Dios en Cristo



Evangelio según san Mateo, 10: 40- 42 «El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquél que me envió. El que recibe al profeta en nombre de profeta, recibirá la recompensa de profeta; y el que recibe al justo en el nombre de justo, recibirá la recompensa de justo. Y cualquiera que diere a beber un vaso de agua fría a uno de estos pequeñitos, tan sólo en nombre de discípulo, os digo en verdad, no perderá su recompensa». (vv. 40- 42)

En estas palabras nos enseña que El tiene el oficio de mediador: porque viniendo El de Dios y recibiéndolo nosotros a El mismo, El mismo nos transmite a Dios y. Y según este orden de gracias, lo mismo es recibir a los apóstoles que recibir a Dios, puesto que Cristo está en los apóstoles y Dios en Cristo

San Hilario, in Matthaeum, 10

Oración

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal

Evangelio

San Lucas 12:32-34
«No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Palabra del Señor

Cuando lo único que piensan es la salvación de las almas



Evangelio según san Mateo, 10: 40- 42 «El que os recibe a vosotros, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a aquél que me envió. El que recibe al profeta en nombre de profeta, recibirá la recompensa de profeta; y el que recibe al justo en el nombre de justo, recibirá la recompensa de justo. Y cualquiera que diere a beber un vaso de agua fría a uno de estos pequeñitos, tan sólo en nombre de discípulo, os digo en verdad, no perderá su recompensa». (vv. 40- 42)

Verdaderamente son suficientes estas promesas para persuadir a todos los que recibieran a los apóstoles. Porque ¿quién no recibiría con el mejor deseo a unos hombres que de esta manera estaban fortalecidos, que despreciaban todas las cosas y no tenían más objeto que la salvación de otros? Ya más arriba amenazó castigar a todos los que no los quisieran recibir y ahora promete recompensar a los que los reciben y. Primero les promete tener la gran honra de recibir a Cristo y aun al Padre. Por eso dice: «Y el que me recibe, recibe a Aquel que me envió». ¿Y qué cosa puede igualarse a este grande honor de recibir al Padre y al Hijo?

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 35,2

EL SACERDOCIO CATÓLICO




Ante la prolongada crisis que viene atravesando el sacerdocio desde hace muchos años, me ha parecido necesario remontarse a las raices más hondas del problema. Hace tiempo inicié un trabajo de reflexión teológica, pero la edad y cierta fatiga me llevaron a abandonarlo. Mis conversaciones con el cardenal Sarah me han proporcionado la energía necesaria para retomarlo y concluirlo.

En los fundamentos de la grave situación en la que hoy se encuentra el sacer- docio existe un defecto metodológico en la acogida de la Escritura como Palabra de Dios El abandono de la interpretación cristológica del Antiguo Testamento ha llevado a muchos exégetas contemporáneos hacia una teología del culto deficiente. No han entendido que, lejos de abolir el culto y la adoración debidos a Dios, Jesús los asumió y les dio cumplimiento en el acto de amor de su sacrificio. Algunos han llegado a rebatir la necesidad de un sacerdocio auténticamente cultual en la Nueva Alianza

En la primera parte de mi estudio he querido poner de relieve la estructura exegética fundamental que permite una teología del sacerdocio acertada.

En la segunda parte, aplicando esta hermenéutica al estudio de tres textos, he expuesto las exigencias del culto en espíritu y en verdad.

En adelante el acto cultual se caracteriza por la ofrenda de la totalidad de su vida en el amor. El sacerdocio de Jesucristo nos introduce en una vida que consiste en hacerse uno con Él y renunciar a todo lo que solo nos pertenece a nosotros. Para los sacerdotes ese es el fundamento de la necesidad del celibato, así como de la oración litúrgica, la meditación de la Palabra de Dios y la renuncia a los bienes materiales.

Agradezco al estimado cardenal Sarah haberme brindado la ocasión de vol- ver a saborear los textos de la Palabra de Dios que han guiado mis pasos cada día de mi vida sacerdotal.

Joseph Ratzinger Benedicto XVI
Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Dificultades acerca de la Trinidad



Cómo las tres personas son un solo Dios y, obrando indivisiblemente, ejecutan ciertas cosas separadamente 8. Pero algunos se turban cuando oyen decir que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios, y, sin embargo no hay tres dioses en la Trinidad, sino un solo Dios; y tratan de entender cómo puede ser esto; especialmente cuando se dice que la Trinidad actúa inseparablemente en todas las operaciones de Dios; con todo, no fue la voz del Hijo, sino la voz del Padre, la que resonó; solo el Hijo se apareció en carne mortal, padeció, resucitó y subió al cielo; y sólo el Espírit u Santo vino en figura de paloma. Y quieren entender como aquella voz del Padre es obra de la Trinidad, y cómo aquella carne en la que sólo el Hijo nació de una Virgen es obra de la misma Trinidad, y cómo pudo la Trinidad act uar en la figura de paloma, pues únicamente en ella se apareció el Espírit u Santo, Pues de no ser así, la Trinidad no obraría inseparablemente, y entonces el Padre sería autor de unas cosas, el Hijo de otras y el Espíritu Santo de otras; o, si ciertas operaciones son comunes y algunas privativas de una persona determinada, ya no es inseparable la Trinidad. Les preocupa también saber cómo el Espíritu Santo pertenece a dicha Trinidad no siendo engendrado por el Padre, ni por el Hijo, ni por ambos a una, aunque el Espíritu del Padre y del Hijo. Estas son, pues, las cuestiones que hasta asediarnos nos proponen; y si Dios se complace en ayudar nuestra pequeñez, ensayaremos responderles, evitando caminar con aquel que de envidia se consume (Sab. 6, 23).

Si afirmo que no suelen venirme al pensamiento tales problemas, mentiría; y si confieso que estas cosas tienen holgada mansión en mi entendimiento, pues me inflamo en el amor de la verdad a indagar, me asedian, con el derecho de la caridad, para que les indique las soluciones encontradas. No es que haya alcanzado la meta, o sea ya perfecto (si el apóstol San Pablo no se atrevió a decirlo de si, ccómo osaré yo pregonarlo, estando tan distanciado de él y bajo sus pies?); mas olvido lo que atrás queda y me lanzo, según mi capacidad, a la conquista de lo que tengo delante y corro, con la intención, hacia la recompensa de la vocación suprema (Flp. 3, 12- 14). Dónde me encuentro en este caminar, adónde he llegado y cuánto me falta para alcanzar el fin; eS lo que desean saber de mí aquellos de quienes la caridad libre me hace humilde servidor.

Es menester, y Dios me lo otorgará, que yo mismo aprenda enseñando a mis lectores, y al desear responder a otros, yo mismo encontraré lo que buscando voy. Tomo sobre mí este trabajo por mandato y con el auxilio del Señor, nuestro Dios, no con el afán de discutir autoritariamente sino con al anhelo de conocer lo que ignoro discurriendo con piedad.

De Trinitate.  Agustín de Hipona

Los mandamientos y las ordenanzas del Señor estaban escritas en las tablas de vuestro corazón

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2. Y erais todos humildes en el ánimo y libres de arrogancia, mostrando sumisión en vez de reclamarla, más contentos de dar que de recibir, y contentos con las provisiones que Dios os proveía. Y prestando atención a sus palabras, las depositabais diligentemente en vuestros corazones, y teníais los sufrimientos de Cristo delante de los ojos. Asi se os había concedido una paz profunda y rica, y un deseo insaciable de hacer el bien. Además, había caído sobre todos voso- tros un copioso derramamiento del Espíritu Santo; y, estando llenos de santo consejo, en celo excelente y piadosa confianza, extendíais las manos al Dios Todopoderoso, suplicándole que os fuera propicio, en caso de que, sin querer cometierais algún pecado. Y procurabais día y noche, en toda la comunidad, que el número de sus elegidos pudiera ser salvo, con propósito decidido y sin temor alguno. Erais sinceros y sencillos, y libres de malicia entre vosotros. Toda sedición y todo cisma era abominable para vosotros. Os sentíais apenados por las transgresiones de vuestros prójimos; con todo, juzgabais que sus deficiencias eran también vuestras. No os cansabais de obrar bien, sino que estabais dispues- tos para toda buena obra (Tit. 3, 1). Estando adornados con una vida honrosa y virtuosa en extremo, ejecutabais todos vuestros deberes en el temor de Dios Los mandamientos y las ordenanzas del Señor estaban escritas en las tablas de vuestro corazón.

Clemente de Roma, Epistola a los Corintios
Padres Apostólicos Siglo I

Se le llama Padre por tres razones: 1. Creación, 2. Gobierno y 3 Adopción



1. A causa de la manera especial como nos creó, pues nos creó a su ima gen y semejanza, imagen y semejanza que no imprimió en las demás creaturas inferiores. Deuteronomio 32, 6: «El mismo es tu Padre, el que te hizo y te creó»

2. También por razón de su gobierno: aunque gobierna todas las cosas, a nosotros nos gobierna como a señores y las demás cosas como a esclavas. Sabiduría 14,3: «Tu providencia, oh Padre, gobierna todas las cosas»; y Sabiduría 12, y 1 8: «Y a nosotros nos gobiernas con extremada consideración»

3. También por razón de su adopción: porque a las otras criaturas les dio algo como pequeños regalos; mas a nosotros la heredad, y esto porque somos sus hijos; pero por ser hijos también herederos. Dice el Apóstol (Romanos 8 15): «No recibisteis espíritu de servidumbre en el temor, sino espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre».

Comentarios sobre el Padre Nuestro y los Diez Mandamientos. Santo Tomás de Aquino

Dentro del corazón de Jesucristo



El sufrimiento de Jesucristo permanece un misterio, alrededor del cual solo podemos ir moviéndonos con suma reverencia. Jesús mismo no solo ha sabido de antemano de ese misterio, sino que ha distribuido su fruto por adelantado. <Nadie me quita mi vida, Yo la doy voluntariamente> (Jn 10,18). <Tomad y comed, este es mi cuerpo … Bebed todos de ella, esta es mi sangre de la Alianza, derramada por muchos para el perdón de los pecados> (Mt 26,26- 28). El dispone de su sufrimiento. Pero, en qué consiste este sufrir? No principalmente en un tormento fiísico que en aquel entonces miles de personas tuvieron que soportar igual que Él, sino en algo mucho más profundo si damos fe a los textos: en un ser abandonado por el Dios al que Él llama de una manera muy especial su Padre, con el que está unido como ningún otro y en cuyo <seno> siempre descansa. Nadie conoce al Padre sino el Hijo> (Mt 11,27). Por lo tanto, nadie puede experimentar semejante abandono de Dios como el Hijo. Este es el sufrimiento más profundo posible: saber por experiencia propia quién es Dios y haber perdido a ese Dios, aparentemente para siempre.

Pero solo ahora viene lo decisivo. Según los textos del Nuevo Testamento, ese sufrimiento no tiene lugar porque Dios se siente solidario con los que sufren, como dicen hoy muchos teólogos. El concepto de solidaridad expresa, sin duda, algo correcto, como lo podemos ver en el hecho de que Jesús es crucificado junto a dos malhechores, pero de ningún modo agota el contenido de su sufrimiento. Más bien, debemos aceptar el concepto de sustitución vicaria que ya nos es conocido a partir del <siervo de Dios>: uno puede, manifiestamente, expiar por los pecados de muchos. Esto lo sabía Israel. Con esto vamos ya pisando sobre las huellas justas, pero aún no estamos en la meta. Más allá de esto, debemos saber quién es ese uno. En los cantos del <siervo de Dios>, parece ser un hombre. Jesús, en efecto, es un hombre, pero es más que un hombre: Él es el Hijo del Padre. Por eso su sufrimiento no solo es el más profundo posible, como se ha dicho, sino que también puede ser el que expía por todos, porque tiene el poder de, descendiendo, atravesar y tomar desde abajo todo pecado, pero también todo sufrimiento del mundo, y asítransformarlo en una obra del amor supremo. Amor supremo no solo de Aquel que se dona, sino también de Aquel que lo dona: <Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, por el mundo (Jn 3,16), para reconciliarlo consigo por medio de Aquel que se hace el portador de todo pecado (2 Co 5,19- 21). Esta es la Buena Nueva cristiana tal y como la proclama el Nuevo Testamento, y solo ella en su plena totalidad orgánica puede arrojar luz sobre nuestro problema: Dios y el sufrimiento.

La pasión no es lo único en la vida de Jesús, ella está entre su vida terrena de trabajador y de predicador itinerante y su resurrección hacia el Padre, en la que toma consigo sus estigmas transfigurados en la vida eterna. El cristianismo no es una religión unilateral del sufrimiento. A este le antecede un trabajo dirigido al mundo y transformador del mundo, y le sigue una vida junto a Dios que acoge y salva en el todo lo vivido y sufrido. Según la concepción cristiana, el sufrimiento de Jesús es <inclusivo>, es decir, da acceso al sufrimiento del otro, que incluido en el suyo también puede expiar vicariamente. Pablo lo dice de un modo explícito en muchos pasajes (Col 1,24; Gal 4,19, etc.). El cristiano que conoce esta inclusión ve en ese sufrir con Cristo algo pleno de sentido, incluso algo digno de ser deseado, también si se transforma en una carga <que nos abruma de un modo excesivo, por encima de nuestras fuerzas> (2 Co 1,8). Un Esteban y otros discípulos en los Hechos de los Apóstoles se consideran bienaventurados por recibir la gracia de soportar tal sufrimiento por amor de Cristo y junto con Él.

¿Y el sufrimiento del sinnúmero de todos los demás que no conocen esta paradójica bienaventuranza? Aquí chocamos contra un límite de nuestra capacidad de expresión. Solo recordemos que en su Pasión Cristo ha sufrido más que todo sufrimiento humano, y lo ha hecho vicariamente, para que ningún sufrimiento humano, por más atroz y perverso que sea, vaya más allá del suyo, sino que quede conservado en el interior del suyo

Dios y el sufrimiento. Balthasar, Hans Urs von

¿Cuál de las dos religiones está de acuerdo con las lecciones de la alta filosofía?



Y por esta causa todos a una miran con tanta desconfianza las fuerzas del entendimiento: ellos que tienen un sentimiento íntimo que no les deja dudar que las fuerzas del suyo exceden a las de los otros Hombres. «Las ciencias dice profundamente Pascal tienen dos extremos que se tocan: el primero es la pura ignorancia natural en que se encuentran los hombres al nacer; el otro es aquél en que se hallan las grandes almas que habiendo recorrido todo lo que los hombres pueden saber encuentran que no saben nada». El Catolicismo dice al hombre: «tu entendimiento es muy flaco y en muchas cosas necesita un apoyo y una guía» y el Protestantismo le dice: «la luz te rodea marcha por do quieras no hay para ti mejor guía que tú mismo». :Cuál de las dos religiones está de acuerdo con las lecciones de la Inés alta filosofía? Ya no debe pues parecer extraño que los talentos más grandes que ha tenido el Protestantismo todos hayan sentido cierta propensión a la religión católica y que no haya podido ocultárseles la profunda sabiduría que se encierra en el pensamiento de sujetar en algunas materias el entendimiento humano al fallo de una autoridad irrecusable.

Y en efecto: mientras se encuentre una autoridad que en su origen en su establecimiento en su conservación en su doctrina y conducta reúna todos los títulos que puedan acreditarla de divina qué adelanta el entendimiento con no querer sujetarse a ellas? cQué alcanza divagando a merced de sus ilusiones en gravísimas materias siguiendo caminos donde no encuentra otra cosa que recuerdos de extravios escarmientos y desengaños? Si tiene el espíritu del hombre un concepto demasiado alto de sí mismo estudie su propia historia y en ella verá palpará que abandonado a sus solas fuerzas tiene muy poca garantía de acierto. Fecundo en sistemas inagotable en cavilaciones tan rápido en concebir un pensamiento como poco a propósito para madurarle; semillero de ideas que nacen hormiguean y se destruyen unas a otras como los insectos que rebullen en un lago; alzándose tal vez en alas de sublime inspiración y arrastrándose luego como el reptil que surca el polvo con su pecho; tan hábil e impetuoso para destruir las obras ajenas como incapaz de dar a las suyas una construcción sólida y duradera; empujado por la violencia de las pasiones desvanecido por el orgullo abrumado confundido por tanta variedad de objetos como se le presentan en todas direcciones deslumbrado por tantas luces falsas y engañosas apariencias; abandonado enteramente a sí mismo el espíritu humano presenta la imagen de una centella inquiet a y vivaz que recorre sin rumbo fijo la inmensidad de los cielos traza en su varío y rápido curso mil extrañas figuras siembra en el rastro de SU huella mil chispas relumbrantes encanta un momento la vista con Su resplandor Su agilidady SUS caprichos y desaparece luego en la oscuridad sin dejar en la inmensa extensión de Su camino una ráfaga de luz para esclarecer las tinieblas de la noche.

Protestantismo comparado con el Catolicismo y sus realizaciones europeas, Jaime Balmes. 1842