Religando (y Construyendo) el Orden Social



Una de las formas políticas de la Ilustración fue el llamado «despotismo ilustrado». Por esto hay que entender un tipo de absolutismo que puso la flamante maquinaria estatal —con sus funciones en permanente e ininterrumpida expansión— prácticamente sin frenos al servicio de la nueva cultura ilustrada. En efecto, se necesitaba un poder enorme para terminar de barrer con viejas costumbres, lealtades, tradiciones y lo que todavía mantenían de poder las iglesias. Era preciso un enorme poder, al mismo tiempo y por la misma razón, para mantener unida y ordenada a la sociedad tras la muerte del control comunitario que ellos mismos debían terminar de sepultar. Luis XVI en Francia, Catalina II en Rusia, Gustavo III en Suecia, Federico II en Prusia o Carlos III en España, son tan solo algunos ejemplos de monarcas que aceptaron el ideario ilustrado entendiendo que el Estado debía hacerse cargo de reformar la sociedad entera conforme a sus dictados. El siglo XVIII, siglo ilustrado por antonomasia, fue, al decir de Zygmunt Bauman, «un siglo de administración, organización, gestión; un siglo en que las costumbres pasaron a ser objetos de la legislación, y un modo de vida se problematizó como cultura».196 Fue, en los términos aquí propuestos, el siglo en el que la batalla cultural terminó de madurar y volverse una realidad palpable y consciente de sí.

Zygmunt Bauman, Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmodernidad y los intelectuales (Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes, 1997), pp. 41-42

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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