Día: 19 diciembre, 2016

Algunas diferencias

Los dos son barbados. Pero, aparte de esta similitud, en lo demás son personajes antitéticos, símbolos de dos navidades distintas.

La barba del infame gordo con aspecto de botella de Coca-Cola es blanca, tupida y lustrosa, ideal guarida tanto de fideos como de chinches. La barba del Bautista es oscura y recia; cada pelo se delata a sí mismo.

El de la barba blanca es obeso, y aún así presume de entrar en las casas por las chimeneas. El nuncio del Cordero es delgado y austero, sobrio como su embajada. Vivía en el desierto (…) se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

El gordo, que grita «¡Jo, jo, jo!», invita a los hombres a comprar, gastar, comer y beber. El hijo de Zacarías invita a los hombres a esperar con sobriedad al que viene: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

Mira: las dos navidades no son compatibles. O haces caso al Bautista y esperas al Señor en oración, silencio y austeridad, o sigues al gordo de las barbas y esperas la navidad en unos grandes almacenes, soltando dinero y embriagándote en comidas de empresa. Pero tienes que elegir; no puedes celebrar, a un tiempo las dos navidades

LA MISERICORDIA ES EL SACRIFICIO QUE MAS ACEPTA DIOS


“No honramos a Dios con sacrificios exteriores o con obsequios a causa de El mismo, sino por causa de nosotros y de nuestros prójimos, porque El no necesita de nuestros sacrificios, sino que quiere que le sean ofrecidos para excitar nuestra devoción y para ser útiles a nuestros prójimos. Así, pues, la misericordia, por la cual socorremos las miserias de otros, es el sacrificio a El más acepto; pues es Dios mismo quien nos induce más inmediatamente al servicio y utilidad de nuestros prójimos, según aquello: No olvidéis hacer bien y comunicar con otros vuestros bienes, porque con tales ofrendas se merece a Dios” Santo Tomas de Aquino

Oración

​Señor y Dios nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la Encarnación de tu Hijo. Él que vive y reina contigo

Evangelio

​Aleluya, aleluya.

Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ven a librarnos, no tardes más.

Aleluya.
EVANGELIO

Lc 1, 5-25.
El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista.
 Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.» Zacarías replicó al ángel: «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.» El ángel le contestó: «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.» El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo. Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: «Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»
Palabra del Señor