Pilato se lava las manos

Fue entonces cuando, pidiendo un poco de agua y en un gesto netamente ritual viendo que nada conseguía, se lavó las manos, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre», a lo que respondieron «caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Y dice San Mateo: «y todo el pueblo judío» (Mt 27, 25) pidió la crucifixión. Pilato llevaba en Judea al menos cuatro años y conocía ya las costumbres judías. El lavatorio de manos era algo conocido entre todos: era el modo de reclamar su «inocencia» en el asunto, como dice el salmista: «Yo lavaré mis manos en la inocencia» (Sal 25, 6). Y no sólo pronunció las palabras «exculpatorias», sino que–previendo que muchos de los judíos allí presentes no entendiesen el griego koiné, lengua franca por entonces en Judea–, realizó este gesto para que todo el mundo pudiese verlo, gesto conocido no sólo por los griegos–es mencionado por Herodoto– sino también por los romanos, figurando incluso en La Eneida de Virgilio

La condena «Tomadle vosotros y crucificadle, pues yo no hallo crimen en él», dijo Pilato (Jn 19, 6). En esta frase, cabe aclararlo, no debe entenderse que el procurador estaba cediendo la ejecución de la pena a los judíos; sus palabras más bien son una rabiosa negación a la exigencia judía. – «Nosotros tenemos una ley y según la ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios» (Jn 19, 7)–le respondieron. Llama la atención que por primera vez sacan a relucir ante Pilato la acusación de blasfemia, queriendo farisaicamente demostrar que no estaban movidos por odio o envidia, sino por «respeto a la Ley»…; es decir, por una cuestión religiosa. Esta denuncia habrá causado mucha impresión en Pilato. ¿Por qué lo acusaban de una cosa y luego de otra? ¿Sería realmente alguien superior el Galileo? Entonces lo llevó de nuevo al interior del Pretorio y le preguntó él mismo acerca del misterio de su personalidad: – «¿ De dónde eres tú?» (es decir, de qué origen, terreno o celestial). Jesús no respondía, porque el misterio de su personalidad estaba abierto únicamente a los ojos de la fe. Este silencio disgustó a Pilato: – «¿ A mí no me respondes? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y crucificarte?»

¡Crucifícalo!: Análisis histórico-legal de un deidicio
Javier Olivera Ravasi

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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