San Mateo 4:18-22 Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron.
San Mateo 24:13-25 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin. «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que comprenda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. «Entonces, si alguno os dice: `Mirad, el Cristo está aquí o allí’, no lo creáis Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes signos y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. ¡Mirad que os lo he predicho!
Evangelio según san Mateo, 11: 11- 11 «Os digo, en verdad, no nació entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan Bautista; pero el que es menor en el reino de los cielos, es mayor que él». (v. 11)
El hereje deduce de lo anterior, que Juan no pertenece al reino de los cielos y por consiguiente, mucho menos los demás Profetas de aquel pueblo, que son inferiores a Juan. Dos interpretaciones pueden darse a las palabras del Señor. O bien llamó reino de los cielos aquello que aún no hemos recibido y de que se dirá al fin: «Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino» ( Mt 25,34), como lo habitan los ángeles, el menor de los cuales es mayor que cualquier justo que eva sobre la tierra un cuerpo corruptible. O bien puede entenderse por reino de los cielos la Iglesia, de quien son hijos todos los justos que ha habido desde el principio del mundo hasta nuestros días. El Señor quiso dar a entender que El era menor que Juan en la edad, pero mayor que Juan por la eternidad de su Divinidad y por su soberano poder. Por consiguiente, según la primera interpretación debe admitirse desde luego que «Aquel que es menor en el reino de los cielos»y en seguida, es mayor que él». Y según la segunda interpretación: «El que es menor» y en seguida,»en el reino de los cielos es mayor que él»
San Agustín, contra adversarium legis et prophetarum, 2,5
Estas visiones, que acabaron con la recepción del Santisimo Sacramento, se reanudaron casi ocho meses después, en la fiesta del Santísimo Sacramento [Corpus Christil], el 13 de mayo de 1917. En aquella mañana, los tres niños cruzaron la parroquia de Fátima y caminaron hacia el norte, en dirección a las laderas de Cova de Iria, para apacentar las ovejas mientras jugaban por el campo. Tomaron su almuerzo y decidieron rezar el rosario. Los tres niños habían adoptado una versión rápida del rosario, en la cual decían sólo las primeras palabras de cada oración. Tras acabar su rosario abreviado, vieron un relámpago y se dispusieron a volver casa. Mientras conducían a las ovejas a casa, vieron otro relámpago, fulgurante, y vieron, sobre una pequeña encina, a una mujer vestida de blanco, «que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de agua pura cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estábamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio». La Señora llevaba un manto blanco hasta sus pies, con borde de oro. Las cuentas del rosario en sus manos brillaban como estrellas, con su crucifijo como la gema más radiante de todas.
La mujer se dirigió cariñosamente a los niños: «Por favor, no temáis, no os voy a hacer daño» Lucía respondió: «<De dónde eres?» «Vengo del cielo», «:Qué quieres de mí?» La Señora explicó: «Quiero que regreses aquí los dias trece de cada mes durante los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quién soy, y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez». «Y yo iré al cielo?». «Sí, tú irás», respondió la Senora « «Y Jacinta?» «Ella también irá» «Y Francisco?» «Él también, amor mío, pero primero debe decir muchos rosarios»
Por un instante la Señora miró a Francisco con compasión. Se acordó entonces Lucía de algunas amigas que habían muerto:
«Y Maria Neves, ¿está en el cielo?» «Sí, lo está» «Y Amelia?» «Ella está en el purgatorio» «(Os ofreceréis a Dios y tomaréis todos los sufrimientos que el os envie? ¿En reparación por todos los pecados que le ofenden? ¿Y por la conversión de todos los pecadores?». «Oh, sí, lo haremos» «Entonces tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con VOSO- tros y OS fortalecerá». Lucía dijo que «mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazados por ella. Por un impulso interior de gracia caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones:
<Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento>»
Los niños permanecían de rodillas en el torrente de esta luz maravillosa, hasta que la Señora habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, por la que el papa había rezado ocho días antes, pero de la que sabían poco.
«Decid el Rosario todos los días para traer la paz al mundo y el final de la guerra».
Lucía, más tarde, recordaría: «Después de esto, ella se comenzó a elevar lentamente hacia el Este, hasta que desapareció en la inmensa distancia. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas, es por eso que a veces decíamos que vimos a los cielos abrirse» Lucía indicó a los otros dos niños que mantuviesen la visión en secreto. Sin embargo, Jacinta, de nueve años, poco después, le contaría todo a su madre, que la escuchó, aunque sin dar crédito. Sus hermanos y hermanas la molestaban con sus preguntas y sus bromas. Su padre fue el único que, con ternura, aceptaría la historia como verdadera. Se le recuerda como el primer creyente de Fátima, La madre de Lucía, por su parte, no la creía. Estaba preocupada porque su hija estuviese mintiendo y blasfemando. Exigió a Lucia que dejase de contar esas cosas y, cuando esta se negó, arrastró a Lucia ante el párroco, el padre Ferreira, Lucía permanecía firme en su creencia de que una Señora del cielo vestida de blanco la había visitado. Mientras, los niños se preparaban para su siguiente encuentro, el 13 de junio de 1917
La república francesa nacida después de la guerra franco-prusiana de 1870 era fuertemente anticlerical. Los sacerdotes eran escarnecidos en la calle, las funciones religiosas interrumpidas, las procesiones hostilizadas, las iglesias objeto de vandalismo, los símbolos religiosos destrozados. Entre los movimientos que se oponian de modo militante a tal anticlericalismo se destacaba el Sillon (Surco), constituido en 1894 por Marc Sangnier
Desgraciadamente, junto a la fe católica, el Sillon ostentaba una retórica mesiánica centrada en el culto a la personalidad del fundador, ensalzado como «un nuevo Mesías», con la «misión providencial» de difundir la democracia liberal, proclamando «un cristianismo democrático y social (…) al servicio de esta democracia». La democracia, huelga decirlo, era interpretada en su sentido revolucionario igualitario
El Sillon tenía un tono militante que fascinaba a los jóvenes. A fin de proteger las ceremonias religiosas de los ataques de los laicistas, en 1901 Sillon organiza un cuerpo paramilitar llamado Jeune Garde, presentado como «una caballería para los tiempos modernos». La Jeune Garde participó en numerosas refriegas callejeras contra los laicistas, ganándose con eso un aura de cruzada que atraía muchedumbres de jóvenes idealistas deseosos de luchar por la Iglesias
Con el tiempo, sin embargo, la marca católica militante del Sillon fue menguando, mientras se acentuaba el lado democrático cristiano que, traducido en acción política, giraba a la izquierda. Desde 1906, Sillon se lanzó a la política de izquierdas. Mientras muchos de sus miembros se inscribian en la CGT (Confédération Générale du Travail, la central sindical socialista), la colaboración con la izquierda republicana se volvía cada vez más estrecha, El Sillon comenzó a presentarse como «el heredero de los grandes republicanos revolucionarios». En los congresos del movimiento se aclamaba a «los revolucionarios del Sillon, decididamente continuadores de los de 1792»
L’Éveil Démocratique, 19 julio 1908, cit. in Jean DE FABRÈGUES, Le Sillon, p. 208. El año 1792 fue cuando los jacobinos, la facción más radical de la Revolución Francesa, tomaron el poder e iniciaron el periodo conocido como el Terror
San Mateo 24:13-25 Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin. «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que comprenda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla. Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. «Entonces, si alguno os dice: `Mirad, el Cristo está aquí o allí’, no lo creáis Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes signos y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. ¡Mirad que os lo he predicho!
San Juan 2:1-11 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos Y no tenían vino, porque se había acabado el vino de la boda. Le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.» Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» Tal comienzo de los signos hizo Jesús, en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos.