Mes: septiembre 2015

Oracion

Oh Dios, tú que concediste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo

Evangelio

Aleluya, aleluya.
Todo lo considero una pérdida y lo tengo por basura, para ganar a Cristo y vivir unido a él.
Aleluya
Evangelio
Lc 9, 57-62.
Te seguiré a donde vayas.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: –Te seguiré a donde vayas.
Jesús le respondió: –Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. A otro le dijo: –Sígueme. El respondió: –Déjame primero ir a enterrar a mi padre. Le contestó: –Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo: –Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. Jesús le contestó:
–El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.
Palabra del Señor

¿Por qué no soy ecologista? Porque soy cristiano

Foto de Albin Castro.
Todas las recetas verdes acaban en lo mismo: somos muchos, hay que abortar más.
Para el cristiano la naturaleza está al servicio del hombre, para el ecologista es justo al revés.
Y si el cambio climático va a acabar con la humanidad, créanme: la humanidad poco puede hacer salvo rezar.
En plena histeria por el cambio climático, verdadero ídolo de nuestro tiempo, la gran estafa del siglo XXI, hay que retratarse. No, no soy ecologista porque lo considero incompatible con mi fe cristiana.
Al menos por tres razones. A saber:
1.- El ecologismo implica una falta de confianza en la Providencia. Los verdes del siglo XXI, además de muy pelmas, son verdes agónicos. Manejan, y presumen, encima, de manejar presupuestos científicos, magnitudes tan infinitesimales o tan inconmensurables, en cualquier caso, tan siderales e inaprensibles, que sus conclusiones son cualquier cosa menos científicas y no trasmiten sensación alguna de certeza.
Al final, como decía Giovanni Guareschi, el padre Eterno se cansa, mueve ligerísimamente la falange tercera del dedo meñique de su mano izquierda y todo se derrumba y hay que volver a empezar. Esa falange se está moviendo de forma permanente y, por ejemplo, un volcán puede echar abajo todos los cálculos de los profetas de la agonía climática.
Si realmente el calentamiento global fuera serio, si supiéramos que el cambio climático resultaba apocalíptico… entonces deberíamos abandonarnos, aún más, en manos de Dios, porque nosotros nada podemos hacer contra esas magnitudes tan inalcanzables, tan intratables.
2.- El ecologismo convierte al ser humano en medio y al planeta en fin. Es panteísmo puro, la forma más cruel de ateísmo. ¿Dónde queda el mandato bíblico de ‘Henchid la tierra y sometedla’?
3.- Todos los ecologistas y demás paranoicos del cambio climático lo resuelven de la misma manera: somos muchos, hay que matar a los nuevos invitados al banquete de la vida antes de que nazcan. Nosotros no podemos.
Al final, todas las actuaciones contra el cambio climático cocidas en Naciones Unidas consisten en eso: no tengamos hijos.
Antes creía que también querían terminar con los ancianos, pero ahora pienso que no: ahora, al menos en el primer mundo, prefieren centrarse en la eliminación de nonatos dado que los que dirigen esta monumental estafa contra la humanidad, aprovechando como excusa el cambio climático, son ancianos muy apegados a la vida propia, que no a la ajena.
De hecho, les apuesto doble contra sencillo a que en esas termina la Cumbre del Desarrollo Sostenible de la ONU, con su nueva ‘engañufla’ de Objetivos del Milenio, así como la Cumbre sobre el Cambio Climático de París: en que tenemos que tener menos hijos y abortar mucho más.
No, no soy ecologista porque soy cristiano, y ambas cosas se han convertido en incompatibles: el cristianismo considera que la naturaleza está al servicio del hombre. El ecologismo cree que, por el contrario, es el hombre quien está al servicio de Gaia, la madre tierra, a quien deifica.
Eulogio López

EL NOMBRE DE «ÁNGEL» DESIGNA LA FUNCIÓN, NO EL SER

Foto de Albin Castro.
Hay que saber que el nombre de “ángel”, designa la función, no el ser del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.
Por esto, a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
Por la misma razón, se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y; así, Miguel significa: “¿Quién como Dios?, Gabriel significa: Fortaleza de Dios” y Rafael significa: “Medicina de Dios. Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiere un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando, al fin del mundo, será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se trabó una batalla con el arcángel Miguel. A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: “Fortaleza de Dios”, porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas. Rafael significa, como dijimos: “Medicina de Dios”; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado “Medicina de Dios”.


De las homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios
(Homilía 34, 8-9: PL 76,1250-1251)

Oracion

Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos

Evangelio

Aleluya, Aleluya.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos. Aleluya.
Aleluya.

Evangelio
Jn 1,47-51.

Veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Lectura del santo Evangelio según San Juan.

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.” Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?” Jesús le responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.” Natanael respondió: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.” Jesús le contestó: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.” Y añadió: “Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”

Palabra del Señor

Oración

Venid, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Por nuestro Señor Jesucristo