia de Dios y de vidas completamente dedicadas al conocimiento y la intelectualidad. Pero si el poshumano y los mundos que crea son perfectos, ¿Qué rol jugaria la ciencia en este escenario? Además :Cómo es posible mejorar al ser humano destruyéndolo? Ignorando estas fundamentales contradicciones los pensadores transhumanistas insistieron en promover las bondades de su religión y el tecno-optimismo que exhibieron se entiende mejor en el contexto histórico de su época.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos y la Unión Soviética iniciaron una agresiva carrera militar y espacial que reforzó las aspiraciones transhumanistas. Ya en 1945, Vannevar Bush (1890-1974), director de la Oficina de Investigación Científica y Desarrollo de los EE. UU., preparó un reporte titulado ‘Ciencia, la última frontera’ que marcó el compromiso formal del gobierno norteamericano para invertir seriamente en la exploración espacial. Este hecho es muy importante porque las especulaciones científicas se convirtieron en políticas públicas de interés nacional A medida que la competencia entre ambas potencias se intensificó durante las décadas de los cincuenta y sesenta, surgió en Estados Unidos un culto a la ciencia ficción que se tradujo en numerosas películas, series de televisión, revistas y círculos de entusiastas que rescataron las ideas transhumanistas de la marginalidad. Descubrimientos como la estructura del Ácido Desoxirribonucleico (ADN), el desarrollo de computadoras y robots, el surgimiento de la inteligencia artificial como área de estudio y la llegada del hombre a la luna sirvieron como potentes estímulos Para el desarrollo de una cultura popular entregada a la posibilidad del superhombre.

Huxley, J. (1927) Religion Without Revelation, Harper Brothers: London, p.29

Huxley, J. (1957) New Bottles for New Wine, Chatto & Windus: London. p. 13

Bernal, J.D. (1929) The World, The Flesh, & the Devil: An Enquiry into the Future of the Three Enemies of the Rational Soul, Verso: London. p. 23

*El escritor checo Karel Čapek (1890-1938) fue quien inventó la palabra robot en su novela R.U.R. (1920) donde narra la historia de unas criaturas fabricadas con materia orgánica sintética – roboti – que se rebelan contra los humanos y los llevan a la extinción

Fanatismo religioso y la necesidad de creer en algo



No cabe duda que en tratándose de materias religiosas tiene el hombre una propensión muy notable a dejarse dominar de una idea a exaltarse de ánimo en favor de ella a trasmitirla a cuantos le rodean a propagarla luego por todas partes llegando con frecuencia a empeñarse en comunicarla a los otros aunque sea con las mayores violencias. Hasta cierto punto se verifica también el mismo hecho en las materias no religiosas; pero es innegable que en las religiosas adquiere el fenómeno un carácter que le distingue de  cuanto acontece en esfera diferente.

En cosas de religión adquiere el alma del hombre una nueva fuerza una energía terrible una expansión sin límites: para él no hay dificultades no hay obstáculos no hay embarazos de ninguna clase: los intereses materiales desaparecen enteramente los mayores padecimientos se hacen lisonjeros los tormentos son nada la muerte misma es una ilusión agradable.

El hecho es vario según lo es la persona en quien se verifica según lo son las ideas y costumbres del pueblo en medio del cual se realiza; pero en el fondo es el mismo: y examinada la cosa en su raiz se halla que tienen un mismo origen las violencias de los sectarios de Mahoma que las extravagancias de los discípulos de Fox. Acontece en esta pasión lo propio que en las demás que si producen los mayores males es sólo porque se extravian de su objeto legitimo se dirigen a él por medios que no están de acuerdo con lo que dictan la razón y la prudencia: pues que bien observado el fanatismo no es más que el sentimiento religioso extraviado; sentimiento que el hombre lleva consigo desde la cuna hasta el sepulcro y que se encuentra como esparcido por la sociedad en todos los periodos de su existencia.

Hasta ahora ha sido siempre vano el empeño de hacer irreligioso al hombre: uno que otro individuo se ha entregado a los desvarios de una irreligión completa pero el linaje humano protesta sin cesar contra ese individuo que ahoga en su corazón el sentimiento religioso. Como este sentimiento es tan fuerte tan vivo tan poderoso a ejercer sobre el hombre una influencia sin límites apenas se aparta de su objeto legítimo apenas se desvía del sendero debido cuando ya produce resultados funestos: pues que se combinan desde luego dos causas muy a propósito para los mayores desastres como son: absoluta ceguera del entendimiento y una irresistible energía en la voluntad.
Cuando se ha declamado contra el fanatismo buena parte de los protestantes y filósofos no se han olvidado de prodigar ese apodo a la Iglesia católica; y por cierto que debieran andar en ello con más tiento cuando menos en obsequio de la buena filosofía

Sin duda que la Iglesia no se gloriará de que haya podido curar todas las locuras de los hombres y por tanto no pretenderá tampoco que de entre sus hijos haya podido desterrar de tal manera el fanatismo que de vez en cuando no haya visto en su seno algunos fanáticos; pero sí que puede gloriarse de que jamás religión alguna ha dado mejor en el blanco para curar en cuanto cabe este achaque del espíritu humano; pudiendo además asegurarse que tiene de tal manera tomadas sus medidas que naciendo el fanatismo le cerca desde luego con un vallado en que podrá delirar por algún tiempo pero no producirá efectos de consecuencias desastrosas.

Esos extravios de la mente esos sueños de delirio que nutridos y avivados con el tiempo arrastran al hombre a las mayores extravagancias y hasta a los más horrorosos crímenes se apagan por lo común en su mismo origen cuando existe en el fondo del alma el saludable convencimiento de la propia debilidad y el respeto y sumisión a una autoridad infalible: y a que a veces no se logre sofocar el delirio en su nacimiento se queda al menos aislado circunscrito a una porción de hechos más o menos verosímiles pero dejando intacto el depósito de la verdadera doctrina y sin quebrantar aquellos lazos que unen y estrechan a todos los fieles como miembros de un mismo cuerpo


Protestantismo comparado con el Catolicismo y sus realizaciones europeas, Jaime Balmes. 1842

Oración

Ven, Oh Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón. Enciende dentro mío tal amor por Dios que encuentre satisfacción sólo en su servicio, y por amor a Él me someta amorosamente a toda legítima autoridad. Amén

Evangelio

San Lucas 12:35-40
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estad también vosotros preparados, porque cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.»

Palabra del Señor

Muerte de Dios y su largo luto



Yo, sin ir más lejos, estoy seguro de que no leería todas las obras de Comte por nada del mundo. Pero no me cuesta imaginarme a mí mismo encendiendo una hoguera el Dia de Darwin con el mayor de los entusiasmos. Ese espléndido esfuerzo fracasó, y nada parecido ha tenido éxito. No ha existido ninguna festividad racionalista, ningún éxtasis racionalista. Los hombres siguen vistiendo de luto por la muerte de Dios. Cuando el cristianismo fue duramente bombardeado en el siglo pasado, en ningún otro aspecto recibió más persistentes y brillantes ataques que en el de su supuesta enemistad con la alegría humana. Shelley, Swinburne y todos sus seguidores han pisoteado el suelo una y otra vez, pero no lo han modificado. No han establecido un solo trofeo nuevo, una sola insignia para la alegría del mundo. No han dado un nuevo nombre ni han propiciado una nueva ocasión para el regocijo. Elsefor Swinburne no cuelga un calcetin la víspera del cumpleaños de Victor Hugo. William Archer no va de puerta en puerta, entre casas cubiertas de nieve, cantando villancicos que describen la infancia de Ibsen. En el ciclo de nuestro año racional y lúgubre perdura una fiesta que es recuerdo de aquellas antiguas alegrías que cubrian toda la Tierra. La Navidad sigue recordándonos aquellos tiempos, ya fueran paganos o cristianos, en que una mayoría no se dedicaba a escribir la poesía, sino a representarla.

Resulta dificil entender en principio por qué algo tan humano como es el ocio y la diversión debe tener siempre un origen religioso. Racionalmente no existe ninguna razón por la que no podamos cantar e intercambiar regalos en honor a cualquier cosa: el nacimiento de Miguel Ángel, la inauguración de la estación de Euston. Pero las cosas no funcionan así. De hecho las personas sólo se vuelven avariciosas y materialistas con lo espiritual. Si suprimimos el credo niceno y cosas similares, estaremos haciendo un flaco favor a los vendedores de salchichas. Si suprimimos la extraña belleza de los santos, lo que nos queda es una fealdad mucho más extraña, la de Wandsworth. Si suprimimos lo sobrenatural, lo que nos queda es lo antinatural

HEREJES. G.K. Chesterton

El sacramento del Orden y el sacramento del matrimonio



Esta noción renovada del celibato es fruto del Concilio Vaticano II, que permitió redescubrir el tema patrístico del designio divino. Desde el principio la intención del Creador ha consistido en entablar un diálogo nupcial con su criatura. Esta vocación está inscrita en el corazón del hombre y de la mujer. Por medio del sacramento del matrimonio el amor mutuo de los esposos se integra en el amor de Cristo a la humanidad en todas sus dimensiones corporales, psicológicas y espirituales.

Al amarse, los esposos participan del misterio del amor de Cristo. Contraen esos esponsales cuyo lecho nupcial es la Cruz. Maridos: amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella […]. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Gran misterio es este, pero yo lo digo en relación a Cristo y a la Iglesias (Ef 5, 25 y 32). Esta vocación esponsal, inscrita en el corazón de todo hombre, implica una llamada a una entrega plena y exclusiva a imagen de la entrega en la Cruz.

Para el sacerdote el celibato es el medio que le lleva a participar de una auténtica vocación de esposo. Su don a la Iglesia queda asumido e integrado en el don de Cristo-Esposo a la Iglesia-Esposa. Existe una auténtica analogia entre el sacramento del matrimonio y el sacramento del Orden, que culminan ambos en una entrega plena. De ahí que estos dos sacramentos se excluyan el uno al otro. < La entrega de Cristo a la Iglesia, fruto de su amor, se caracteriza por aquella entrega originaria que es propia del esposo hacia su esposa [.. Jesús es el verdadero esposo, que ofrece el vino de la salvación a la Iglesia. La Iglesia [..] es también la Esposa que nace, como nueva Eva, del costado abierto del Redentor en la cruz; por esto Cristo está «al frente» de la Iglesia, «la alimenta y la cuida» mediante la entrega de su vida por ella. El sacerdote está llamado a ser imagen viva de Jesucristo Esposo de la Iglesia [… En virtud de su configuración con Cristo, Cabeza y Pastor, se encuentra en esta situación esponsal ante la comunidad>.

La capacidad de amor esponsal del sacerdote se entrega a la Iglesia y se le reserva totalmente a ella. La lógica del sacerdocio excluye cualquier otra esposa que no sea la Iglesia. La capacidad de amor del sacerdote debe ser agotada por la Iglesia. <Por tanto está llamado a revivir en SU vida espiritual el amor de Cristo Esposo con la Iglesia esposa. Su vida debe estar iluminada y orientada también por este rasgo esponsal, que le pide ser testigo del amor de Cristo como Esposo y, por eso, ser capaz de amar a la gente con un corazón nuevo, grande y puro, con auténtica renuncia de sí mismo, con entrega total, continua y fiel, y a la vez con una especie de «celo» divino (cfr. 2 Co 11, 2), con una ternura que incluso asume matices del cariño materno, capaz de hacerse cargo de los «dolores de parto» hasta que «Cristo sea formado» en los fieles>

Una Iglesia que no viviera la experiencia de ser amada por los sacerdotes célibes acabaría dejando de captar el sentido nupcial de toda santidad. El celibato sacerdotal y el matrimonio, en efecto, van de la mano. Si se cuestiona uno, el otro se tambalea. Con su vida conyugal, los esposos muestran a los sacerdotes el sentido de su celibato. A su vez, el cuestionamiento del celibato afecta al sentido del matrimonio. Así lo ha planteado Benedicto XVI repetidamente: El celibato es un «sí» definitivo […]. Es un acto de fidelidad y de confianza, un acto que supone también la fidelidad del matrimonio [.]. Es precisamente el «sí» definitivo que supone el «sí» definitivo del matrimonio>. Tocar el celibato sacerdotal equivale a dañar el sentido cristiano del matrimonio. Para comprender este misterio, añade el cardenal Ratzinger, <el candidato al sacerdocio tiene que contemplar la fe como la única fuerza en su vida; debe saber que solo vivirá de la fe Solo así, celibato podrá ser el testimonio que edifique a los hombres y además el anime a los casados a vivir bien su matrimonio. Ambas instituciones van estrechamente entrelazadas. Cuando una fidelidad no es posible, la otra tampoco lo es; una lealtad fundamenta la otra […]. La cuestión se presenta así: «¿ES propio del hombre decidir algo definitivo en el ámbito más íntimo de su existencia?» «¿podrá el hombre mantener una decisión definitiva toda la vida?». Yo daría estas dos respuestas con respecto al matrimonio: una, podrá si, de verdad, está fuertemente anclado en la fe; y dos, podrá Si lucha por alcanzar la plenitud del El amor y de la madurez humana>. En los países en vías de evangelización el descubrimiento de la vocación de los esposos a la santidad es muchas veces un desafío. Puede ocurrir que el sentido del matrimonio esté desfigurado, que se pisotee la dignidad de la mujer. Creo que es un grave problema. Para remediarlo hay que enseñar a todos la necesidad de vivir el matrimonio como la entrega total de uno mismo, cómo podría resultar creible para los esposos un sacerdote que no viviera el sacerdocio como una entrega plena de sí mismo?

Frédéric Dumas, Prêtre et époux? Lettre ouverte à mon frère prêtre, Mame, 2018

* <En la virginidad y el celibato la castidad mantiene su significado original, a saber, el de una sexualidad humana vivida como auténtica manifestación y precioso servicio al amor de comunión y de donación interpersonal. Este significado subsiste plenamente en la virginidad, que realiza, en la renuncia al matrimonio, el «significado esponsalicio» del cuerpo mediante una comunión y una donación personal a Jesucristo y a su Iglesia> (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, n° 29)

JUAN PABLO II, Pastores dabo vobis, no 22

MARIANNE SCHLOSSEr, en su espléndida intervención durante el Simposio sulle <fide attuali per lordine sacro> organizado por los Ratzinger Schülerkreise y celebrado en Roma el 28 de septiembre de 2019, citaba a un autor sirio del siglo VIll <El sacerdote es el padre de todos los creyentes, tanto hombres como mujeres Por eso, dada Su condición: respecto de los fieles, si se casa, es comparable con un hombre que se desposa con Su propia hija>

JOSEPH RATZINGER, La sal de la tierra, Madrid, Palabra, 1997

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Critica a Llorente



sin dudas, el más conocido y polémico de los detractores de la Santa Inquisición (siglo XVII-XIX). Su trabajo cumbre será la Historia Crítica de la Inquisición española. Obra grande en malicia, repleta de especulaciones que da por ciertas, e integrada en su mayor parte por documentos y testimonios truncados, como reconocerán, entre otros, notables enemigos de la Inquisición como Charles Lea y Cecil Roth. Asi y todo, la obra de este desacreditado funcionario de la Inquisición siguió siendo -aun lo es- fuente obligada de consulta de no pocos historiadores; lo que explica, en menor o mayor grado, la desinformación que existe en torno al asunto. Opina al respecto Menéndez y Pelayo: «Tenía Llorente razón en muchas cosas, mal que pese a los vascófilos empedernidos, pero procedió con tan mala fe, truncando y aun falsificando textos y adulando servilmente al poder regio, que hizo odiosa y antipática su causa». Por esto mismo dice el protestante Schafer que «no puede darse fe a sus palabras sin examinarlas antes con detención» Algo más hay que decir sobre Llorente Primero, hágase notar que aun conociendo sobradamente el tribunal su condición jansenista, sólo procederá contra su persona al probársele haber vendido información del tribunal a la condesa de Montijo, también jansenista, donde entre otras cosas le explicaba cómo burlar la vigilancia del Santo Oficio.

A raíz de este episodio, estimando que habia traicionado el secreto a que le obligaban sus funciones inquisitoriales, la Suprema le condenó, el 12 de julio de 1801, a la pérdida de sus títulos de secretario y comisario del Santo Oficio, una multa de 50 ducados y un mes de retiro en el convento de franciscanos recoletos del desierto de San Antonio de la Cabrera, a nueve leguas al norte de Madrid. En esto consistió todo: su castigo. Y es a partir de esta condena que Llorente : se considera víctima de una institución a la que había aceptado servir. Inexplicablemente resentido, se convertirá pronto en el máximo enemigo de la Inquisición Se «indignará» por las «torturas» de la Inquisición; no obstante, nadie le torturó ni quemó, a pesar del grave crimen de traición. Pretendió incluso haber escrito una monumental obra sobre el Santo Oficio, aunque, curiosa e inexplicablemente, quemó la evidencia de la que dijo haberse servido para «probar» los abusos del Tribunal. Sin negar su erudición, hay que decir que son ciertamente numerosas las incoherencias que encontramos en su trabajo. Cómo arribó al increíble número de 349.000 «víctimas» teniendo sólo algunas actas de los procesos en la mano? No se sabe. Resulta además cuanto menos sospechoso que recién luego de 18 años en funciones «descubriera», «repentinamente», la «crueldad» del Santo Oficio. Parece, en verdad, más el acto de un hombre resentido -pues procederá a la denuncia una vez castigado, con toda justicia, por la Inquisición- que el de alguien que obra en recta conciencia.

Por último débese considerar: cuánto crédito merece el juicio de un enemigo manifiesto de España y la Iglesia? No hay que olvidar que Llorente fue masón, carbonario y jansenista; peor aún, no tuvo empacho en ocultarlo. El prontuario de este personaje es realmente considerable. Aunque no hemos querido extendernos en demasía, se hace preciso por el bien de la Historia y la investigación científica desenmascarar a este embustero y las verdaderas razones que impulsaron sus acciones. Si algo se ha probado ya largamente, por parte de distintos historiadores, es una cosa: que Llorente mentía

La Inquisición: Un tribunal de misericordia Cristián Rodrigo lturralde

Oración

Quien está lleno del don de Piedad no encuentra la práctica de la religión como deber pesado sino como deleitante servicio. Donde hay amor no hay trabajo

Evangelio

San Mateo 16:13-19
Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»

Palabra del Señor