San Lucas 13:6-17 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: `Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala; ¿Para qué ha de ocupar el terreno estérilmente?’ Pero él le respondió: `Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.’» Estaba un sábado enseñando en una sinagoga. Había allí una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.» Replicóle el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abrahán, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?» Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía
Evangelio según san Mateo, 11: 2- 6 Y habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envió a dos de sus discípulos, y le dijo: «¿ Eres Tú el que has de venir o esperamos a otro?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis oído y lo que habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados, y bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí». (vv. 2- 6)
Miró, pues, en esto Juan, no a su propia ignorancia, sino a la de sus discípulos y los envía a ver sus obras y sus milagros, a fin de que comprendan que no era distinto de Aquel a quien él les había predicado y para que la autoridad de sus palabras fuese revelada con las obras de Cristo y para que no esperasen otro Cristo distinto de Aquel de quien dan testimonio sus propias obras
San Lucas 7:36-50 Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte.» Él dijo: «Di, maestro.» «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.» Él le dijo: «Has juzgado bien.» Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies.Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite.Ella ha ungido mis pies con perfume Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.» Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona los pecados?» Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
Quien hubiese ingresado en la Orden del Temple, ya sea en Europa, en Chipre o en Tierra Santa, sabía que había dejado el mundo para siempre, como hacen los religiosos. Desde ese momento, debían santificarse por medio de la Regla de la orden y de los votos, cosa que no era algo sencillo para nobles venidos del mundo. Se entiende entonces, que uno de los más dificiles para cumplir fuese el de obediencia, por medio del cual, el religioso somete su voluntad al superior en todo lo que no sea pecado y por amor de Dios. La obediencia del templario, amén de ser una virtud y un voto, era una necesidad imperiosa en un lugar donde el medio de santificación principal estaba constituido por la vida militar, de allí que, para despertar a los incautos o amedrentar a los vanidosos, el maestre (título que se le daba al superior de la orden) alertase frente a todo el Capítulo, al aspirante que deseaba abrazar este género de vida:
Noble hermano, gran cosa pedís, pues de nuestra religión no veis más que la corteza que está fuera, mas esa corteza es que nos veis poseer hermosos caballos y bellos arneses, nos veis bien beber y bien comer, y bellamente ataviados, y os parece que aquí estaréis muy a placer. Mas no conocéis los fuertes mandamientos que contiene, pues es cosa extraña que vos, que sois señor, os hagáis siervo de otros, pues con gran dificultad haréis cosa que vos queráis. Si queréis estar en la tierra de este lado del mar [en Occidente] seréis mandado al otro lado. Si queréis estar en Acre, seréis mandado a la tierra de Trípoli, o de Antioquía, o de Armenia. o a otras tierras en las que tenemos casas y posesiones. Y si queréis dormir, se os hará velar, y si queréis por ventura velar, se os mandará que vayáis a reposar en vuestro lecho
El fin inicial de la orden, la defensa de los peregrinos, comenzó a verse desbordado desde el momento en que las tropas musulmanas continuaban acechando los territorios reconquistados para la Cristiandad; fue así como estos monjes-guerreros comenzaron a ser verdaderas tropas de élite indispensables. Era tal la bravura de sus hombres, tal la honradez en el combate y fuera de él, que hasta sus mismos enemigos los alababan: <Los caballeros eran hombres piadosos, que aprobaban la lealtad a la palabra dada>, declaraba Ibn-al-Athir. Eran, al decir de un cronista árabe: <los guerreros más prudentes del mundo>. Eran hombres realmente disciplinados pues el incumplimiento de los votos en materia grave y escandalosa, podía ser motivo de expulsión de la orden y de graves castigos; todos los templarios estaban obligados por la Regla a obedecer incluso en el campo de batalla sin poder rendirse jamás: <el caballero debía aceptar el combate, aunque fuese uno contra tres>, se mandaba; y los reglamentos eran tan severos que sólo a regañadientes autorizaban a acudir en ayuda de algún caballero que, <alocadamente>, se hubiese apartado de la compañía y sólo si <su conciencia se lo ordenara> para <volver a su fila noblemente y en paz>, Es decir, a pesar de la obediencia, siempre se salvaguardaba el ámbito de la conciencia recta En cuanto a los bienes del Temple y el voto de pobreza, mucho se ha dicho.
Veamos qué prescribían sus reglamentos: comían carne tres veces por semana y lo que sobrase debía ser entregado rigurosamente a los pobres. Las vestimentas debían ser similares y del mismo color para no hacer diferencia ni fomentar la vanidad en estos antiguos nobles: ropa blanca o negra, o de bu- riel (parda) con el manto blanco, significando la castidad que es <seguridad de ánimo y salud de cuerpo>; los ropajes <no deben tener superficialidad alguna ni soberbia>, estándoles prohibido llevar pieles, salvo de cordero o de carnero. El equipo completo del caballero incluía la cota de malla, el yelmo y los demás elementos de la armadura: cota de armas, espaldarcete y calzado de hierro. Sus armas eran la espada, la lanza, el mazo y el escudo. También llevaban tres cuchillos: uno de armas, otro para el pan y una navaja. Los caballeros podían tener una manta para el caballo, dos camisas, dos calzones y dos pares de zapatos. Dos mantos: uno para el verano y otro, forrado, para el invierno. Llevaban una túnica, una cota y un cinturón de cuero. Se especificaba en la Regla que se debia evitar cualquier concesión a la moda. Su cama se componía de un jergón, de una sábana y de una manta. Además, un grueso cobertor blanco o negro, o a rayas. Se preveían asimismo las bolsas necesarias en período de expedición, para guardar su equipo de armas o sus ropas de noche. Disponían de una servilleta de mesa y de una toalla para el aseo, Estos caballeros que ahora parecían mansos corderos en la paz y tremendos leones en la guerra, no habían nacido como se los conocía. El mismo abad de Citeaux se ocuparía de recordarles su origen para evitar todo tipo de vanagloria ante los aplausos que recibían del mundo: <Lo más consolador y extraordinario -decía- es que, entre tantísimos (…) son muy pocos los que antes no hayan sido unos malvados e impíos: ladrones y sacrílegos, homicidas, perjuros y adúlteros. Por eso, su marcha acarrea de hecho dos grandes bienes y es doble también la satisfacción que provocan: a los suyos, por su partida; a los de aquellas regiones, por su llegada para socorrerlos (…). Pues Cristo puede vengarse también de sus enemigos de dos maneras a su vez: primero vence a sus mismos soldados con su conversión, y después se sirve de ellos habitualmente para conseguir otra victoria mayor y más gloriosa> García-Villoslada comenta que, en lo personal <vivían pobremente, con tanta escasez, que Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Audemar no disponían más que de un caballo para los dos>; esta misma imagen, tomada de aquío de otro episodio, se representaria en el sello de la orden donde se muestran dos caballeros en una misma cabalgadura.
En cuanto a los bienes de la orden, gracias a las donaciones recibidas y las haciendas entregadas a título de encomiendas!, los templarios podían vivir su vida religiosa y militar con total independencia. Tal era la confianza en su administración que, según los economistas, fueron ellos mismos los fundadores -sin saberlo – de las letras de cambio, como veremos más adelante. Una de las haciendas de los templarios, intervenida en 1307 al momento de la supresión de la orden y en la misma ciudad donde se fundó (Troyes) permitiría ver cómo se manejaban. Alli, en un inventario realizado, se leen los siguientes bienes:
Para uso de las personas, hay ochenta mantas y cojines, veinte pares de sábanas de cama (viejas, según especifica el inventario), seis sargas (lo que llamamos colchas) y un cobertor (malo). En la cocina se encuentran cuatro ollas de metal y una grande, además de dos ollas agujereadas. También hay <una jofaina para lavarse las manos y una bacía de barbero>. La batería de cocina incluye asimismo tres sartenes de mango y otras dos también de mango, y una paila de hierro, dos morteros, dos majas y <cinco viejas copas de madera>, seis pintas, dos cuartillos de estaño y diez escudillas de estaño <grandes y pequeñas>.
Sólo se mencionan los utensilios de metal, como ocurre en numerosos inventarios, lo que sugiere que no se tomaban la molestia de tener en cuenta los utensilios comunes de barro. También los objetos de la capilla se ven enumerados: dos cruces de <Limoges> (es decir de cobre esmaltado), dos aguamaniles, uno de cobre y otro de estaño, un misal, un antifonario, un salterio, un breviario y un ordinario. El mobiliario de la capilla incluye dos candelabros de hierro y dos de cobre, y un cáliz de plata dorada. Además, <tres receptáculos que contienen reliquias>,. Finalmente, hay ropa de altar: tres manteles y tres pares de ornamentos <suministrados todos ellos para celebrar en el altar>, es decir la vestimenta litúrgica del celebrante. Además, una pila de agua bendita y un incensario, ambos de cobre… [151]
Como vemos, no se trataba de gran cosa. Un santo doctor de la Iglesia, aquél que fue al decir de un autor la rueda que hizo girar la Europa medieval, San Bernardo
Régine Pernoud, op. cit., 31.
RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA, Historia de la Iglesia (V.II), BAC, Madrid 1976, 702.
* Como vemos, la virtud de la obediencia no hacía de ellos sujetos autómatas como muchos de sus detractores señalan.
SAN BERNARDO DE CLARAVAL, De laude novae militiae ad Milites Templí, en RÉGINE PERNOUD, Op. cit., 183-184.
RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA, Historia de la Iglesia (V.II), BAC, Madrid 1976, 701.
un precedente directo La Masonería tiene un precedente que ayuda a su comprensión. No se trata desde luego de ninguna hermandad medieval o constituida en tiempos de Moisés o de Salomón, como pretenden las Constituciones de Anderson, sino de algo surgido mucho más tarde; a principios del siglo XVII. Volvemos a Lutero, a la ruptura de la Cristiandad. nos situamos en Alemania; en los preparativos para la última guerra de religión; la batalla definitiva entre Catolicismo y Protestantismo; un episodio más del enfrentamiento entre las <dos ciudades>. Me refiero a la hermandad de los Rosacruz, secta secreta que maquinaba contra la Iglesia, buscando su destrucción definitiva. Así como la imposición de un nuevo orden mundial, sin rastros de Catolicismo, aunque tampoco estaba claro cuál sería el destino de las iglesias reformadas, a más largo plazo, después del triunfo de su proyecto. Porque la hermandad tenía un componente esotérico ocultista que pesaba de manera definitiva en sus proyectos. Estamos ya en condiciones de apreciar el paralelismo con la Masonería que nacería justamente un siglo más tarde.
José Antonio Ullate, en su citado libro sobre el secreto masónico, ha seguido la línea que une a ambas sectas. A principios del siglo XVII, Praga, una de las capitales de los católicos Habsburgo se había convertido en un centro de estudios esotéricos, gracias a la tolerancia del emperador Rodolfo II, un atípico personaje de la casa de Austria, aficionado a la alquimia y a la astrología; es decir, sospechoso, como mínimo, de heterodoxia; siendo así que encamaba, por su Corona, el espíritu de resistencia de los católicos de su Imperio frente al avance del Protestantismo. En cambio, su primo y sucesor, Femando II, estaba dispuesto a asumir el liderazgo católico desde el primer momento. Tanto como lo estuvo su tío abuelo, Carlos V, que se enfrentó a los inicios de la ruptura. En Bohemia, los rebeldes protestantes ofrecieron el trono a un vasallo de los Habsburgo, el Príncipe Elector del Palatinado, Federico V, protestante, y casado con Isabel Estuardo, hija de Jacobo I de Inglaterra. En los Estados del Príncipe Palatino confluían entonces un Calvinismo estricto con movimientos cabalístico-ocultistas (ciencias ocultas, numerología, cábala..), entusiastas seguidores de la Reforma desde los tiempos de Lutero; un ambiente similar al de Praga durante el reinado de Rodolfo II. Pensaban estos sectores que Federico V sería el instrumento ideal para una <refundación universal>, objetivo de aquellos movimientos ocultistas que se unieron en la Hermandad de los Rosacruz.
Dicha organización nacía con su propia leyenda recién creada: la de un supuesto Christian Rosenkreuz, nacido, según la hermandad, a finales del siglo XIV, filósofo, matemático, y constructor de instrumentos>, que <sintió deseos ardientes de realizar una reforma y buscó quien le ayudara>. Este personaje sería el equivalente al Hirán Abif de la Masonería, aunque su leyenda resulte menos elaborada que las Constituciones de Anderson. La de los Rosacruz se dio a conocer mediante tres manifiestos.
El primero de ellos, la Fama Fraternitatis, aparecido en 1614, llamaba a una <reforma universal y general de todo el ancho mundo>.Sostenía que recientemente la tumba del mítico personaje, el gran científico del siglo XIV, había sido descubierta <milagrosamente>- como en el caso de Hirán Abif- siendo ese hallazgo la señal del principio de <esa reforma general, tanto de las cosas divinas como de las humanas>.El manifiesto mezclaba doctrina calvinista con la cábala, que contiene, aunque hay quien pretende negarlo, elementos gnósticos ¡Absolutamente gnósticos! Nos encontramos ya con la gnosis, presente también en los origenes de la Masonería, porque la cábala sostiene que <cuando Dios dio la ley a Moisés también hizo una segunda revelación del significado secreto de tal Ley. Se decía que esta tradición esotérica había sido transmitida oralmente a través de los tiempos por los iniciados [.]>, según Francés E. Yates, erudita inglesa, <probablemente la académica que más ha estudiado este asunto>. Algo muy parecido a lo que sostenía la gnosis cristiana en relación con Cristo, y ese mensaje oculto que contenía el falso evangelio de Tomás. La cábala es gnosis en un sentido profundo: pretende desvelar el misterio de la Creación prescindiendo de Dios, que existe pero no es creador: el mundo procedería de un ser primordial por vía de progresivas emanaciones, a través de los Sefirot, emanaciones intermedias. Todo lo que existe está ordenado de acuerdo con el de ella traían su derecho al trono inglés los Hannover alfabeto hebreo, <lengua sagrada usada por Dios para dirigirse a los hombres>; los cabalistas crearon un complejo método de valoración numérica de cada palabra del alfabeto sagrado; esto es, numerología. Y los rosacruz lo hicieron suyo junto a otras ciencias ocultas. Como haría después la Masonería: aunque oficialmente cristianos, se alejaban del Cristianismo hasta posiciones irreconciliables, opuestas a la fe más allá de la herejía. La cábala es algo que tienen en común las dos sectas, y por eso mismo ambas son panteístas; porque ninguna de las dos cree en la Creación sino que hicieron suya la doctrina cabalística de la Emanación. El panteísmo ha estado presente en la Masonería desde el primer momento, así lo manifestaba León XIII en Humanum genus, cuando; hablando del concepto de Dios en los masones, dice: <sienten de El perversamente, como suelen los panteistas>. De ahí su fuerte presencia en la sociedad occidental, de manera nada velada en algunos documentos de Naciones Unidas, como La Carta de la Tierra, que también veremos en este libro Aquel primer manifiesto rosacruz tuvo una gran difusión y despertó un notable interés hacia la nueva hermandad.
Un año después, en 1615, aparecía un segundo manifiesto, continuación del primero: la Confessio Fraternitatis, que comenzaba con una advertencia: Del mismo modo como ahora lamamos Anticristo al Papa de Roma con toda libertad y sin daño alguno, lo que hasta ahora se consideraba pecado mortal y hombres de todo el mundo fueron ajusticiados por hacerlo, así también sabemos con certeza que llegará el día en que lo que ahora conservamos secreto lo declararemos abierta y libremente. Anunciaban un nuevo código moral, ajeno a la ley natural, en el que el pecado sería abolido; un Nuevo Orden Mundial, que no sería solamente político sino también espiritual. Igual que más tarde preconizaría el ideal masónico. El movimiento político y religioso que se fraguaba en el Palatinado, inicio de una futura extensión universal del Protestantismo, tenía raíces gnósticas y ocultistas. El mundo, según los rosacruz, debería quedar en el <mismo estado que lo encontró Adán>.
Por fin, en 1616 aparecía el tercero y último de los manifiestos rosacruz: Las bodas químicas de Christian Rosenkreuz, redactado por un pastor luterano, Juan Valentín Andreas, seguidor de la cábala y las ciencias ocultas. Un clérigo protestante. Otro, James Anderson, sería el autor, un siglo más tarde del primer reglamento masónico. Un punto más de unión entre ambas sectas. Todo el pensamiento rosacruz está influenciado por el hermetismo inglés, heredero directo del veneciano, vinculado al estudio de la cábala cristiana, tan gnóstica como la originaria,; la judía.
Como en el caso de la Masonería, en su hermana mayor – la hermandad que nos ocupa- encontramos las corrientes gnósticas, esotéricas, mágicas o luciferinas; todas ellas conectadas, y llegando por múltiples vías. Esa influencia ocultista y gnóstica es la clave de las dos sectas y también de todas las órdenes nacidas de ellas. En cuanto a los objetivos de los rosacruz, aparentemente se trataba «solo de combatir el poder de los Habsburgo y de la Iglesia, como en el siglo anterior lo hicieran ya los súbditos rebeldes de Carlos V, pero el asunto iba mucho más lejos. Le preocupaba a la nueva hermandad el impulso que la Contrarreforma estaba dando al Catolicismo, y por eso consideraban a la Compañía de Jesús como el mayor de los peligros; una vez más, la misma visión que la Masonería: los jesuitas como el enemigo a batir en un primer asalto para abalanzarse luego sobre el Papado. Después podría al fin desarrollarse la reforma profunda de <todo el ancho mundo>; una transformación moral con la abolición del pecado como concepto. Gracias a la combinación del Protestantismo, la tradición esotérica y la magia científica. Todo ello, supuestamente, al servicio del género humano.
Pero todo el proyecto se vino, momentáneamente, abajo con la derrota del Príncipe Palatino, que perdió sus Estados y hubo de refugiarse en Holanda ante el avance de las armas católicas; señaladamente de los tercios españoles venidos desde Flandes para socorrer al emperador. La alianza entre las dos ramas de la Casa de Austria trajo una victoria total del Catolicismo en aquel primer período de la que se llamaría Guerra de los Treinta Años porque esa fue su duración. Las aspiraciones de los rosacruz fueron cortadas en seco; su reforma universal tendría que esperar tiempos mejores. El rosacruzismo pasó a Inglaterra con Samuel Hartlib, que llegó huyendo de la Prusia polaca. Con emigrados alemanes y bohemios fundó en Chichester una escuela hermética sincrética, origen de un grupo que habría de influir en la fundación de la Royal Society en 1660. No resulta dificil rastrear la influencia rosacruz en círculos académicos ingleses y a través de ellos en la Masonería, pero por razones de brevedad, terminaremos viendo solamente los puntos principales de la leyenda rosacruz: un <núcleo secreto> alimentaba todas las religiones y circulaba ocultamente hasta que la hermandad lo sacó a la superficie. Los rosacruz pretendían traer su sabiduría del Antiguo Egipto; ya en el siglo XIV a. C., supuestamente, los primeros rosacruzianos se reunieron en la Gran Pirámide donde fueron iniciados en los grandes misterios. Es evidente la influencia que esta leyenda habria de ejercer en las Constituciones de Anderson: la pretensión de una gnosis procedente de la Antigüedad más venerable; el sincretismo religioso como la clave de una profunda reforma general de la humanidad; el rechazo de la Revelación. Todo ello estaba ya en los tres manifiestos que acabamos de comentar Inspirado claramente por <el padre de la mentira>. Solamente sorprende la desfachatez, tanto en el caso de la Masonería como en el de los rosacruz, con la que se presentaron ante el mundo; la osadía de sus fantasiosas propuestas y la impostura de sus remotos orígenes, coetáneos de las primeras civilizaciones. En 1704, trece años antes de la fundación de la Masonería ya existía la Orden de la Rosacruz de Oro, con un proceso de iniciación escalonado en nueve grados. Masonería y rosacruzismo se influyeron mutuamente sobre todo durante el siglo XVIII al extenderse por Alemania la joven secta nacida en Inglaterra hasta llegar a absorber en la práctica a la vieja y decadente hermandad formada y fracasada en el siglo anterior. Aunque la Masonería honra a su predecesora de varias maneras: en algunos de sus grados se la menciona expresamente. Era mucho lo que compartieron; la Masonería logró llegar donde no lo hicieron los rosacruz; consiguió tenazmente imponer las creencias compartidas; socavó el poder de la Iglesia a lo largo de trescientos años; en lo temporal y en lo espiritual; colaboró muy eficazmente en el desmoronamiento de los tronos católicos; ha ido cambiando el paradigma humano más allá de lo imaginable para los hombres que asistieron a su nacimiento. Y sigue presente y activa en nuestros días, tocando ya con los dedos esa reforma del <ancho mundo> hasta sus últimas consecuencias. Podría parecer que se apresta a recoger los frutos del árbol sembrado por sus hermanos mayores, los rosacruz, a principios del siglo XVII. Mucho de lo que pretendían, más de la mitad del programa, ya se ha logrado. Pero no todo: misteriosamente, sus designios se quiebran cuando menos lo esperan. Siguen en lucha las dos ciudades; no podía ser de otra forma.
Ricardo de la Cierva, Masonería, Satanismo y Exorcismo, pp. 82-84
José Antonio Ullate, o. c., p. 145
*Cábala judía <Tradición esotérica del judaísmo. La cábala está emparentada con las doctrinas gnósticas y con el hermetismo, y en general no está mal vista dentro del judaísmo>;
José Antonio Ullate, o. c., p. 138. En la bibliografía, el autor incluye dos obras de Francés Yates: El iluminismo Rosacruz. México D.F. Fondo de Cultura Económica, 1981, y La Filosofía Oculta de la Epoca Isabelina. México D. F. Fondo de Cultura Económica, 2001
* Panteísmo: Según el diccionario de la Real Academia Española, <Sistema de los que creen que la totalidad del universo es el único Dios>; suele manifestarse en la adoración de la Tierra; de la Naturaleza
León XIII, Carta Encíclica Humanum genus,
Filosofía <oculta> unida al cultivo de la magia; un movimiento iniciado ya en el siglo XVI
Manuel Guerra, La trama masónica, p. 50
IGLESIA Y MASONERÍA. LAS DOS CIUDADES. Alberto Bárcena
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres Tú, quiero como lo quieras Tú y durante todo el tiempo que lo quieras Tú
San Mateo 24:3-13 Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será el signo de tu venida y del fin del mundo.» Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: `Yo soy el Cristo’, y engañarán a muchos. Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin. Pues se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos. Todo esto será el comienzo de los dolores de alumbramiento. «Entonces os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente Surgirán muchos falsos profetas, que engañarán a muchos. Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de muchos se enfriará. Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
Evangelio según san Mateo, 11: 2- 6 Y habiendo oído Juan en la cárcel las obras de Cristo, envió a dos de sus discípulos, y le dijo: «¿ Eres Tú el que has de venir o esperamos a otro?» Y respondiendo Jesús, les dijo: «Id y anunciad a Juan lo que habéis oído y lo que habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados, y bienaventurado el que no fuere escandalizado en Mí». (vv. 2- 6)
Mientras Juan estuvo con los suyos les hablaba continuamente de todo lo relativo a Cristo, esto es, les recomendaba la fe en Cristo y cuando estuvo próximo a la muerte aumentaba su celo, porque no quería dejar a sus discípulos ni el más insignificante error y ni que estuvieran separados de Cristo, a quien procuró desde el principio llevar a los suyos. Y si les hubiese dicho: marchaos a El porque es mejor que yo, ciertamente no los hubiera convencido, porque hubieran creído que lo decía por un sentimiento propio de su humildad y de esta manera se hubiesen adherido más a él. ¿Qué hizo, pues? Espera oír de ellos mismos los milagros que hizo Jesús. No manda a todos, sino solamente a los dos, que él creía eran los más a propósito para convencer a los demás, para evitar toda sospecha y para juzgar con los datos positivos la diferencia inmensa entre él y Jesús
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 36,2
El movimiento que se formó alrededor de Jesús de Nazaret fue un movimiento laical, al menos durante la etapa prepascual. En ese sentido, se asemejaba al de los fariseos; de ahí que los primeros conflictos recogidos en los evangelios se refieran fundamentalmente a este último. Solo después de la última Pésaj [Pascua] de Jesús en Jerusalén la aristocracia sacerdotal del Templo – los saduceos- se fijó en Jesús y en su movimiento, dando lugar al proceso, la condena y la ejecución de Jesús. El sacerdocio del Templo era hereditario: quien no procedía de una familia de sacerdotes no podía ser sacerdote. En consecuencia, los ministerios de la comunidad que empezó a constituirse en torno a Jesús no podían pertenecer al marco del sacerdocio veterotestamentario. Examinemos brevemente las estructuras ministeriales fundamentales de la primera comunidad de Jesús.
Apostolos En el mundo griego la palabra <apóstol> es un término técnico que forma parte del lenguaje político- institucional. En el judaísmo precristiano en dicho término se aunaban la función profana del enviado, la responsabilidad ante Dios y el significado religioso. En ese contexto, se asigna al enviado autorizado por Dios y designado para un cargo.
Episkopos En griego, en la lengua común la palabra episkopos designa las funciones a las que van asociadas algunas tareas de naturaleza técnica y financiera. No obstante, posee también un sentido religioso, dado que es muy frecuente llamar episkopos- es decir, <protector> a los dioses. < La Septuaginta emplea la palabra episkopos con los dos significados difundidos hasta entonces en el mundo griego pagano: por una parte, para referirse a Dios; y, por otra, con el sentido profano y genérico de «vigilante»>
Presbyteros Mientras que entre los cristianos de origen pagano prevalece el término episkopos para designar a los ministros, la palabra presbyteros es característica del entorno judeocristiano En Jerusalén la tradición judía del <más anciano>, considerado una especie de órgano institucional, se desarrolló rápidamente hasta convertirse en una primera forma del ministerio cristiano. A partir de ese momento, vemos cómo en la Iglesia formada por judíos y paganos se desarrolla la triple forma ministerial compuesta por obispos, sacerdotes y diáconos. Así aparece claramente recogida por Ignacio de Antioquía a finales del siglo I.
Hasta la fecha, dicha forma ha expresado de modo pertinente la estructura ministerial de la Iglesia de Jesucristo tanto desde el punto de vista terminológico como ontológico. De lo dicho anteriormente hay que extraer una conclusión. El carácter laical del primer movimiento de Jesús y el carácter no cultual y no sacerdotal de los primeros ministros no se derivan de una elección anticultual y antijudaica. Son una consecuencia de la situación concreta del sacerdocio del Antiguo Testamento, en la que dicho sacerdocio se reserva exclusivamente a la tribu de Aarón- Leví. En los otros dos <movimientos laicales> de tiempos de Jesús la relación con el sacerdocio era distinta: aparentemente, los fariseos vivían fundamentalmente en sintonía con la jerarquía del Templo, excepto en lo relativo a la creencia en la resurrección de los cuerpos. Entre los esenios y el movimiento que, según se desprende de los manuscritos de Qumrán, parece haber estado asociado a ellos, la situación es más compleja. Una parte del movimiento de Qumrán estuvo marcada por la oposición al Templo herodiano y al sacerdocio relacionado con él. No se trataba de negar el sacerdocio, sino más bien de devolverlo a su forma más pura y correcta, Tampoco en el movimiento de Jesús se trata en absoluto de una cuestión de <desacralización, de <deslegalización>, ni de rechazo del sacerdocio y la jerarquía. No cabe duda de que se asume la crítica profética al culto, pero unificada de un modo sorprendente con la tradición sacerdotal y cultual en una síntesis que hemos de intentar comprender.
En mi libro El espíritu de la liturgia expuse las distintas críticas de los profetas relativas al culto. Estas críticas fueron recogidas por Esteban, y san Pablo las relaciona con la nueva tradición cultual de la última Cena de Jesús El propio Jesús había recogido y aprobado la crítica de los profetas al culto, en particular en lo relativo a la discrepancia respecto a la correcta interpretación del Shabbat (cfr. Mt 12,7-8). Examinemos en primer lugar la relación de Jesús con el Templo como expresión de la especial presencia de Dios en medio de su pueblo elegido y como lugar del culto conforme a las reglas dictadas por Moisés. El episodio de Jesús a la edad de doce años demuestra que su familia era observante y que Él mismo compartía la piedad de su familia. Las palabras que dirige a su madre «<¿acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?> (Lc 2, 49)– manifiestan la convicción de que el Templo representa de manera particular el lugar en el que habita Dios y, por lo tanto, el lugar donde le corresponde habitar al Hijo. Por otra parte, durante la breve etapa de su vida pública, Jesús participó en las peregrinaciones de Israel al Templo; y, después de su Resurrección, es sabido que su comunidad se reúne de forma regular en el Templo para la enseñanza y la oración. No obstante, a través de la purificación del Templo Jesús quiso introducir un acento fundamentalmente nuevo (Mc 11, 15ss.; Jn 2, 13- 22).
La interpretación según la cual la única intención del gesto de Jesús fue combatir los abusos y, de ese modo, reafirmar la función del Templo, es insuficiente En Juan encontramos unas palabras que interpretan la acción de Jesús como una prefigura de la destrucción de aquel edificio de piedra, que debe ser sustituido por el nuevo Templo, que es su cuerpo. En los sinópticos esta interpretación de Jesús aparece en labios de los falsos testigos del proceso (Mc 14, 58). La versión de los testigos estaba deformada, por lo que no se podía recurrir a ella en el marco del proceso. Aun así, está claro que Jesús pronunció esas palabras, cuya expresión literal no pudo determinarse con suficiente certeza a lo largo del proceso. Por eso la Iglesia naciente tuvo razones para reconocer la autenticidad de las palabras que Juan atribuye a Jesús. Eso significa que para Jesús la destrucción del Templo es consecuencia de la actitud equivocada de las más altas autoridades de la jerarquía sacerdotal. No obstante, como en todo momento crucial de la historia de la salvación, Dios se vale de la conducta errónea de los hombres como modus [medio] para manifestar un amor más grande. En definitiva, Jesús considera la destrucción del Templo existente como una etapa de sanación divina. La interpreta como la formación y organización de un culto nuevo y definitivo. En este sentido, la purificación del Templo constituye el anuncio de una nueva forma de adoración a Dios y, en consecuencia, concierne a la naturaleza del culto y del sacerdocio. Evidentemente, la última Cena, con la ofrenda del cuerpo y la sangre de Jesucristo, es decisiva para comprender lo que Jesús quería del culto y lo que rechazaba. No es momento de profundizar en la controversia que se desató con posterioridad sobre la interpretación exacta de ese acontecimiento y de las palabras de Jesús. No obstante, es importante subrayar que Jesús recoge la tradición del Sinaí y se presenta como el nuevo Moisés, pero también como la esperanza de la Nueva Alianza, formulada de un modo especial por Jeremías. Así es como anuncia la superación de la tradición del Sinaí, en el seno de la cual se considera a sí mismo a la vez autor y víctima del sacrificio. No se puede olvidar que el Jesús que se presenta en medio de sus discípulos es también el que se les entrega en su carne y en su sangre, anticipando así la Cruz y la resurrección. Sin la resurrección nada de eso tendría sentido. La crucifixión de Jesús no es en sí misma un acto cultual. Los soldados romanos que lo ejecutan no son sacerdotes. Se limitan a llevar a cabo una ejecución: no piensan en absoluto en celebrar un acto de culto relevante. El hecho de que Jesús se entregue para siempre como alimento durante la última Cena representa la anticipación de su muerte y su resurrección; lo cual significa la transformación de un acto de crueldad humana en un acto de amor y de entrega de sí mismo. De este modo Jesús lleva a cabo la renovación esencial del culto que seguirá siendo válido y obligatorio para siempre. Convierte el pecado de los hombres en un acto de perdón y de amor al que puedan incorporarse los futuros discípulos participando en lo que Jesús ha instituido. Se comprende así lo que en la Iglesia san Agustín llama el paso de la Cena al sacrificio de la mañana. La Cena es el don que Dios nos concede en el amor de Jesús que perdona. A su vez, la humanidad puede acoger ese gesto del amor de Dios y devolvérselo. En todo esto nunca se alude directamente al sacerdocio. No obstante, es evidente que el antiguo orden de Aarón queda superado y que Jesús se presenta a sí mismo como el Sumo Sacerdote. En Jesús se fusionan la tradición cultual que se remonta a Moisés y la crítica al culto de los profetas.
El amor y el sacrificio se hacen uno. En mi libro sobre Jesús expliqué cómo esta refundación del culto y, con él, del sacerdocio queda plenamente consumada en san Pablo. Esta unidad fundamental entre el amor y el sacrificio se apoya en la mediación constituida por la muerte y resurrección de Jesús. Fue claramente admitida incluso por los adversarios del anuncio paulino. Dios asume positivamente la destrucción de los muros del Templo causada por el hombre. Ya no existen muros, porque Cristo resucitado se ha convertido para el hombre en el espacio de adoración a Dios.De este modo, la destrucción del Templo herodiano significa que ya no se interpone nada entre de un lado espacio lingüistico y existencial de la legislación mosaica; y- de otro lado-el del movimiento reunido en torno a Jesús. A partir de ahora los ministerios cristianos (episkopos, presbyteros, diakonos) y los prescritos por la ley mosaica (sumos sacerdotes, sacerdotes, levitas) se presentan abiertamente asociados. Ahora ya pueden identificarse los unos con los otros con una claridad nueva. Lo cierto es que la equivalencia terminológica se produce con bastante rapidez: episkopos designa al Sumo Sacerdote, presbyteros al sacerdote, diakonos al levita. De hecho, esa equivalencia la encontramos de un modo muy claro en las catequesis sobre el bautismo de san Ambrosio, que remiten sin duda a modelos y a documentos más antiguos, uno de cuyos primeros testimonios es el que ofrece san Clemente de Roma en el año 96 en la primera Carta a los Corintios: <Debemos hacer con orden todo lo que el Señor ordenó que realizáramos en los tiempos señalados. No mandó que las ofrendas y ministerios se cumpliesen al azar y sin orden, sino en tiempos y ocasiones definidos [..]. Pues al sumo sacerdote le fueron dados sus propios ministerios y a los sacerdotes les fue asignado su lugar propio, y servicios propios urgían a los levitas. El hombre laico estaba sujeto a preceptos laicos>. Asistimos así al surgimiento de la interpretación cristológica del Antiguo Testamento, que puede considerarse también una interpretación pneumatológica. De ahí que el Antiguo Testamento haya podido convertirse y siga siendo la Biblia de los cristianos. Esta interpretación cristológica- pneumatológica ha sido calificada de <alegórica> desde una perspectiva histórico- literaria. Pero es evidente que debemos descubrir en ella la motivación de la profunda novedad de la interpretació cristiana del Antiguo Testamento. Aquí la alegoría no es un medio literario destinado a hacer el texto útil con nuevos fines: es la expresión de un pasaje histórico que corresponde a la lógica interna del texto.
GERHARD KITTEL (ed.), FRIEDRICH GERHARD (ed.), Theologisches Worterbuch zum Neuen Testament, vol. I, Stuttgart, W. Kohlhammer, 1957-1979, reim- presión de la edición de 1993, p 406.
JOSEPH RATZINGER, El espíritu de la liturgia, Madrid, Ediciones Cristiandad, 2001
JOSEPH RATZINGER, Jesús de Nazaret. De la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, Madrid, Ediciones Encuentro, 2011, Pp. 54-57.