Santo Sacrificio

En la Antigua Alianza, los israelitas ofrecían sacrificos para expiar sus pecados. Pero ahora el sacrificio de Cristo es sufiente para expiarlo todo. Por su muerte, Él consuma lo que muchos millones de oferentes del mundo antiguo nunca pudieron consumar. Atendamos lo que dice la epístola a los Hebreos: “Porque si la sangre de machos cabríos y toros y la aspersion de la ceniza de una vaca pueden santificar a los impuros para la purificación de la carne, !Cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios, limpiará de las obras muertas nuestra conciencia para dar culto al Dios vivo. La muerte y resurrección de Cristo establece de “una vez por todas” el sacrificio: “hemos sido santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesús de una vez por todas (Hebreos 10, 10)

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