Categoría: Huella Cristiana

Santo Sacrificio de la Misa y el Reino de Dios


Con las invocaciones a la alianza, Jesús califica la Última Cena como una comida de renovación de la alianza, al igual que la Pascua era la comida en la que se renovaba la alianza de Dios con Moisés. Cuando los cristianos toman el cáliz eucarístico, reafirman su lugar dentro de la alianza; en la renovada y transformada alianza davídica.


En el Reino renovado, Jesús desea compartir su autoridad. Pero antes corrige la equivocada idea de reinado y de poder que tenían sus discípulos (Lucas 22, 28-30), Les dice: “Yo os preparo un reino, como mi Padre me lo preparo a mi (v. 29). La traducción castellana “preparar” no capta suficientemente el término griego. La palabra original, diatithemai, quiere decir literalmente “concertar una alianza”. Una traducción más precisa del versículo sería: “Yo concierto con vosotros un reino, como mi Padre concertó uno conmigo, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino, y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (Lucas 22, 29-30)

MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA



María fue hecha cielo en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes para que fuese instrumento de nuestra salvación.
En ella encontraron su culmen los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba en tinieblas.
María puede ser denominada de forma adecuada con diversos títulos. Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin cuerpo, salió revestido de un cuerpo.
Ella es el nuevo cielo místico, en el que el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando ostensiblemente una forma y semejanza terrena.
Ella es la vid que da como fruto un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol.
Ella es la fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios, jamás sentirá sed.
Amadísimos, se equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado con otro día de la creación. En el inicio fue creada la tierra; por medio de ella es renovada. En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad.
En el inicio, la muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres, pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida. En el inicio, la serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida.
El que se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer; Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por escabel de sus pies, la pisa con pies de niño

De los sermones de san Efrén, diácono
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)

Símbolos cristianos


Detalle del ave fénix en la hoguera de las catacumbas de Priscilla (II-III) Roma. © Pontificia Academia de Arte Sacro
El ave fénix, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos, renace de sus cenizas después de un determinado número de siglos, es el símbolo de la resurrección

Símbolos cristianos

El ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente el puerto de la eternidad

Sed de Dios y la imitación de Cristo


Estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Maestro, enséñanos a orar”» (Lc 11, 1) ¿No es acaso, al contemplar a su Maestro en oración, cuando el discípulo de Cristo desea orar? Entonces, puede aprender del Maestro de oración. Contemplando y escuchando al Hijo, los hijos aprenden a orar al Padre.

Los salmos



Hay unos rasgos constantes en los Salmos: la simplicidad y la espontaneidad de la oración, el deseo de Dios mismo a través de su creación, y con todo lo que hay de bueno en ella, la situación incómoda del creyente que, en su amor preferente por el Señor, se enfrenta con una multitud de enemigos y de tentaciones; y que, en la espera de lo que hará el Dios fiel, mantiene la certeza del amor de Dios y la entrega a la voluntad divina. La oración de los salmos está siempre orientada a la alabanza; por lo cual, corresponde bien al conjunto de los salmos el título de “Las Alabanzas”. Recopilados los salmos en función del culto de la Asamblea, son invitación a la oración y respuesta a la misma: “Hallelu-Ya!” (Aleluya), “¡Alabad al Señor!”
«¿Qué cosa hay más agradable que un Salmo? Como dice bellamente el mismo David: “Alabad al Señor, que los salmos son buenos; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa”. Y con razón: los salmos, en efecto, son la bendición del pueblo, la alabanza de Dios, el elogio de los fieles, el aplauso de todos, el lenguaje universal, la voz de la Iglesia, la profesión armoniosa de nuestra fe (San Ambrosio, Enarrationes in Psalmos, 1, 9).

El Purgatorio

Es la “prisión” de los espíritus donde, segun San Pedro, Jesús se dirigió primero a anunciar la salvación (1 Pedro 3, 19-20). Los judíos lo llamaron Sheol. El nuevo testamento griego lo llama Hades (como distinto de la Gehenna, el lugar del fuego infernal), los católicos le llamamos purgatorio.

Los primeros cristianos conocían eso. Si los sacrificios del Antiguo Testamento habían sido eficaces en beneficio de los muertos, el sacrificio de Jesús sería mucho más poderoso. Y así ofrecieron misas, junto a la misma tumba, al tercer día del entierro del cristiano fallecido; como signo, el dia tercero, de la esperanza pascual. También en los días séptimo, noveno, trigésimo o cuadragésimo, En la Autobiografía de San Agustín, Las Confesiones, se recuerda la solicitud de su moribunda madre para que Agustín hiciera un memento por ella al ofrecer la misa.

La fe es razonable (Scott Hahn)

Presencia real de Cristo en el Altar


También el admirable misterio de la presencia real del Señor bajo las especies eucarísticas, confirmado por el Concilio Vaticano II[6] y por otros documentos del Magisterio de la Iglesia[7], en el mismo sentido y con la misma autoridad con los cuales el Concilio de Trento lo había declarado materia de fe,[8] es manifestado en la celebración de la Misa, no sólo por las palabras de la consagración, por las cuales, Cristo, por la transubstanciación, se hace presente, sino también por la disposición de ánimo y la manifestación de suma reverencia y adoración que tienen lugar en la Liturgia Eucarística. Por esta misma razón se exhorta al pueblo cristiano a que el Jueves Santo en la Cena del Señor y en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y de la Santísima Sangre de Cristo, honre con peculiar culto de adoración este admirable Sacramento

INSTRUCCIÓN GENERALDEL MISAL ROMANO

EL EJEMPLO DE NAZARET



Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida. Aquí se nos revela el método que nos hará descubrir quién es Cristo. Aquí comprendemos la importancia que tiene el ambiente que rodeó su vida durante su estancia entre nosotros, y lo necesario que es el conocimiento de los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, en una palabra, de todo aquello de lo que Jesús se sirvió para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene un sentido.
Aquí, en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo. ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! ¡Cómo quisiéramos volver a empezar, junto a María, nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina! Pero estamos aquí como peregrinos y debemos renunciar al deseo de continuar en esta casa el estudio, nunca terminado, del conocimiento del Evangelio. Mas no partiremos de aquí sin recoger rápida, casi furtivamente, algunas enseñanzas de la lección de Nazaret. Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que se renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna. Silencio de Nazaret enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros. Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa de la oración personal que sólo Dios ve. Se nos ofrece además una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social. Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente; restablecer la conciencia de su dignidad, de manera que fuera a todos patente; recordar aquí, bajo este techo que el trabajo no puede ser un fin en sí mismo, y que su dignidad y la libertad para ejercerlo no provienen tan sólo de sus motivos económicos, sino también de aquellos otros valores que lo encauzan hacia un fin más noble.
Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas sus causas justas, es decir: a Cristo, nuestro Señor
De las alocuciones del papa Pablo sexto
(Alocución en Nazaret, 5 de enero de 1964)

El milagro de Uganda



Rose Busingye es la fundadora y directora de la ONG Meeting Point International en Kampala, Uganda, donde lleva más de 20 años trabajando como enfermera en los barrios más pobres, pero de manera especial con “sus” doscientas mujeres seropositivas.

Más de 1.500 enfermos de sida
Hoy, lo único que se contagia en Meeting Point es la esperanza de la fe católica de Rose, para quien las siglas VIH no son algo ajeno e indeseable, sino su labor cotidiana: más de mil enfermos de sida bajo su cuidado; mil quinientos huérfanos escolarizados, medio centenar de personas cuidando a los enfermos, una casa con un centenar de niños con varias “mamás”, dos médicos, cuatro enfermeras y veinte voluntarios.

Viven de la de la venta de artesanía, de las donaciones y del apoyo público. Pero para ella lo más importante es que detrás de cada número hay una persona con un valor infinito.

El preservativo, último recurso
“El preservativo no sirve para nada si no se cambia antes el método, la vida”, afirma Busingye en una reciente entrevista en el diario Avvenire.

“Aplicar un instrumento sin cambiar de vida no lleva a ningún sitio, sería como decirte que eres un animal, y que por tanto actúas solo siguiendo tu instinto, que no eres un hombre que pueda controlarse. Por eso hoy, entre nosotros, en África, el uso del preservativo se contempla solo como último recurso. Antes debemos preguntarnos qué sentido tiene el sexo y comprender cuál es el valor de cada persona. Porque hoy parece que es lo más importante del mundo, es la exaltación de un ídolo. Pero lo cierto es que si realmente amo al otro, busco su bien, y si sé que el método que estoy utilizando conlleva un peligro, aunque sea mínimo, entonces intento que no corra ese riesgo. El verdadero problema es educar a la persona en comprender que tiene un valor más grande, del cual es responsable”, asegura.

“Yo no impongo nada, simplemente lo vivo”
Rose es muy consciente de que un cambio de vida como este no se puede imponer, sino que solo se puede acoger voluntariamente a través del ejemplo: “Yo no propongo este modo de pensar. Simplemente lo vivo, y ellos lo ven en mí. Educar significa llevar a la persona al conocimiento de sí mismo. Lo mío no es un sermón, es algo que se ve viviéndolo. Cuando se hace este camino, uno se da cuenta de que responder únicamente a una necesidad (como puede ser el sexo), olvidándose de la totalidad de la propia persona, te deja insatisfecho. Porque el corazón es deseo de infinito. Por ejemplo: es increíble lo que ocurre en Kampala. Nosotros jugamos con los niños, les damos clase, le enseñamos a cantar, bailamos juntos… Y cuando sus padres lo ven, les dicen: «¡Enseñadnos! ¡Nosotros también queremos aprender!». Es una felicidad contagiosa. Todas las organizaciones de lucha contra el sida que ven el Meeting Point creen que nuestra alegría se debe a que recibimos medicamentos especiales, cosa que no es verdad. A veces la gente duda de que estén realmente enfermos. Pero lo cierto es que cuando uno vive así, se siente mejor, y entonces empieza a cuidar de los otros. De ahí nace algo muy hermoso. Todos se empeñan en prevenir más infecciones, y luchan por proteger la vida porque saben que la vida tiene un valor. A eso me refiero con lo de vivir y dar ejemplo. Este es un efecto que no puede obtener el preservativo”, sostiene.

El ejemplo de un Presidente no católico
“En Uganda tenemos la suerte de tener un presidente, Yoweri Museveni, que lo ha comprendido desde el principio, y estoy muy orgullosa. Él no es católico, y sin embargo, se encuentra entre las personas que hace tres años, en la tormenta que se levantó tras aquellas declaraciones del Papa con ocasión de su visita a África, se puso enseguida de su parte. Porque nuestra salvación no está dentro de un trozo de plástico. No nos vamos a salvar gracias a un preservativo. Debemos volver a ser verdaderamente hombres, con una gran dignidad y un gran valor. Y este no es un discurso católico, porque este valor no nos lo da la religión, ni siquiera el Papa. El Papa solo nos lo da a conocer, nos educa para comprender que somos hombres que tienen un valor infinito. Responder solo a nuestros instintos, a nuestras necesidades inmediatas, es demasiado poco para la grandeza de nuestro corazón”, afirma Rose, que de grandezas sabe bastante: “Aquí, en Kampala, un grupo de mujeres pobres y enfermas de sida van a diario a partir piedras para después venderlas a los constructores, y comen una sola vez al día. Cuando supieron del tsunami y del huracán Katrina en Estados Unidos, les pedimos que vinieran a rezar por las víctimas y nos dijeron: “Sabemos lo que quiere decir vivir sin una casa, sin comer. Si pertenecen a Dios, también nos pertenecen a nosotros”.

Se organizaron formando grupos para partir piedras y al final recogieron dos mil dólares que fueron enviados a la embajada de Estados Unidos. Y después del terremoto de L’Aquila en Italia dijeron “Son italianos, el país del Papa; son nuestros amigos, es más, son nuestra tribu” y recogieron y enviaron dos mil euros. Los periodistas se escandalizaron: vinieron a ver si esta gente era verdaderamente pobre. En su opinión no era justo: cuando uno hace un acto de caridad da lo que le sobra, no lo que necesita. Pero una mujer enferma les dijo: “El corazón del hombre es internacional, no conoce razas, ni colores, y se conmueve siempre”.

En 2009, Rose participó como ponente en el Sínodo para África en Roma, y cada año es invitada para dar a conocer por todo el mundo lo que ya se conoce como “el milagro de Uganda. Si el número de enfermos de sida ha disminuido drásticamente ha sido gracias a la intensa labor de personas como Rose, que saben que el secreto no está en poner un parche, sino en enseñar la alta costura de la dignidad