Ilustrados iluminados




Los ilustrados constructivistas, probablemente los primeros «jardineros» de la modernidad, dan una batalla de manera consciente. Tienen, sobre todo en Francia, un enemigo claro: la Iglesia y la tradición, representada esta última a menudo en la aristocracia. Cuentan con un proyecto cultural: recambiar los viejos mecanismos culturalmente evolutivos de ordenación tradicional por mecanismos artificiales, políticos sobre la cultura, de ordenación racional. Se hacen de aliados: al principio, al menos, son apoyados por déspotas que ofrecen los mecanismos estatales para reformar la cultura.

Tienen un objetivo: la mente del público que «vive todavía en tinieblas». Por eso las obras ilustradas no están en latín; por eso no escriben simplemente para otros filósofos, sino que se esfuerzan para que sus pensamientos penetren en el público en general. Las «Enciclopedias», tan características de la Ilustración, con las que se procuraba compilar todo el conocimiento disponible (con la a menudo deliberada excepción del conocimiento teológico), son un ejemplo cabal. El movimiento ilustrado, en su batalla cultural, es doble: por un lado, procura terminar de vaciar el sentido de la vida tradicional, mientras que por el otro necesitará brindarle un nuevo contenido. En otras palabras, hacer del hombre una tabula rasa es la precondición para reescribir en él con la facilidad que el terreno allanado otorga a un ingeniero que procura concretar su obra

AGUSTIN LAJE, LA BATALLA CULTURAL REFLEXIONES CRÍTICAS PARA UNA NUEVA DERECHA

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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