Categoría: Iniciativa Cristiana

La santidad cristiana

“Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman [] a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó” (Rm 8, 28-30)

Devoción

La verdadera y sólida devoción consiste en una voluntad constante, resuelta, pronta y activa de ejecutar lo que se conoce ser del agrado de Dios.

San Francisco de Sales

Comunión de los Santos


María ocupa un lugar único en la Comunión de los Santos. Dios, al encarnarse en las entrañas de María, le concedió un papel central en la historia. Permitió que el curso de la redención dependiera del consentimiento de ella. Dios estableció que en la vida de la Virgen, entretejida con la de Jesús, se cumplieron muchas de las promesas del Antiguo Testamento
Nadie puede negar que María alumbró una bendición de Dios que resultó ser la más singular de todas desde la misma creación. En el Apocalipsis, Dios proclama: “Benditos son los que murieron en el Señor”. Y María es bendecida desde el mismo momento en que nos la encontramos en las páginas de los evangelios (Lucas 1,42)
Ella recibe, en efecto, algo más que una bendición. Aprendemos de su angélico visitante, al comienzo del Evangelio de Lucas, que María es la “llena de gracia” (Lucas 1,28). Los ángeles la saludan como si esa expresión fuese un título: “!Ave, la Llena de Gracia!” . Algunas traducciones interpretan el pasaje así: “Ave, agraciada!”. La traducción ciertamente resulta difícil, porque la palabra griega en cuestión, Kecharitomene, no aparece casi nunca en la literatura antigua. Cuando en algún otro lugar del Nuevo Testamento se quiere describir algo como “lleno de gracia” se emplea una expresión diferente, como por ejemplo plebles charito en el caso de Esteban (Hechos 6,8)
La misma singularidad del término da idea de la singularidad de la condición de Maria. La forma gramatical griega indica que su “gracia” o “favor” es una condición presente y permanente, resultante de una acción llevada a cabo por Dios. Incluso la forma de saludarla de los ángeles resulta única si se analizan las Escrituras. Es la única vez que un ángel se dirige a alguien empleando un título en lugar de un nombre personal.
Isabel, la prima de María, inspirada por Dios, reconoce el carácter único de la joven cuando exclama: “!Bendita seas enre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!” (Lucas 1,41-42). De nuevo, María -a diferencia de los otros santos- es “santificada” en vida, desde el primer momento en que aparece; y no sólo al morir “en el Señor”.
María misma testifica que aquello es solamente el comienzo: “… me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1,48), una afirmación que parecería arrogante en boca de cualquier otro personaje histórico. A muy pocos se les recuerda al dejar de existir; muchos menos, miles de años después. Sin embargo, la Biblia misma ha canonizado la singular proclamación de aquella muchacha de Nazaret.
Y la bendición de María -su santidad- no es algo exclusivo del Evangelio de Lucas. También aparece en el libro del Apocalipsis. En el clima dramático de la visión de Juan, él ve “una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Está encinta” (Ap 12, 1-2). El hijo de la mujer es un “hijo varón… que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro” y desde “su trono” (v 5) El hijo es claramente Jesús; y la mujer radiante, su madre. Luego observamos a María coronada en los cielos y enjoyada con luces cósmicas; un privilegio exclusivo no sólo a las demás mujeres, sino respecto al conjunto de la raza humana. Y al ser un privilegio celestial, también lo es eterno
Cf. Bernard J lefrois SVD, The Woman Clothed with the Sun: Individual or Collective (Roma. Orbis Catholicus, 1954); Hans Urbs von Balthasar y Joseph Ratzinger, Mary: The Church at the Source.

Provida

La causa provida cada vez tiene más seguidores. A pesar de las legislaciones y de los escalofriantes datos que existen hay más defensores activos que dan lo mejor que tienen para defender la dignidad humana. Pero, ¿qué es ser provida? No es solamente estar contra el aborto o la eutanasia sino contra cualquier práctica que sea una afrenta a la dignidad humana y que muchas veces se comete en la rutina del día a día.

Estar a favor de la vida significa amar el don de Dios de la vida y actuar con ese amor con todas las personas, las que amamos y las que nos atacan. Por ello, hay 34 puntos que su familia puede realizar para ser una familia provida.

Son pequeñas cosas que puede hacer en el día a día y algunas de las cuales pueden llevar a cabo todos juntos. Estos puntos fueron publicados originalmente en Catholic Digest y han sido adaptados a la realidad española. Nunca olvide una cosa: no se desespere si ve que va siempre a contracorriente, no está solo. Dios nada a su lado. Estos son algunos de los muchas cosas que se pueden hacer:

  1. Dar la vida. Usted puede plantearse la posibilidad de adoptar o acoger un niño. Si no puede siempre existe la posibilidad de contribuir ayudando a los padres adoptivos. Del mismo modo, puede colaborar con su tiempo o dinero con alguna organización que trabaja con madres jóvenes, ofreciendo su experiencia.
  2. Adoptar espiritualmente un bebé en peligro de aborto. Durante nueve meses su familia puede rezar esta oración que escribió el obispo estadounidense Fulton Sheen: “Jesús, María y José, os quiero mucho. Os ruego que perdonéis la vida del bebé no nacido que he adoptado espiritualmente, que está en peligro de aborto”. O bien, también puede rezar esta otra: “Señor Jesús, por mediación de María, Tu Madre, que te dio a luz con amor, y por intercesión de San José, quien contempló extasiado el Misterio de la Encarnación y se ocupó de Ti tras tu nacimiento, te pido por este pequeño no nacido que he adoptado espiritualmente, y que se encuentra en peligro de ser abortado. Te pido que des a los padres de este bebé amor y valor para que le permitan vivir la vida que Tú mismo le has preperado. Amén”.
  3. Dar de manera rutinaria. Cuando haga las compras para su familia, puede adquirir el hábito de coger un producto extra (algo de comida, pañales, calcetines) y donarlo a un banco de alimentos, una organización caritativa o de ayuda a madres sin recursos.
  4. Participar en campañas a favor de la vida como por ejemplo 40 días por la Vida.
  5. Participe en algún grupo. Puede participar en alguno de los grupos próvida y ofrecer su tiempo. También puede ayudar a abrir algún grupo en su parroquia.
  6. Hacer correr la voz. Siempre con el permiso de su párroco puede dejar folletos provida en la entrada de su iglesia.
  7. Amar toda vida humana. Hacer un esfuerzo especial para ser amable con quien le hace sentirse incómodo: los discapacitados físicos o mentales, los ancianos, personas malolientes o personas solitarias, etc. Cinco minutos de conversación amistosa pueden ser un bálsamo para ellas.
  8. Educarse a sí mismos y a otros. Los niños también pueden tener un papel importante educando a sus maestros y compañeros. Cuando tengan que hacer un trabajo, realizarlo sobre la familia, por ejemplo.
  9. Sea un motivador. Muestre una sonrisa alentadora a los padres jóvenes que luchan con su hijo que grita en la parte trasera de la iglesia.
  10. Ponerse en pie y habla. Acuda a las marchas y concentraciones por la vida o participe en alguna demostración pública de su fe. Los católicos deben tener la experiencia de mostrar su fe en público en algún momento de sus vidas.
  11. Rezar más. Alguna vez al mes, rece un Rosario en voz baja frente alguna clínica abortista, tal y como hace por ejemplo la escuela de Rescatadores de Juan Pablo II en Madrid.
  12. Cuide sus palabras. Si acude a alguna protesta o marcha recuerde que está mostrando el rostro de Cristo en el mundo. Nunca sea grosero. Recuerde que la mujer que acude a una clínica abortiva a menudo se siente como si no tuviera otra opción. Ella es una víctima también.
  13. Comparta a su bebé. Si tiene la suerte de tener uno muestre al mundo la belleza de tener un niño, que la gente pueda admirar esta gracia.
  14. Use imágenes hermosas. Siempre que sea posible muestre las hermosas imágenes de los bebé no nacidos vivos.
  15. Echar una mano a las nuevas mamás. Toda ayuda es poca para ellas en ese momento.
  16. Ser bueno con la propia familia. Al recibir el Premio Nobel de la Paz, Madre Teresa de Calcuta tuvo que responder qué se podía hacer para promover la paz en el mundo. Ella dijo: “Vete a casa y ama a tu familia”. La causa provida también empieza en la familia, en su propia casa.
  17. La alegría de la familia en público. Usted no tiene porqué estar todo el día feliz, sonriente e intentando mostrar siempre la perfección en su familia pero no tiene que dar tampoco la impresión de que sus hijos son una carga terrible que querría quitarse de en medio. Especialmente si es una familia numerosa recuerde que los niños son siempre una alegría.
  18. Visite una residencia de ancianos. Muchos de los que allí viven no reciben nunca una visita. Ellos estarían encantados de hablar con alguien o de escuchar a sus hijos recitarles un poema o cantarles una canción.
  19. Sea positivo. No esté todo el día quejándose de todo lo malo que hay en el mundo y procure también resaltar lo positivo. Cuente historias que muestren el heroísmo y la generosidad de las personas. Este mundo necesita esperanza en estos momentos de tanta incertidumbre.
  20. Querer a todas las personas. Les cueste lo que les cueste intente hablar a otras personas mostrando que las reconoce su dignidad como hijos de Dios. Es muy fácil ser respetuoso con los que estamos de acuerdo pero estar a favor de la vida significa defender la dignidad de toda vida, también de la gente que no le gusta.
  21. No olvide a los hombres. Recuerde que los hombres también sufren en el aborto y que no tienen ninguna potestad legal en la decisión de abortar. Rece a San José por todos los hombres que participen en su vida y entienda que ellos también sufren por la vida y los asuntos de la muerte.
  22. Un símbolo externo. Una pegatina en el coche que sea positiva contra el aborto o una camiseta que porte podría ser el mensaje que alguien tuviera que ver un día y que le cambiase para siempre.
  23. Llegar a los políticos. Escriba cartas a sus representantes en las instituciones.
  24. Haga sus deberes en casa. Asegúrese de que tanto los adultos como los adolescentes de su casa estén informados de por qué la Iglesia se opone al aborto, la eutanasia o a la investigación con células madre embrionarias, etc Nunca sabe cuando va a ser interrogado en público por ello y deba defender su punto de vista. Por ello, debe estar preparado.
  25. Dedique tiempo a los moribundos. Puede también ser voluntario en un hospicio o convertirse en un ministro extraordinario de la Eucaristía que lleve la Sagrada Comunión o el Santísimo a los moribundos y a las personas que no pueden salir de sus casas.
  26. Rezar a los santos. Puede empezar por los patrones de los movimientos provida: San Maximiliano Kolbe, Santa Faustina, San José, Santa Isabel, Santa Gianna Molla o Nuestra Señora de Guadalupe.
  27. Orar por los trabajadores del aborto. Los testimonios de aquellos que colaboraron en este sector de la muerte y que lo dejaron son impresionantes.
  28. Sea mejor que los promuerte. Los defensores del aborto o la eutanasia intentan deshumanizar a sus víctimas indefensas con el fin de hacer más aceptable el daño que causarán. Nunca deshumanice a las personas que se opongan a usted, con palabras o con el corazón. En su lugar, rece por ellas.
  29. Manténgase informado. Esté siempre al tanto de las noticias sobre el movimiento provida. Hay muchas en todo el mundo, también en España, como Derecho a Vivir o Profesionales por la Ética.
  30. Votar de manera responsable. Cuando haya elecciones, dé importancia a la causa provida.
  31. Apoye a los médicos provida. Recuerde que muchos de ellos han sacrificado sus carreras y sus afectos en el sector por defender con firmeza sus convicciones.
  32. Siga las enseñanzas de la Iglesia. Rechace los métodos anticonceptivos artificiales y no tenga miedo a lo que dice la Iglesia. Estar abierto a la vida está en el corazón de respetar la vida.
  33. Ser amable y cariñoso. Cuando hable de mujeres que han abortado recuerde que muchas personas tienen un pasado que lamentan y pueden estar escuchando. Las palabras crueles y duras pueden hacerles mucho daño.
  34. Esperanza. Este último punto es muy importante pues ayuda a realizar los 33 anteriores. A pesar de que las leyes y los gobernantes vayan en dirección contraria o que la mayoría de la gente no apoye nuestras reivindicaciones ponga su confianza en Dios. No luchamos solos en esta guerra.

La Iglesia y la enseñanza en la Edad Media


En el siglo XII había sólo en Francia 70 abadías con escuelas. Todos los grandes obispos querían una

El Dr. Thomas Woods, doctor en Historia por la Universidad de Harvard en EE.UU. dice en uno de sus libros que:

“La Iglesia católica moldeó el tipo de civilización en que vivimos y el tipo de personas que somos mucho más de lo que la gente es consciente. Aunque los típicos libros de las facultades no lo digan, la Iglesia católica fue la indispensable constructora de la civilización occidental. La Iglesia católica no sólo eliminó costumbres repugnantes del mundo antiguo, como el infanticidio y los combates de los gladiadores, sino que, después de la caída de Roma, restauró y construyó la civilización”.

Uno de los puntos más importantes de la actuación de la Iglesia en la Edad Media cristiana fue en el campo de la ciencia. Sin la Iglesia no existiría la belleza de la arquitectura, de la música, del arte sacro, de las universidades, de los castillos, del derecho, de la economía, etc.

En el siglo VI San Cesareo de Arlés ya exponía en el Concilio de Vaison (529) la necesidad imperiosa de crear escuelas en el campo; y de que los obispos se dedicaran a esto. Igualmente fue la Iglesia la que puso en pie para Carlomagno (†814) su política escolar; y retomó la tarea educadora en el siglo X tras el fin de su Imperio.

El III Concilio de Letrán (1179), en Roma, presidido por el Papa Alejandro III (1159-1181), ordenó al clero que abriese escuelas por todas partes para los niños, gratuitamente. Obligó que todas las diócesis tuvieran al menos una. Esas escuelas fueron las semillas de las Universidades que luego surgirían: Sorbona (Paris), Bolonia (Italia), Canterbury (Inglaterra), Toledo y Salamanca (España), Salerno, La Sapienza, Raviera en Italia; Coimbra en Portugal.

En el siglo XII había sólo en Francia 70 abadías con escuelas. Todos los grandes obispos también querían tener escuelas: en Francia, en el siglo XII había más de 50 escuelas episcopales. De los siete a los veinte años los niños y jóvenes eran recibidos en esas escuelas sin distinción de clases. Había escuelas sólo para niñas y jóvenes. Las disciplinas se dividían en “trivium” (gramática, dialéctica y retórica) y “quadrivium” (aritmética, geometría, astronomía y música). Pero un gran pedagogo de la época, Thierry de Chartres, decía que el “trivium y el quadrivium” eran sólo un medio y que el fin era “formar almas en la verdad y en la sabiduría”.

En muchas escuelas los alumnos tenían enseñanza técnica de cómo trabajar el oro, la plata y el cobre. En algunas surgían las especializaciones: Chartres (letras), París (teología), Bolonia (derecho), Salerno y Montpellier (medicina).

El Concilio general de Letrán III, aprobó el siguiente canon: “La Iglesia de Dios, como madre piadosa, tiene el deber de velar por los pobres a los cuales por la indigencia de los padres faltan los medios suficientes para poder fácilmente estudiar y progresar en las letras y en las ciencias. Ordenamos, por tanto, que en todas las iglesias catedrales se provea un beneficio (renta) conveniente a un maestro, encargado de enseñar gratuitamente a los clérigos de esa iglesia y a todos los alumnos pobres” (can. 18, Mansi XXII 227s).

El IV Concilio ecuménico de Letrán (1215), renovó este decreto. Teodulfo, obispo de Orléans en el siglo VIII, promulgó el siguiente decreto: “Los sacerdotes mantengan escuelas en las aldeas, en los campos; si cualquiera de los fieles les quisiera confiar a sus hijos para aprender las letras no los dejen de recibir e instruir, pero enséñenles con perfecta caridad. No por esto exijan salario o reciban recompensa alguna a no ser por excepción, cuando los padres voluntariamente la quisiera ofrecer por afecto o reconocimiento” (Sirmond, Concilia Galliae II 215).

Es muy significativo que uno de los últimos testimonios contra la acusación de que la Iglesia obstruyó la ciencia en la Edad Media lo realizara en 1957 un grupo de expertos que, sin intención confesional alguna, escribieron la historia de la ciencia antigua y medieval:

“Nos parece imposible aceptar la doble acusación de estancamiento y esterilidad levantada contra la Edad Media latina. Por cierto la herencia (cultural) antigua no fue totalmente conocida ni siempre juiciosamente explorada;… pero no es menos verdad que de un siglo a otro – incluso de una generación a otra dentro del mismo grupo – hay evolución y generalmente progreso. La Iglesia en la Edad Media salvó y estimó mucho más de lo que frenó o desvió. Por esto, cuando sólo quiere apelar a la Antigüedad, el Renacimiento es realmente el hijo ingrato de la Edad Media” (La science antique et médiévale, sous la direction de René Taton, Presses Universitaires de France. Paris 1957, 581s).

Esos pocos datos muestran cuánto hizo la Iglesia por la enseñanza y por el saber en la Edad Media, muy al contrario de lo que muchos piensan: que la Iglesia fue contra la ciencia y la enseñanza

La ley nueva

La Ley nueva practica los actos de la religión: la limosna, la oración y el ayuno, ordenándolos al “Padre [] que ve en lo secreto”, por oposición al deseo “de ser visto por los hombres” (cf Mt 6, 1-6; 16-18). Su oración es el Padre Nuestro (Mt 6, 9-13).

La ley nueva

La Ley nueva es la gracia del Espíritu Santo dada a los fieles mediante la fe en Cristo

Actúa por la caridad, utiliza el Sermón del Señor para enseñarnos lo que hay que hacer, y los sacramentos para comunicarnos la gracia de realizarlo: «El que quiera meditar con piedad y perspicacia el Sermón que nuestro Señor pronunció en la montaña, según lo leemos en el Evangelio de san Mateo, encontrará en él sin duda alguna cuanto se refiere a las más perfectas costumbres cristianas, al modo de la carta perfecta de la vida cristiana. He dicho esto para dejar claro que este sermón es perfecto porque contiene todos los preceptos propios para guiar la vida cristiana» (San Agustín, De sermone Domine in monte, 1, 1, 1).