Jesús es Dios

¡Faltaría más! La Biblia de los testigos traduce el versículo 5 del capítulo 9 de la carta a los romanos: “el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, sea bendito para siempre”. En este párrafo San Pablo afirma categóricamente la divinidad de Jesucristo, y esto no podían consentirlo los testigos. Solución: corregir a San Pablo; corregir a Dios mismo, cuya palabra aseguran los testigos que es la Biblia. De este modo, lo que era confesión de la divinidad de Cristo se convierte en una alabanza, no de Jesús, sino de Dios, “que está sobre todas las cosas, sea bendito, amén”. Algunos más –Wetstein, Tischendorf, Jülicher, Lietzmann– traducen el versículo citado de forma parecida a los testigos de Jehová; pero es tan débil y tan artificiosa su argumentación básica, que se derrumba por sí misma, tanto más cuando la doctrina de la divinidad de Jesucristo es clara en San Pablo, como en Flp 2,5-11; en Col 2,9, etc.

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