Categoría: Scott Hahn

Antigua y Nueva Alianza


En el Evangelio de Lucas, Jesús se refiere al cáliz eucarístico como la “Nueva Alianza en mi Sangre” (22,20). Evoca las palabras de Moisés en Éxodo 24, 6-8: “Esta es la sangre de la alianza”; pero Cristo las combina con el oráculo de Jeremías -muy posterior a aquellas- referido a la promesa divina: Mirad que vienen días -oráculo del Señor- en que pactaré una nueva alianza con la casa de israel y la casa de Judá (Jr 31, 31)La “Nueva Alianza” de Jeremías iba a ser como la alianza rota del Sinaí (Jr 31, 32). El profeta aclaró (Jeremías 30-33) que, con la “Nueva Alianza”, se alcanzaría un nuevo nivel de intimidad con Dios (31, 33 -34); además de lograrse la reunificación del Reino dividido (31, 31), así como la restauración de la Casa de David (30, 9,33, 14-26), y de la alianza de David (33, 19-21) Eso era una gran noticia, una buena noticia, que sintoniza plenamente con las palabras de Jesús en la institución.
La fe es razonable (Scott Hahn)

Noticias de última Hora

Si la promesa de Jesús es el marco del relato, el punto focal es el así llamado “relato de la institución”. Las palabras de la institución son ciertamente extrañas, aunque los cristianos nos hemos acostumbrado a ellas a lo largo de estos dos milenios, Jesús, el rey y el ungido, se identifica a sí mismo con el pan partido y con el vino: “Esto es mi cuerpo… este cáliz es la nueva alianza en mi sangre” (Lucas 22, 19-20). Luego, en el relato de Lucas y Pablo, se recoge el mandato de Jesús de reiterar esta comida “en conmemoración” suya. Este mandato hace del pasaje el relato de la última comida de Jesús antes de su muerte. Pero Jesús manda a los apóstoles que repitan la cena cuando Él ya no esté visiblemente presente. Y así, la narración de la Última Cena se convierte en el relato fundacional para la actuación de la Iglesia, como vemos en los Hechos de los Apóstoles (2, 42, 46; 20, 7, 11;27, 35)

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El Reino de Dios

Ardientemente he deseado comer esta pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que no la volveré a comer hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios. Y tomando el cáliz, dio gracias y dijo: Tomadlo y distribuidlo entre vosotros; pues os digo que a partir de ahora no beberé el fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios (Lucas 22, 15-18)

Jesús recalca aquí que, de alguna manera, la Cena se relaciona con el Reino y con la llegada de éste; y también con el hecho de que el Reino está llegando a ese momento. Asocia el Reino con el comer y beber, como se observa en algunos versículos posteriores, al asegurar a sus discípulos que ellos “comerán y beberán… a mi mesa en mi Reino (v. 30). Aquellos dos declaraciones enmarcan el relato de la Cena, y establecen una promesa: comer y beber con Jesús será manifestación de la presencia del reino. Pocos días después, Cristo resucitado como con los discípulos. Al compartir esa comida, Jesús les ofrece garantías de que el Reino ya estuvo presente allí realmente.

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Las 3 Comidas

El tema del Reino caracteriza a estas tres comidas:

Las cinco mil personas quedan “satisfechas” y se recogen doce cestos con el pan sobrante; lo cual indica la plenitud de las doce tribus de Israel bajo el Hijo de David (1 Reyes 4, 20; 8, 65-66)

La Última Cena está estrechamente asociada con la inminente llegada del Reino (Lucas 22, 16 18 y 29-30)

y la secuencia de Emaús se inicia con el comentario de los discípulos: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel”; es decir, quien restauraría el Reino de David (Lucas 1, 68-69)

Al compartir aquellas comidas, Jesús actuaba como su antepasado real. David prolongó fielmente la alianza a través de la participación en su mesa real (2 Samuel 9 7, 10, 13; 1 Reyes 2, 7). Los salmos de David emplean imágenes de comidas y bebidas para celebrar la provisión de los dones de Dios; y los profetas describen la restauración de la ciudad de David (Isaías 25, 6-8) Jeremías 31, 12-14) y de la alianza con David (Isaías 55, 1-5) con imágenes de banquetes. En Ezequiel el papel primario del “pastor” es “alimentar” a Israel (Ezequiel 34, 23)

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Un Manjar digno de reyes

El relato de Lucas sobre la Última Cena constituye un texto clave para relacionar la identidad de Jesús como “hijo de David” y la Iglesia como el davídico “Reino de Dios”. En la mesa, Jesús constituyó a los apóstoles como vice-regentes suyos. A partir de ese momento, ejercerán la autoridad en su nombre. En los Hechos de los Apóstoles -el libro que Lucas escribió como secuela de su Evangelio- observamos a los apóstoles ejerciendo la autoridad que Jesús les había conferido para el gobierno de la iglesia

Lucas, más que ninguna otro evangelista, asocia las imágenes del Reino con el compartir la mesa. Los exégetas identifican diez comidas distintas en el Evangelio de Lucas. Todas pueden interpretarse como anticipo del banquete del Mesías anunciado por los profetas del Antiguo Testamento (Isaías 25, 6-8; Zacarías 8, 7-8; 19-23). Lo cual resulta todavía más evidente en las comidas que preside el propio Mesías: la que alimenta a cinco mil personas (9, 10-17), La Última Cena (Lucas 22, 7-38), y la comida en Emaús (24, 13-35). En las tres comidas que refiere Lucas -y sólo en ellas- se habla de un pan que es partido. Se utilizará la misma expresión en Hechos 2, 42 y 46; 20, 7 y 11; 27, 35

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Cuando venga el Reino

A lo largo de los siglos, los judíos han aludido al “fracaso” de Cristo y, en consecuencia, han propuesto seguir a la espera del Reino anunciado que, según ellos, es distinto del que defienden los cristianos. Los paganos que se oponían al cristianismo (Celso en el siglo II; Juliano en el IV) utilizaron la misma línea argumentativa. En los siglos XIX y XX algunos pocos cristianos unieron sus voces a este coro. Alfred Loisy estaba entre ellos; y también Germán F. C. Baur. Para este último, Pablo fué el auténtico inventor del cristianismo tal y como lo conocemos hoy, al adaptar la doctrina cristiana al hecho de que no llegara el Reino anunciado.

En el lado opuesto del espectro teológico que representan Baur y Loisy está C. I. Scofield. Su famosa obra Scofield Referent Bible ha inspirado a generaciones de americanos fundamentalistas. Scofield trata de dar respuesta a los críticos liberales, pero aceptando el punto de partida de aquellos; es decir que hay una ruptura entre la expectación del Reino y su venida. El razonamiento de Scofield discurre así: Jesús ofreció el Reino a los Judíos, pero ellos lo rechazaron, de manera que, en lugar del reino, estableció la Iglesia, com un “gran paréntesis” entre el ministerio de Jesús y la venida del verdadero Reino, que no llegará hasta después del “éxtasis”

En los días inmediatamente posteriores a la resurrección, uno de los discípulos preguntó: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? (Hechos 1,6). Ésta angustiada pregunta resuena todavía después de dos milenios. Y es evidente que, después de todo este tiempo, algunos todavía encuentran dificultades en identificar lo que Dios prometió con lo que hoy tienen los cristianos

Debemos preguntarnos, sin embargo, si el problema proviene de lo dispuesto por Dios o de las expectativas humanas. Para resolver la cuestión, conviene volver al lugar de las Escrituras donde Jesús proclama su Reino en los términos más nítidos e íntimos, en la Última Cena. Al ser el Evangelio de Lucas el que nos proporciona mayor abundancia de detalles sobre el Reino

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La Iglesia

El exégeta modernista Alfred Loisy anunciaba haber perdido la fe al afirmar sarcásticamente: “Jesús proclamó el reino; y lo que vino fué la iglesia”

Loisy no fué el único en sugerir esta idea. La yuxtaposición entre iglesia y Reino llegó a ser lugar común en determinados círculos especializados a finales del siglo XIX

Cuando venga el Reino de Dios. Esta expresión indica ciertamente que hay un intervalo de tiempo entre la expectación de los creyentes y el cumplimiento por parte del Señor. Personas con una mejor disposición que Alfred Loisy para creer también se han sentido perplejos ante el problema de la espera del reino. Los propios discípulos experimentaron un profundo desánimo tras la muerte de Jesús: “Nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel (Lucas 24, 21)

Esperaban que la redención viniera como consecuencia de una reconquista militar o de una milagrosa intervención desde los cielos. No imaginaban que conllevara sufrimiento, muerte y un aparente fracaso. Cuando rezaban por la llegada del Reino no esperaban ciertamente la iglesia. Pero es lo que recibieron

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Acción de Gracias


Jesús renueva el sacrificio de acción de gracias, la Todah, por su propia ofrenda de pan y vino, la Eucharistía. Ciertamente, siempre que vemos a Jesús partiendo el pan, está “dando gracias” (Lucas 24, 30-35; Juan 6, 11)

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Reina Madre

María aparece como la Reina Madre; al aconsejar a su real Hijo (Juan 2, 3), al interceder por sus súbditos, al recibir a los dignatarios extranjeros acompañando a Jesús (Mateo 2, 11), y al estar rodeada de una corte de doce ministros reales, los apóstoles (Juan 2, 5, Hechos 1, 14, Lucas 1, 27)

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La Alianza de Dios con David y ¿que tiene que ver con Jesús?


El reino de David estaba destinado a ser eterno. El arcángel Gabriel prometió a María que Jesús “Reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin” (Lucas 1, 3)
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