a.Primeramente por razón de lo que engendran. Porque así como la tierra si no se cultiva, produce espinas y abrojos, así también el alma del pecador, si no es cultivada por la gracia, no da sino las espinas y los abrojos de los pecados: Génesis 3, 18: «Espinas y abrojos te producirá» b.En segundo lugar, por su oscuridad. En efecto, la tierra es oscura y opaca: y así también el alma del pecador es tenebrosa y opaca. Génesis 1, 2: «Las tinieblas cubrían la superficie del abismo» c.En tercer lugar, por razón de su condición. Porque la tierra es un elemento que se disgrega si no se lo impide la humedad del agua: porque Dios estableció la tierra sobre las aguas según el Salmo 135, 6: «Sobre las aguas afirmó la tierra», porque con la humedad del agua se detiene la aridez o sequedad de la tierra.De manera semejante, el pecador tiene el alma seca y árida, según el Salmo 142, 6: «Como tierra sin agua, mi alma sin Ti»
Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino
Así que vuestra merced, señor, no quiera otro camino, aunque esté en la cumbre de contemplación; por aquí va seguro. Este Señor nuestro es por quien nos vienen todos los bienes. El le enseňará. Mirando su vida, es el mejor dechado. ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí. Miremos al glorioso San Pablo, que no parece se le caía de la boca siempre Jesús, como quien le tenía bien en el corazón. Yo he mirado con cuidado, después que esto he entendido, de algunos santos, grandes contemplativos, y no iban por otro camino. San Francisco da muestra de ello en las llagas; San Antonio de Padua, el Niño; San Bernardo se deleitaba en la Humanidad; Santa Catalina de Siena, otros muchos que vuestra merced sabrá mejor que yo
es un movimiento cultural, intelectual y político de alcance global dificil de definir. Corresponde a un híbrido entre religión filosofía, ciencia y tecnologia que, según Humanity Plus, la principa organización transhumanista Q nivel mundial, busca mejorar la naturaleza y experiencia vital del ser humano mediante la aplicación de tecnologias como la inteligencia artificial, biotecnología, nanotecnología, robótica y ciencia de materiales. Las ‘mejoras’ incluyen la erradicación del envejecimiento y el potenciamiento de las capacidades intelectuales, físicas, psicológicas y morales del ser humano. El propósito de estas ‘mejoras’ es superar las limitaciones impuestas por la naturaleza desde una perspectiva racionalista v utilitarista. El transhumanismo se fundamenta fuertemente en el progresismo posmodernista, pero a pesar de su aparente uniformidad, es un movimiento intelectual dinámico y heterogéneo
Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad
San Lucas 12:32-34 «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón
En primer lugar, debe señalarse un elemento que estará constantemente presente en todas las corrientes de las que trataremos: un fundamental optimismo ante los nuevos tiempos. Más allá de sus diferencias doctrinales, tradicionalistas y progresistas estaban divididos por algo más profundo y fundamental: una actitud opuesta ante el proceso histórico en curso. En la perspectiva de la Fe y la civilización cristiana los tradicionalistas veían la historia moderna como un proceso de decadencia que, desde fines del Medioevo, había alejado cada vez más a la humanidad de los caminos de Dios. Este proceso, llamado genéricamente Revolución, se ha desarrollado por etapas a través de las tres grandes revoluciones de la historia de Occidente: el protestantismo, la Revolución Francesa y, más recientemente, el socialismo y el comunismo
No se puede exagerar el papel de este abrumador entusiasmo por la modernidad-tendencial antes que doctrinal – en la difusión de las ideas liberales y socialistas y en las revoluciones derivadas de las mismas
En una óptica diametralmente opuesta, los progresistas veian la historia moderna como un sucederse de «liberaciones». El Humanismo habría liberado al espiritu humano del pensamiento escolástico; el Protestantismo habria liberado a la humanidad del absolutismo papal; la Ilustración habría liberado a la razón de la tiranía de la fe; la Revolución Francesa habría liberado a los ciudadanos del despotismo del rey; y ahora el socialismo estaria a punto de liberar a los proletarios de la opresión de los patrones.
Envenados por el espíritu igualitario y permisivista, los católicos sociales de orientación progresista sentian un creciente malestar hacia la sociedad tradicional. Por razones análogas, sentían una creciente desazón hacia una Iglesia estructurada jerárquicamente, con un magisterio en su opinión demasiado rígido. Todo esto era percibido como contrario al espíritu de los tiempos. En consecuencia, mostraban una profunda afinidad temperamental con la modernidad Esa modernidad iba al encuentro de profundas aspiraciones de emancipación. Los innovadores saludaban con alivio la destrucción del viejo orden y la aurora de una nueva sociedad, del mismo modo que el aire fresco entra a una habitación mal ventilada. Inclinados a transformar estas aspiraciones en actitudes de vida, se dejaban absorber por el nuevo mundo. El activismo social les ofrecía un vehículo propicio para realizar sus propias aspiraciones
JULIO LOREDO DE IZCUE. TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, UN SALVAVIDAS DE PLOMO PARA LOS POBRES
El proceso contra los Templarios: una farsa de la historia y la tarjeta de crédito medieval
Como decíamos más arriba, la independencia de los caballeros templarios y las donaciones recibidas, no caían bien al poder temporal: España Italia, Francia, Chipre, Jerusalén, Portugal…, no había lugar donde no poseyesen tierras, encomiendas y fortalezas, pues en todos ellos prestaban un verdadero servicio a la Cristiandad; con decir que sólo al momento de la supresión de la Orden, habia casi nueve mil encomiendas por todo el orbe. ¿Por qué tantos bienes? Porque como dijo Cristo, no sólo de pan vive el hombre; los templarios también necesitaban el pan de aquí abajo para mantener una milicia en permanente combate más allá del Mediterráneo; además, las peregrinaciones que comenzaban (o se daban) también en Europa, necesitaban de fortalezas para defensa de los caminantes
Testamentos, donaciones de particulares y hasta una colecta anual mandada por el mismo Papa para todas las diócesis de Europa, eran los modos de sustentar esa nueva milicia religiosa que, más de una vez, encontraba Oposición en el mismo seno de la Iglesia ( fueron necesarias dos bulas pontificias para condenar los celos y la oposición hacia el Temple). El trigo siempre estuvo mezclado con la cizaña
Como si con los bienes donados tuviesen para poco, también el Temple comenzó a recibir depósitos de particulares, convirtiéndose asi en una de las primeras organizaciones bancarias de occidente; en efecto, era corriente en aquella época, que el pueblo confiase sus bienes a las iglesias o abadías para beneficiarse de la <Paz de Dios> (los territorios sagrados de garantías análogamente a lo que sucede hoy con nuestras embajadas). El Temple, era el lugar ideal: religiosos, guerreros, y esparcidos por todo el orbe cristiano, permitía tanto a los cruzados como a quienes quisiesen utilizar sus prestaciones, el depósito en Francia para retirarlo en Tierra Santa o Portugal a cambio de un certificado: era una verdadera tarjeta de crédito medieval
Ahora bien, el lector podrá preguntarse: <cómo pudo ser que una orden tan floreciente, tan popular y constituida por la flor de la nobleza cristiana, haya podido sucumbir y hasta ser denigrada al punto de transformarse en una verdadera leyenda negra?>, Veámoslo resumidamente, pues como bien señala Régine Pernoud, <paradójicamente, esta fase terminal de la historia de la orden del Temple ha sido mucho mejor estudiada que sus doscientos años de existencia>, La impericia de los principes católicos que no supieron mantenerse unidos en una política pro Tierra Santa, hizo que las victorias musulmanas comenzasen a minar la presencia cristiana en medio oriente. El último bastión en perderse sería la hermosa fortaleza de San Juan de Acre, situada al noroeste de Nazaret (1291); con ella la epopeya de los cruzados moriría para siempre. Fueron los templarios, entre otros, los que resistieron a más no poder en aquella triste derrota. Y fue ella misma la que marcaría su ocaso
Mientras tanto en Francia, el rey Felipe el Hermoso (a quien los templarios habían apoyado frente a una disputa con el papa Bonifacio VIII por cuestiones políticas) y especialmente su canciller, el turbio Guillermo de Nogaretlsol veian con codicia los bienes del Temple y pergeñaban una jugada traicionera Poco tiempo atrás Para beneficio propio, habían decretado, por seguridad el traslado de los tesoros del Temple a las dependencias reales del Louvrellal, Se sabe con certeza que, el viernes 13 de octubre de 1307 al alba, todos los Templarios de Francia fueron mandados arrestar por orden del rey. ¿Qué había pasado? Quién lo hubiera imaginado apenas la víspera del día anterior, cuando el maestre de la orden, Jacobo de Molay, habia acompañado al mismo rey a los funerales de su cuñada? El arresto masivo y super-secreto, el mismo día y a la misma hora en más de tres mil encomiendas de Francia, representó para la historia judicial, como observa Lévis- Mirepoix, <una de las operaciones policiales más extraordinarias de todos los tiempos>, Para lograr el cometido sin recibir la rebelión de los monjes-caballeros, fue minuciosamente preparada desde un mes antes (el 14 de septiembre de 1307) por medio de varias cartas selladas dirigidas a los jueces y senescales, con recomendación de no abrirlas hasta un día determinado, donde se mandaba detener <a todos los hermanos de dicha orden, sin excepción alguna; tenerlos prisioneros en espera del juicio de la Iglesia, y confiscar sus bienes muebles e inmuebles> Fue el nombrado canciller, Guillermo de Nogaret, hijo de cátaros y muy cercano a esta herejía, quien dispuso la detención con innegables fines económicos y políticos. No queria <un estado dentro de otro estado> y deseaba los bienes de la orden. Además, se había encargado de diseminar la calumnia acerca de la <cobardía> de los templarios en las últimas batallas de Tierra Santa. La estrategia, que tenía Francia como la principal beneficiaria (en España, Inglaterra, Portugal, etc., casi que ni tocaron los bienes del Temple), habia sido realmente bien pensada, pues la debilidad del Papado de Clemente V, el primer <Papa de Aviñón>, hacia que las quejas de Roma ante este fraude judicial, no se escuchasen demasiado
No es éste el lugar donde relatar el complejo y apasionante proceso al que fueron sometidos los templarios; sólo digamos los puntos principales. Las órdenes de arresto en contra de los religiosos se basaron en una certeza tan incierta como la siguiente: un nativo de Béziers (Francia) habia entregado al confesor del rey, ciertas <presunciones y violentas sospechas> contra la orden, luego de haber oido la declaración de un templario prisionero… así comenzaría todo Luego, a raiz de las detenciones y declaraciones recogidas bajo tortura (cosa completamente ilicita en los procesos judiciales y, como lo ha probado la ciencia experimental, innecesaria, pues hasta puede mentirse involuntariamente para terminar con el tormento) se acusaría a los templarios de: ritos obscenos blasfemias, sodomía, secretos en el Capítulo, idolatría, ceremonias de admisión ocultistas, escupir sobre el crucifijo, adorar una estatuilla a la que llaman Bafomet, etc., etc., etc.
Tampoco es aquí donde podríamos analizar y refutar las acusaciones, pero veamos al menos sólo dos de ellas: en primer lugar, aquella famosa y que ha traido tanta cola del <secreto de los Capítulos templarios>. En toda orden o congregación religiosa, el Capítulo es la reunión semanal o mensual donde, además de tratarse de asuntos internos de la comunidad, se realizan normalmente los <capítulos de faltas>, es decir, la confesión pública y voluntaria de los pecados de parte de los religiosos; de alli que, todo lo conversado en él, goce de un sigilo cuasi sacramental. Ahora bien, se acusaba a los templarios de callar lo oido en ellos, creándose toda suerte de fantasías y bagatelas
En segundo lugar, la gravísima acusación de sodomía (ya vimos cómo estaba condenada por las reglas internas); se los acusaba de este pecado (y delito en la Edad Media) pues, como se leía en sus reglamentos para la admisión de un nuevo miembro, <tras una oración dicha por el capellán, y el salmo de admisión habitual (salmo 132), el maestre, o su representante, hace levantar al hermano y lo besa en los labios, así como el capellán>. Este beso de admisión, común hoy en algunas culturas como la rusa, era completamente normal en las ceremonias de la época feudal; basta con leer el Cantar de Mio Cid, contemporáneo de la época, para no escandalizarse al leer que el héroe español besa en los labios al rey Don Alfonso!, Nada tenía pues de impudicia o sodomía,
Los procesos hicieron que, entre el 19 de octubre y el 24 de noviembre de 1307, ciento treinta y ocho templarios fueran torturados <en caso de necesidad> por los oficiales del rey y conforme a las instrucciones de las cartas selladas (treinta y seis de ellos morirían en las sesiones por no reconocer los crímenes que se les imputaban). Luego de ello, pasaron al interrogatorio en manos del inquisidor Guillermo de Paris, intimo del rey y traidor del verdadero espíritu de la Inquisición. Todo esto llevó a que, en el entretanto, el papa Clemente V dirigiese una carta de protesta a Felipe el Hermoso: <habéis extendido la mano sobre las personas y los bienes de los Templarios, habéis llegado a encarcelarlos.. Habéis añadido a la aflicción del cautiverio otra aflicción que, por pudor por la Iglesia por nos, consideramos a propósito silenciar>, es decir, la tortura; sin embargo no se impuso para que el inicuo juicio se suspendiera
El Papa intentará sustraer a los templarios de la jurisdicción real, redactando la bula Pastoralis praeeminentiae (22/11/1307) donde no sólo ordenará arrestar a los templarios sino llevar adelante un proceso eclesiástico en su contra. Si bien ello agradará a Felipe el Hermoso y a Nogaret, ante sus quejas, lograrán mantener la custodia de los detenidos bajo jurisdicción real y el proceso bajo la égida del inquisidor Guillermo de París; es decir, todo quedaba igual o peor pues ahora todo se haría <en nombre de la Iglesia>. Algo análogo pasaría cien años después con el proceso de Santa Juana de Arco. Tal era la dureza de los interrogatorios y de las torturas que el mismo comendador de Payns en Champaña aseguraba en su proceso que <si fuera torturado una vez más, renegaría del todo lo dicho, y diría todo lo que le pidieran, Toda defensa era en vano, pues se aplicaba el derecho del enemigo. Como sea, los Templarios intentaron organizarla redactando una declaración que aún se conserva y que constituye un alegato elocuente:
Si los hermanos del Temple han dicho, dicen o dijeren, mientras estén en prisión, alguna cosa a su cargo, O a cargo de la orden del Temple ello no perjudica a dicha orden, pues es sabido que han hablado o que hablarán obligados o impelidos o corruptos por los ruegos, el dinero o el temor (…). (Y agregaban que muchos) como mártires de Cristo, murieron en la tortura por mantener la verdad .
Ninguno de los testigos que se ofrecían como defensa era escuchados; el aparato judicial comenzó a tener sus efectos, pues los que se arrepentian bajo tortura, eran liberados con una leve condena; pero con los <pertinaces> se era inflexible.
El 11 de mayo de 1310, un concilio provincial se reunió en Sens para condenar a muerte a cincuenta y cuatro templarios como herejes reincidentes en sus faltas (habian confesado sus <crímenes> bajo tortura, pero después de recuperarse, las habían negado nuevamente); la hoguera se preparó en las afueras de París donde todos murieron proclamando su inocencia, y con cristiana resignación. Al ver que las condenas se sucedían sin demora, el Papa Clemente V, tomó una decisión definitiva y, ni bien abierto el Concilio de Viena (16/10/1311), suprimió la orden a perpetuidad por medio de la bula Vox in excelso sin pronunciar sentencia, como narra Fralel
Quedaría aún el martirio de los más notables del Temple, tres años después y por orden del rey de Francia. Así lo relata Régine Pernoud:
El 18 de Marzo de 1314 (..) en la plaza de Notre-Dame de París se preparó un cadalso. Se mandó comparecer a los cuatro dignatarios: Jacobo de Molay, maestre de la orden, Hugo de Pairaud, visitador de Francia, Godofredo de Charnay, preceptor de Normandía, y Godofredo de Gonneville preceptor de Poitou y Aquitania. Los tres cardenales, junto con el arzobispo de Sens, Felipe de Marigny, enunciaron la sentencia definitiva, que los condenaba a prisión perpetua. Faltaban dos personajes: Guillermo de Nógaret y Guillermo de Plaisians, muertos ambos el año anterior (…). Cuando se enunció la sentencia, Jacobo de Molay y Godofredo de Charnay se pusieron en pie. Solemnemente, ante la multitud reunida, protestaron, declarando que su único pecado habia sido el de prestarse a falsas confesiones para salvar sus vidas. La orden era santa, la Regla del Temple era santa, justa y católica. No habían cometido las herejías y pecados que se les atribuía. El mismo día, se preparó una hoguera cerca del jardín de palacio, en las inmediaciones del Pont-Neuf, aproximadamente en el lugar en que hoy en dia se encuentra la estatua del rey Enrique V. Ambos condenados subieron a ella esa noche. Pidieron mirar hacia Notre-Dame, clamaron una vez más su inocencia y, ante la multitud sobrecogida de estupor, murieron con la más serena entereza
El caso de los templarios ha servido, como veiamos al inicio, para infinitos fines; con él se puede (y de hecho asi se hizo) acusar a la Iglesia tanto de ocultismo mágico como de fundamentalismo religioso, de torturas calumniosas o de traiciones probadas. No se puede negar que hubo, en el caso de los procesos, una indigna participación de ciertos integrantes de la Iglesia jerárquica, Ello no invalida la santidad de la Iglesia en cuanto Esposa de Cristo, santidad que le viene por su Fundador y no por todos y cada uno de sus miembros. Pero en todo caso, esa indignidad queda ampliamente opacada cuando se estudia con seriedad la gallardía y nobleza de aquellos a los cuales San Bernardo no sabía si llamar monjes o caballeros; o más bien las dos cosas.
Ni ocultismos ni los pitufos, entonces. Haciendo del Temple un mito, se ha perdido lo que realmente fue: una milicia armada al servicio de la verdad desarmada; un vivir y morir por Cristo y el prójimo bajo las leyes perennes de la Iglesia. No duendes, entonces: gigantes
*Uno de sus poderosos donantes fue en España, Ramón Berenguer IIl, apodado el Grande (1082-1131), que tomó el hábito militar y pronunció sus votos religiosos sin abandonar el gobierno de sus estados. Su vez, poco antes de morir, Alfonso el Batallador (1073-1134), hizo testamento por medio del cual nombraba herederos de todos sus estados a los caballeros templarios, a los hospitalarios y otros más, pero los aragoneses y navarros no toleraron la decisión, por lo que, para evitar problemas, las órdenes religiosas decidieron ceder sus pretendidos derechos
*Guillermo Nogaret estaba excomulgado por haber sido el autor de lo que se conoce como <la bofetada de Anagni>: uno de sus siervos, Sciarra Colonna, abofeteó en dicha ciudad al anciano Papa Bonifacio VIII Nogaret hizo detener al Papa que, dada su avanzada edad terminó falleciendo en 1303.
*El traslado de los bienes en manos ahora de Felipe el Hermoso a Louvre puede explicar perfectamente la necesidad del rey de deshacerse de los templarios, amén de los bienes inmuebles que expropiaría a lo largo y ancho de Francia
*Felipe el Hermoso dirigió a los príncipes y prelados de la Cristiandad unas cartas instándoles a imitarlo y a arrestar a los Templarios que se encontraran en sus Estados. Fuera del territorio francés, la mayoría contestó que el asunto, por ser un tema religioso era competencia del Papa. En cuanto al rey de Inglaterra, Eduardo II (yerno de Felipe el Hermoso), escribió a su vez a los reyes de Portugal, Castilla, Aragón y Sicilia advirtiendo que las acusaciones estaban dictadas por la calumnia y la codicia
*Los setenta años en que el papado residió en Aviñón, y no en Roma, estuvo a cargo de pontífices franceses pero <no todos los papas de aquella época fueron tan débiles como Clemente V> (LUDOVICO PAsTOR, Historia de los papas, t. 1, Gustavo Gili, Barcelona 1910, 186)
Cantar de Mio Cid, nn. 2037-2040: <Merced que yo lo recibo, Alfonso mi señor / lo agradezco al Dios del cielo y después a vos / y a estas mesnadas que están alderredor. / De rodillas hincado las manos le besó, / se puso de pie y en la boca le saludó
*Sobre Felipe el hermoso, el Dante irá más allá al acusarlo de haber transado con los poderes de este mundo, colocándolo en Infierno de los simoníacos (Cfr. Dante Alighieri, Divina comedia, c. XIX, n. 84)
*La estudiosa e investigadora de los Archivos secretos vaticanos, Barbara Frale, ha afirmado a raíz de sus pesquisas bibliográficas que los templarios <de ningún modo se habían convertido en herejes y el proceso fue en definitiva un medio para apropiarse de su patrimonio (…). El pontífice suprimió la orden sin pronunciar una sentencia (…) y en el Concilio de Vienne de 1312 pidió que se declarara en las actas que el proceso no había aportado pruebas contrarias de herejía contra ellos> ( Barbara Frale, <I Templari non furono eretici>, Osservatore romano, 21 agosto 2008)
Bulas Dilecti filii nostri y Cum dilectis filiis (1198-1212)
El libro del Deuteronomio (10, 8; 5-8) Las palabras incorporadas a la plegaria eucarística II: relectura del papel de la tribu de Leví dentro de la perspectiva cristológica y pneumatológica acerca de los sacerdotes de la Iglesia
Un pasaje extraido de la plegaria eucarística I de la liturgia romana posterior a la reforma del Concilio Vaticano II, suele atribuirse generalmente a san Hipólito (muerto en torno al año 235). Es, en cualquier caso, muy antiguo. Las palabras que encontramos en ella son las siguientes:
Te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia
Esta frase no significa -como algunos liturgistas querrían hacernos creer – que durante la plegaria eucarística los sacerdotes y los fieles tenian que quedarse de pie y no arrodillarse. La interpretación correcta de esta frase es deducible si se tiene en cuenta que está extraida literalmente de Dt 10, 8 y de Dt 18, 58, donde se menciona el papel cultual fundamental de la tribu de Leví: <En aquella ocasión destinó el Señor la tribu de Leví para portar el arca de la alianza del Señor, para estar en la presencia del Señor, servirle y dar la bendición en su nombre> (Dt 10, 8); <Porque el Señor, tu Dios, lo ha elegido de entre todas las tribus para que él y sus hijos permanezcan siempre ejerciendo el ministerio en nombre del Señor> (Dt 18, 5). En el Deuteronomio las palabras <estar en la presencia del Señor y servirle> se utilizan para definir la esencia del sacerdocio. Enseguida se incorporaron a la plegaria eucarística de la Iglesia de Jesucristo como medio de expresar la continuidad y la novedad del sacerdocio de la Nueva Alianza. Lo que antes se decía de la tribu de Leví, lo que hasta entonces le concernía exclusivamente a ella, se aplica ahora a los sacerdotes y los obispos de la Iglesia, Si nos atenemos a una idea inspirada por la Reforma, podríamos estar tentados de afirmar que nos encontramos ante un retroceso que afecta a la novedad de la comunidad de Jesucristo. Estaríamos tentados de ver en ello la reincidencia en un sacerdocio cultual superado y digno de rechazo. En realidad, lo que supone es un paso adelante de la Nueva Alianza, que asume y, al mismo tiempo, transforma la Antigua Alianza elevándola a la altura de Jesucristo. El sacerdocio deja de estar vinculado a la pertenencia a una familia para abrirse a la vasta dimensión de la humanidad. Ya no coincide con la administración del sacrificio en el Templo, sino que congrega a la humanidad en el amor de Jesucristo que abarca el mundo entero El culto y la crítica al culto, el sacrificio liturgico y el servicio de amor al prójimo no son más que uno.
Por lo tanto, las palabras astare coram te et tibi ministrare no apuntan a una actitud externa; representan, por el contrario, un hondo punto de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y describen la naturaleza misma del sacerdocio. En último término, esas palabras nos remiten al hecho de que todos estamos en presencia de Dios
Así quise interpretar este texto en una homilía pronunciada en San Pedro de Roma el Jueves santo de 2006, de la que cito aquí un fragmento: <Al mismo tiempo, el Jueves santo nos brinda la ocasión de preguntarnos de nuevo: ¿A qué hemos dicho «sí»? Qué es «ser sacerdote de Jesucristo»? El Canon II de nuestro Misal, que probablemente fue redactado en Roma ya a fines del siglo II, describe la esencia del ministerio sacerdotal con las palabras que usa el libro del Deuteronomio (cfr. Dt 18, 5. 7) para describir la esencia del sacerdocio del Antiguo Testamento: astare coram te et tibi ministrare. Por tanto, son dos las tareas que definen la esencia del ministerio sacerdotal: en primer lugar, «estar en presencia del Señor». En el libro del Deuteronomio esa afirmación se debe entender en el contexto de la disposición anterior, según la cual los sacerdotes no recibian ningún lote de terreno en la Tierra Santa, pues vivían de Dios y para Dios. No se dedicaban a los trabajos ordinarios necesarios para el sustento de la vida diaria Su profesión era «estar en presencia del Señor», mirarlo a él, vivir para él. La palabra indicaba así, en definitiva, una existencia vivida en la presencia de Dios y también un ministerio en representación de los demás. Del mismo modo que los demás cultivaban la tierra, de la que vivía también el sacerdote, así él mantenía el mundo abierto hacia Dios, debía vivir con la mirada dirigida a él ‣
Si esa expresión se encuentra ahora en el Canon de la misa inmediatamente después de la consagración de los dones, tras la entrada del Señor en la asamblea reunida para orar, entonces para nosotros eso indica que el Señor está presente, es decir, indica la Eucaristía como centro de la vida sacerdotal. Pero también el alcance de esa expresión va más allá. En el himno de la liturgia de las Horas que durante la Cuaresma introduce el Oficio de lectura -el Oficio que en otros tiempos los monjes rezaban durante la hora de la vigilia nocturna ante Dios y por los hombres-, una de las tareas de la Cuaresma se describe con el imperativo arctius perstemus in custodia, «estemos de guardia de modo más intenso» En la tradición del monacato sirio, los monjes se definian como «los que están de pie». Estar de pie equivalía a vigilancia. Lo que entonces se consideraba tarea de los monjes, con razón podemos verlo también como expresión de la misión sacerdotal y como interpretación correcta de las palabras del Deuteronomio: el sacerdote tiene la misión de velar. Debe estar en guardia ante las fuerzas amenazadoras del mal. Debe mantener despierto al mundo para Dios. Debe estar de pie frente a las corrientes del tiempo. De pie en la verdad. De pie en el compromiso por el bien.
Estar en presencia del Señor también debe implicar siempre, en lo más profundo, hacerse cargo de los hombres ante el Señor que, a su vez, se hace cargo de todos nosotros ante el Padre. Y debe ser hacerse cargo de él, de Cristo, de su palabra, de su verdad, de su amor. El sacerdote debe estar de pie, impávido dispuesto a sufrir incluso ultrajes por el Señor, como refieren los Hechos de los Apóstoles: estos se sentian «contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús» (Hch 5, 41). >Pasemos ahora a la segunda expresión que la plegaria eucarística I toma del texto del Antiguo Testamento: «‘servirte en tu presencia». El sacerdote debe ser una persona recta, vigilante; una persona que está de pie. A todo ello se añade luego el servir. En el texto del Antiguo Testamento esta palabra tiene un significado esencialmente ritual: a los sacerdotes correspondía realizar todas las acciones de culto previstas por la Ley. Pero realizar las acciones del rito se consideraba como servicio, como un encargo de servicio. Así se explica con qué espíritu se debían llevar cabo esas acciones. Al utilizarse la palabra «servir» a en el Canon, en cierto modo se adopta ese significado litúrgico del término de acuerdo con la novedad del culto cristiano. Lo que el sacerdote hace en ese momento, en la celebración de la Eucaristía, es servir, realizar un servicio a Dios y un servicio a los hombres. El culto que Cristo rindió al Padre consistió en entregarse hasta la muerte por los hombres. El sacerdote debe insertarse en este culto, en este servicio. Así, la palabra «servir» implica muchas dimensiones. Ciertamente, del servir forma parte ante todo la correcta celebración de la litugia y de los sacramentos en general, realizada con participación interior. Debemos aprender a comprender cada vez más la sagrada liturgia en toda su esencia desarrollar una viva familiaridad con ella, de forma que llegue a ser el alma de nuestra vida diaria. Si lo hacemos así, celebraremos del modo debido y será una realidad el ars celebrandi, el arte de celebrar. En este arte no debe haber nada artificioso. Si la liturgia es una tarea central del sacerdote, eso significa también que la oración debe ser una realidad prioritaria que es preciso aprender sin cesar continuamente y cada vez más profundamente en la escuela de Cristo y de los santos de todos los tiempos. Dado que la liturgia cristiana, por su naturaleza también es siempre anuncio, debemos tener familiaridad con la palabra de Dios, amarla y vivirla. Solo entonces podremos explicarla de modo adecuado. «Servir al Señor»: precisamente el servicio sacerdotal significa también aprender a conocer al Señor en su palabra y darlo a conocer a todas aquellas personas que él nos encomienda
Del servir forman parte, por último, otros dos aspectos. Nadie está tan cerca de su señor como el servidor que tiene acceso a la dimensión más privada de su vida. En este sentido, «servir» significa cercania, requiere familiaridad. Esta familiaridad encierra también un peligro: el de que lo sagrado con el que tenemos contacto continuo se convierta para nosotros en costumbre. Así se apaga el temor reverencial. Condicionados por todas las costumbres, ya no percibimos la grande, nueva y sorprendente realidad: él mismo está presente, nos habla y se entrega a nosotros. Contra este acostumbrarse a la realidad extraordinaria, contra la indiferencia del corazón debemos luchar sin tregua, reconociendo siempre nuestra insuficiencia y la gracia que implica el hecho de que él se entrega asi en nuestras manos. Servir significa cercanía, pero sobre todo significa también obediencia. El servidor debe cumplir las palabras: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42). Con esas palabras, Jesús, en el huerto de los Olivos, resolvió la batalla decisiva contra el pecado, contra la rebelión del corazón caído. El pecado de Adán consistió, precisamente, en que quiso realizar su voluntad y no la de Dios. La humanidad tiene siempre la tentación de querer ser totalmente autónoma, de seguir solo su propia voluntad y de considerar que solo así seremos libres, que solo gracias a esa libertad sin límites el hombre sería completamente hombre. Pero precisamente así nos ponemos contra la verdad, dado que la verdad es que debemos compartir nuestra libertad con los demás y solo podemos ser libres en comunión con ellos.
Esta libertad compartida solo puede ser libertad verdadera si con ella entramos en lo que constituye la medida misma de la libertad, si entramos en la voluntad de Dios. Esta obediencia fundamental, que forma parte del ser del hombre, ser que no vive por sí mismo ni solo para si mismo, se hace aún más concreta en el sacerdote: nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a él y su palabra, que no podemos idear por nuestra cuenta. Solo anunciamos correctamente la palabra de Cristo en la comunión de su Cuerpo. Nuestra obediencia es creer con la Iglesia, pensar y hablar con la Iglesia, servir con ella. También en esta obediencia entra siempre lo que Jesús predijo a Pedro: «Te llevarán a donde tú no quieras» (n 21, 18). Este dejarse guiar a donde no queremos es una dimensión esencial de nuestro servir y eso es precisamente lo que nos hace libres. En ese ser guiados, que puede ir contra nuestras ideas y proyectos, experimentamos la novedad, la riqueza del amor de Dios. > «Servirte en tu presencia»: Jesucristo, como el verdadero sumo Sacerdote del mundo, confirió a estas palabras una profundidad antes inimaginable. Él que como Hijo era y es el Señor, quiso convertirse en el Siervo de Dios que la visión del libro del profeta Isaias habia previsto. Quiso ser el servidor de todos En el gesto del lavatorio de los pies quiso representar el conjunto de su sumo sacerdocio. Con el gesto del amor hasta el extremo, lava nuestros pies sucios; con la humildad de su servir nos purifica de la enfermedad de nuestra soberbia Así nos permite convertirnos en comensales de Dios. Él se abajó, y la verdadera elevación del hombre se realiza ahora en nuestro subir con él y hacia él Su elevación es la cruz. Es el abajamiento más profundo y, como amor llevado hasta el extremo, es a la vez el culmen de la elevación, la verdadera «elevación» del hombre. «Servirte en tu presencia» significa ahora entrar en SU llamada de Siervo de Dios. Así, la Eucaristia como presencia del abajamiento y de la elevación de Cristo remite siempre, más allá de sí misma, a los múltiples modos del servicio del amor al prójimo. Pidamos al Señor, en este dia, el don de poder decir nuevamente en ese sentido nuestro «sí» a su llamada: «Heme aquí. Envíame, Señor» (Is 6, 8). Amén
Joseph Ratzinger Benedicto XVI Ciudad del Vaticano, monasterio Mater Ecclesiae 17 de septiembre de 2019
San Lucas 10:1-9 Después de esto, designó el Señor a otros setenta y dos y los envió por delante, de dos en dos, a todas las ciudades y sitios adonde él había de ir Y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. En la casa en que entréis, decid primero: `Paz a esta casa.’ Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros Permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: `El Reino de Dios está cerca de vosotros.’